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La mirada de Woody

Woody García Llorente

Un país de pícaros

Vivimos en una sociedad que exige demasiado. Nos compromete a un tipo de vida nada saludable, y además conlleva todo lo contrario.Lo mas curioso es que la sociedad la formamos todos y es inaudito que no nos demos cuenta de los tremendos errores que cometemos con nuestras acciones sistemáticas. La salud óptima de un ser humano, es lo contrario a nuestros hábitos de vida. Pero eso parece ser secundario para nosotros, pues lo único que vemos es mas allá de lo que en realidad necesitamos, dejando de ser nosotros mismos y actuando incorrectamente de forma constante.

Esta es una autocrítica plural, extendida a los que conformamos esta sociedad, no particularizando en nadie concreto. La gran mayoría tenemos ese comportamiento impulsivo de no valorar lo que se tiene y desear lo que no. Es un mal común muy extendido entre los terrestres.

Creamos competencias y conflictos, consiguiendo al final que por lo que luchamos carezca realmente de toda lógica, dejando además de lado muchos de nuestros principios que a la postre son por lo que nos vanagloriamos públicamente de luchar en vida.

Estos años nos hemos embaucado sin meditar si nos era prioritario o necesario en una batalla en la que no podía faltar... tener un buen coche, una buena casa, unas vacaciones más que dignas, unos niños repletos de juguetes, ropas y un sin fin de objetos innecesarios a su alrededor que no les aportan nada. Además con ese comportamiento les estamos introduciendo en esta espiral odiosa de la que nosotros ya no sabemos salir.Esta es la realidad social actual... hipocresía, intolerancia, injusticia, envidia... de la cual somos cómplices al máximo exponente.

Como dice mi primo Juanpa "Somos un país de pícaros". Yo siempre le expongo a el como ejemplo de bondad, ayuda y tolerancia al pueblo. En estos momentos, tenemos que tratar de visualizar qué queremos en realidad en nuestras vidas, valorando con objetividad lo que ciertamente nos interesa.Por supuesto que estos años de bonanza económica no han ayudado en casi nada a un pueblo español, que se ha intoxicado de bienestar, y al que ahora le está pasando factura tanto desenfreno absurdo, como equívoco.

Cuando las cosas no nos vienen de cara hay que ponerse el mono de trabajo, para eso España es también un país que siempre demuestra que sabe estar a las duras y las maduras. Ahora toca rectificar, a ver si el cambio (en todos los sentidos) viene pronto y bien ....

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