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La mirada de Woody

Woody García Llorente

Antes de un sueño...

 
Es ya media noche, el cielo denota el intenso frío que nos enternece la piel a los abulenses, que empezamos a sentir esa gélida temperatura tan tradicional en esta tierra.

Yo estoy en mi cama, agotando un viernes de otoño en el que me invaden tantísimos recuerdos... No porque la fecha tenga un significado puntual, sino porque estos momentos en los que meditas solo, rodeado de tantos argumentos típicos en tu vida, te recrean, te envuelven, te enmudecen por momentos.

A lo lejos puedo divisar ya otras navidades, y es que la vida según va pasando se revoluciona, todo transcurre más deprisa, cada día es mas corto, cada temporada, todo sucede en un instante y el presagio es que siempre va a ser así, y cuanto más avance el tiempo, más has de revivir el pasado. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Me arropo enrollandome en las sábanas mientras imagino cuanta gente estará ahora en la calle pasando calamidades, de repente me estremezco, desde niño he pensado en esta situación, y quizás no haya hecho nunca lo suficiente por remediarlo. ¿Somos afortunados de tener un techo, o desgraciados de permitir que otros no le tengan?
Puedo oír el silencio en mi habitación, ¿nunca lo han escuchado?, el silencio parece cómplice a la carencia de respuestas a mis preguntas, a la sin razón.

Me he ausentado unos minutos para beber un vaso de agua y fumar un cigarrillo, y creo que ya va siendo hora de encender la calefacción, ¡que frío tan seco! Aunque también venía pensando que es necesario no tener todo lo que deseamos para humanizarnos más, en otras palabras, hay que saber sufrir para valorar, y quizás un poco de frío no me venga mal a mi tampoco.

Mis padres me inculcaron desde niño una serie de valores que de no ser por ellos, quizás hoy no apreciaría muchas de las cosas que por suerte valoro. Un padre tiene en sus hijos la prolongación de su felicidad, y sólo así esta puede ser eterna.

Mañana es día de trabajo, así que va siendo hora de despedir al viernes, para madrugar en un sábado que espero me haga sentir tan afortunado como me he sentido hoy. Espero que esa fortuna se reparta equitativamente por todos los rincones del planeta y muchas más personas en el mundo puedan comenzar un mañana mejor.

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