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Maternando

Loreto Cibanal
Método Estivill

La violencia doméstica

Todos los adultos afirmamos estar en contra del maltrato infantil y así es cuando hablamos de niños gravemente golpeados, con señales e incluso ingresos hospitalarios. Sin embargo hay otro maltrato ante el que no nos mostramos tan tajantes.

Hace apenas unos días volví a escuchar, en una comida de personas ‘normales’ con formación universitaria, trabajos dignos y buena posición sociocultural, vaya, aquella famosa frase: “… un bofetón de vez en cuando no hace daño, a nosotros mi padre nos daba con la zapatilla cuando la preparábamos y aquí estamos todos los hermanos tan normales…”; supongo que esta frase, o parecida, la habréis escuchado todos en varias ocasiones.

No se si esa frase la decimos para justificar a nuestros padres, para justificar lo que pudiéramos estar haciendo nosotros ahora con nuestros hijos o para afirmar que nosotros somos ‘normales’ y no tenemos ningún ‘trauma’.

Bueno pues puede que no tengamos traumas a pesar de haber recibido más de un bofetón, zapatillazo o cualquier otro tipo de golpe, pero eso no justifica que se sea correcto y mucho menos que nosotros repitamos la conducta.

Luego estamos los que no somos capaces de pronunciar esa frase y deseamos criar a nuestros hijos sin azotes cambiando la crianza que recibimos por otra más respetuosa y empática; pero que en los momentos de estrés a veces ‘perdemos los papeles’, damos algún que otro grito, utilizamos alguna de las famosísimas frases: “porque sí y punto”, “porque te lo digo yo” o “porque soy tu padre/madre y mando aquí” e incluso se nos ha escapado la mano y luego hemos sufrido por no haber sido capaces de controlar la situación y hemos ido aprendiendo a controlar nuestra ira y a no actuar con nuestros hijos como no lo haríamos con otro adulto.

He de decir que hay muchos niños, de los de antes y de los de ahora, que no han recibido nunca un golpe pero que son insultados y/o etiquetados como desastres, inútiles, bobos, vagos, llorones, quejicas, etc. por sus padres, maestros y otros adultos con los que se relacionan. Esto también es maltrato y a veces, aunque no en la piel, deja mucha más marca de un cachete; ¡cuántos adultos aún llevamos esa marca en nuestro interior!

Cualquier maltrato sobre un niño no tiene justificación y además no es más que una evidencia de la vileza humana que descarga una frustración propia sobre un niño, porque no olvidemos que la mayor parte de las veces por no decir todas el motivo es el sentimiento de frustración por no conseguir que el otro, en este caso el niño, no haya hecho lo que nosotros decimos o como nosotros decimos. Sin embargo si ese otro es alguien a quien consideramos ‘un igual’, es decir otro adulto, no se nos ocurre golpearle.

Lo que subyace de este tipo de conductas es que consideramos a los niños como seres inferiores, que no merecen el mismo respeto que un adulto, pero lo disfrazamos con la palabra EDUCACIÓN, pues ¡mire no! los humanos como nuestros parientes los simios aprendemos por imitación y si queremos que un niño nos ‘obedezca’ o haga lo que según hemos decidido los adultos, a veces de forma muy arbitraria, es correcto, hagámoslo nosotros y además verbalicémoslo, y nuestros niños lo harán, pero si decimos a los niños que no griten, gritando, que no peguen, pegando ¿qué les estamos transmitiendo?.

El que haya escrito hoy sobre este tema de forma bastante improvisada ha sido porque ayer llegó a mi el siguiente vídeo que aunque está en francés se entiende perfectamente, espero que os guste pero sobretodo que os haga reflexionar un poquito como a mí:

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