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La Mala María

María Sáez

Ocho horas (o más) codo a codo con tu enemigo

¿Quién no se ha sentido alguna vez acechado en el trabajo?¿Quién no ha notado como una mirada se le clavaba en la espalda o directamente apuntaba, con muy mala intención, a su cabeza en el horario laboral?
Y es que el mobbing en el trabajo no siempre es efectuado por ese jefe o jefa malvado. En muchas ocasiones son los propios compañeros los que se encargan de hacerte la vida imposible.

Por desgracia soy una de esas pesonas que lo ha experimentado.

Imagínate lo que es llegar a una ciudad en la que no conoces absolutamente a nadie, en la que tu único contacto social es con los compañeros de trabajo, y que cuando llegas a tu puesto, sin haber tenido ningún roce con ellos (pues ni tan siquiera los conocías), te hacen el más enorme de los vacíos.

Pero ese vacío no es lo peor, porque mientras no te hablen o ladren, no muerden. Los problemas surgen cuando al saludar cordialmente a la entrada recibes por respuesta una revisión asesina de pies a cabeza y un resoplido. Cuando descuelgas el teléfono para hacer una llamada y todos los ojos inquisidores se dirigen a ti; cuando notas que por detrás de tu silla constantemente merodea alguien para ver qué hay en tu pantalla del ordenador; cuando teneís un viaje juntos de trabajo y te dejan tirada; cuando salen a desayunar y nunca te invitan a acompañarles; cuando llegas a una reunión y en vez de tu nombre escuchas como presentación un descalificativo o mote que muy “amablemente te han dedicado” tus compañeros.

Al frente de este acoso siempre hay un cabecilla que es quien dirige la batuta. Un puesto intermedio que no es tu jefe pero sí el de los demás y ejerce sobre ellos un poder más oscuro que el de Mordor.

No te dan ni siquiera la oportunidad de conocerte. Porque es cierto que no le tienes que caer bien a todo el mundo, pero tampoco mal ¿no?, y menos aún cuando no se han molestado en cruzar tres palabras contigo.

Vivir en este "habitat" es un auténtico suplicio, pasamos más horas en el trabajo que con nuestros seres queridos y si te toca vivir una situación así todos los días, acabas demoronándote.

Siempre se ha de ser respetuoso con los compañeros, pero nunca dejar que te pisen la cabeza. Al primer síntoma de “rechazo con inquina” ponle freno, no esperes ni un segundo, pues si dejas pasar una, dejas pasar todas.

El mundo laboral es una selva dominada por celos y envidias, no entres en el juego, mantente al margen y triunfarás.

La Mala

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