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Mirada de un lugareño

Fernando Pérez Madrazo
Blog de Fernando Pérez Madrazo

¿Tenemos lo que merecemos?

Hoy día muchos jóvenes viven adormecidos por la propaganda de los medios de la comunicación social. Son víctimas del empobrecimiento y de la marginación social, de la falta de empleo, de una educación que no responde a las exigencias de la vida, del alcoholismo. Pero sobre todo de la ausencia de personalidad e inquietud por las cosas.

La juventud cuestiona todo, tiene un espíritu de riesgo. Está cargada de interrogantes vitales y presenta el desafío de tener un proyecto de vida. Un proyecto que dé sentido a su vida.

 

Vivimos en una sociedad que aduce la riqueza, el poder y el placer como el mejor camino para “Vivir la Vida”.

 

La vida es corta, sí, pero puede ser intensa o trivial. Puede servir como ejemplo el que aparece en la película American Gangster, “En este mundo eres lo que eres, y se puede ser dos cosas, o eres alguien o no eres nadie”. Verdaderamente este debería ser el emblema que debe presidir, especialmente, a todo joven y en general a cualquier ser humano que tenga cierta coherencia. Vivir una vida corta pero intensa.

 

También son destacables los valores que propugna la película citada en su personaje Frank, el cual demuestra que no olvida sus orígenes y ejerce su liderazgo desde la humildad, sin querer atraer el protagonismo ni grandes elogios por su éxito.

 

El informe Jóvenes españoles 2010 de la Fundación Santamaría muestra cómo más de uno de cada tres jóvenes considera que “por muchos esfuerzos que uno haga en la vida nunca se consigue lo que se desea”. El 56 por ciento opina que “la política no tiene nada que ver conmigo” y tan solo el 15 por ciento colabora como voluntario o pertenece a algún tipo de organización, ya sea cultural, deportiva o juvenil, siendo este el porcentaje más bajo de toda Europa. ¿A qué se debe este pasotismo? Según el profesor Juan González-Anleo, catedrático de Sociología y uno de los autores del informe, la razón más importante es que lo han heredado de las generaciones precedentes, ya que si se compara la tasa de participación de los adultos españoles con la del resto de ciudadanos europeos, se descubre que los españoles son también los menos comprometidos de la sociedad.

 

El estudio revela además que el primer motivo que impulsa a los españoles de entre 15 y 30 años a formarse es el obtener un título con el que andar por la vida. La satisfacción personal o el llegar a ser útil en la sociedad, son razones que se encuentran muy por debajo del objetivo de conseguir un trabajo y ganar dinero.

 

Ante esta problemática social de la falta de interés por las cosas y ausencia de personalidad, sin embargo, hay jóvenes que tienen las ideas muy claras: aspiran a ser políticos profesionales.

 

Es triste, lamentable ver cómo el futuro de una sociedad, la nuestra, se encuentra en esta tesitura. El problema juvenil del “pasotismo” junto con la idea de “poderío político y social” de determinados jóvenes que pretenden subyugar a las marionetas, todos aquellos jóvenes que carecen de voluntad e interés.

 

Ir trepando para encaramarse en lo alto de la montaña para lucrarse personalmente y por si fuera poco toda una vida, que se dice pronto pero es contundente. Bien es cierto que las generalizaciones no son buenas, pero un elevado número de jóvenes políticos sí.

 

Sí, también en nuestra Salamanca pasa y quizás más de lo que nosotros creemos. Todo ello me hace que pensar, reflexionar y mucho.

 

¿Qué ha pasado con el cargo “honorífico” que era detentar la alcaldía de una ciudad?

 

La crisis de la clase política está afectando al resto de instituciones porque todo se ha politizado. Y hay instituciones, como la justicia, que deberían estar al margen de la política.

 

¿Qué ocurre en la sociedad?

 

No cabe duda, que es poco ejemplar y eficaz la sociedad adulta. Aumenta la hipocresía y la superficialidad y, naturalmente, como reflejo de la misma gran parte de la juventud se hace más superficial; y poco a poco va naciendo la apatía por cualquier ideal.

 

No podemos educar a los jóvenes sin que previamente haya una responsabilidad y ayuda por parte de la sociedad adulta.

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