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Mirada de un lugareño

Fernando Pérez Madrazo
Blog de Fernando Pérez Madrazo

Ya huele a primavera

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Ya huele a primavera. La naturaleza se despereza del letargo invernal, cambia el austero abrigo que la protege del frío en invierno por un traje verde estampado en intensos colores. Las semillas rompen su envoltorio pariendo los primeros brotes del año. Los inmensos campos de Castilla se visten de verde e inundan de aromas frescos y vivos colores el ambiente

Frio, un frio espeso y sombrío envuelve a estas tierras para rememorar la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo. Las calles se convierten en un magnífico escenario para recrear los momentos cumbres de la pasión del salvador.

 

Quizás nuestro clima adverso, de inviernos fríos y veranos calurosos y secos, nos hace ser a los castellanos personas recias, austeras y  no muy afables pero sinceras. Sin embargo, no cabe la menor duda que estas tierras mesetarias imprimen carácter.

 

Nuestra hermosa piedra dorada, que engalana de forma permanente a nuestra Salamanca, es testigo, desde hace ya unos cuantos siglos, de la representación de las escenas de la pasión de Cristo, llevadas a cabo por los salmantinos.

 

La calle de la Compañía es la gran protagonista de la Semana Santa salmantina, ya lo decía Unamuno que "La ciudad de Salamanca, y en ella muy especialmente, la calle llamada de la Compañía, parece un escenario secular, en piedra de oro, para las representaciones anuales del Drama de la Pasión y Acción de Nuestro Señor, que es el fondo de la historia que no pasa sino queda. En estas representaciones se han re-creado generaciones de salmantinos."

 

Este año hemos podido tener el gran privilegio de recuperar del olvido el Miserere de Doyagüe, obra de este compositor salmantino, como preludio de la Semana de pasión.

 

Viernes de Dolores. Se abren las puertas de la Capilla de la Vera Cruz, comienza el tiempo de la pasión salmantina. Suenan las campanas del templo. Dos sencillos faroles y una cruz guía encabezan el cortejo procesional. Paz y Bien. Una muchedumbre de fieles acompaña a la bellísima talla de Felipe del Corral, la dolorosa de la Vera Cruz. Continúa su discurrir en el mayor silencio posible y las calles quedan impregnadas de incienso. Qué expresividad y qué rostro de peregrina cansada.

 

Hay que destacar la recuperación de la organización y dirección de los desfiles que históricamente le pertenecían a la Vera Cruz y la gran labor de la nueva directiva, encabezada por Antonio Santos, desde aquí mis más sinceras felicitaciones.

 

Acontecida esta procesión queda inaugurado el tiempo de Pascua. Cofradías, hermandades y congregaciones van a caminar por las calles de la capital charra.

 

De repente y porque sí se oye por las calles “Todos por igual, valientes”; “A esta es”. Es como un cerrar de ojos y sentirme en la Calle Sierpes viendo la Macarena sevillana, ¿y esto?, ¿no es posible, estamos en Salamanca? Sí, es posible. ¿Por qué? No lo sé, ¿hemos perdido el norte?

 

Como decía un periodista, diplomático y estadista colombiano, Alberto Lleras Camargo, “Un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir”. No somos capaces de vislumbrar que España es el resultado de una unión de diversos reinos, con una gran riqueza cultural. ¿Por qué perder nuestra identidad?

 

Algunos afirman que en Salamanca no existen unas peculiaridades propias a la hora de celebrar la Semana Santa, porque nuestra bella ciudad es muy “internacional” fruto de la condición de ciudad universitaria.

 

Tengo que discrepar, debo discrepar. Este argumento citado anteriormente NO es cierto. Como estudiante de la Universidad de Salamanca puedo dar fe que los jóvenes que vienen a nuestra ciudad a estudiar NO se involucran en las tradiciones y costumbres de nuestra ciudad. Los que me leáis habréis podido comprobar cuáles son los temas de preocupación de la población universitaria de Salamanca.

 

Hablando de internacionalidad y de ciudad abierta como dicen algunos sin saber por qué, ¿no será esto más lógico de Sevilla, una cuidad de unos 700.000 habitantes, una de las más grandes de España y de las más internacionales de nuestro país? Pero sin embargo, en Sevilla no hay “castellanización” ni otra tradición que no sea la suya. Curioso.

 

Y digo yo, ¿no será más bien que gente desconocedora de nuestras tradiciones y costumbres o que conociéndolas poco le importa o nada?

 

Yo me decanto más por esta última idea, debido a que este criterio de la “internacionalidad”  hasta ahora no lo he visto nunca, como prueba de ello es la fundación de la última hermandad de Salamanca, la de Jesús Despojado, sus fundadores son salmantinos conmovidos por esos aires del sur.

 

Es curioso escuchar también testimonios tales como que la Semana Santa de Salamanca tiene que modernizarse e innovar. Copiar no es modernizar ni cambiar de aires, esto denota muy poco conocimiento y respeto. Sí, respeto. Me parece mentira que tengamos que tolerar que formas ajenas a nuestra forma de vivir y sentir la fe tengan que apropiarse de nuestra ciudad para ir poco a poco extinguiendo nuestro pasado y lo que en realidad somos, porque sin lo precedente no somos nada.

 

Un grave error de nuestra Semana Santa es la total y absoluta desvinculación con la cultura. ¿En manos de quiénes dejamos las decisiones relativas a ella? No sabemos o no queremos vincular la estética de la Semana Santa con nuestra ciudad, ¿qué hacemos pasar por la calle de la Compañía? Lo menos es más, ¿cuándo nos daremos cuenta de ello?

 

Por tanto, ¿qué sentido tiene para nosotros la Semana Santa? En nuestra identidad castellana, representamos escenas de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo mediante la tradición como vehículo de transmisión de la fe. Ni más ni menos.

 

Dejemos las copias que no son más que una mala imitación y llamo encarecidamente al sentido común y a la autenticidad de nuestros actos, no nos disfracemos de andaluces mal imitando su jerga. ¿Acaso no hay motivos para estar orgullosos de nuestra tierra?

 

¿Por qué otras Semana Santas triunfan? Porque buscan o intentan buscar su esencia sin miramientos a lo que ocurre en el exterior, póngase el ejemplo de Zamora. De seguir por este camino de despropósitos sólo nos conducirá a la insignificancia y vulgaridad.

 

Al igual que “La cara es el espejo del alma”, espero y deseo que todos nos demos cuenta del enorme valor de nuestra cultura y que nuestras procesiones sean el espejo de nuestra forma de ser y profesar nuestra fe.

 

Para concluir espero haberos hecho reflexionar acerca del tema, de no ser así os recomiendo que asistáis el Viernes de Dolores y el Lunes Santo a las sencillas y emotivas procesiones que organiza la Vera Cruz. Una imagen vale más que mil palabras.

 

Que tengáis una buena semana y hasta el próximo martes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Castellano 20/03/2013 23:55 #2
Muy bien expresado, si señor.
Salmantino 19/03/2013 13:27 #1
Cuanta razón tienes, ojalá nuestra Semana Santa fuera sencilla y auténtica. Me ha gustado mucho todo lo que expones.

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