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La cuarentena

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Blog de Inda Jaus

Centro Niemeyer. DEP.

Ayer un grupo de trabajadores han recogido sus mesas entre lágrimas. Han preparado carpetas y carpetas de dossieres pendientes que entregarán a algún desconocido mientras aprietan los dientes. Los trabajadores de la cultura deberían estar en la misma categoría laboral que los sparrings de boxeo. De hecho, puede que así sea. Cualquier acémila metida en política puede aterrizar y desbaratar el mejor de los proyectos culturales sin despeinarse, como un mono con una bomba, oiga. Es como si los disparates en materia de cultura nunca tuvieran consecuencias graves. Y las tienen, vaya que sí. Las penúltimas víctimas de esta estulticia endemoniada han preparado sus petates. En Brasil dicen que llora un anciano.
En Salamanca esta situación es como un déjà vu de los chungos. Sí, estoy pensando en los trabajadores de las fundaciones culturales que fueron despedidos en 2003. En aquellas imágenes que vimos en la prensa de un grupo de personas, hasta entonces desconocidas, que se abrazaban a las puertas del CASA o del Liceo. También recuerdo la factura que aquello le pasó a la ciudad; no sólo la económica, si no la del desprestigio en el que se vio sumida de la noche a la mañana. En fin.

Hoy le ha tocado a Avilés. La hermana fea de Gijón y Oviedo. La ciudad que fuera el basurero de ENSIDESA durante décadas, igual que Bilbao lo fuera de Altos Hornos. Y, siguiendo el ejemplo de la vasca, en Avilés se creyeron que un gran proyecto cultural de apellido alemán iba a situarles en otro sector económico. También se lo creyó el más marxista de los arquitectos, que puso su nombre, filosofía y talento en la creación de un extraordinario continente cultural que deslumbra a propios y extraños, que ha iluminado esa ría. Repasando esta frase… tal vez sea la última vez que pueda llamar así a este recinto. La marca “Niemeyer”, valorada en más de 80 millones de euros, no está al alcance de cualquier administración, y menos en los tiempos que corren. Tampoco creo que a los políticos implicados en este dislate les importe demasiado. Esto parece una pelea de gallos. Por la ferocidad, sí, pero también por la catadura intelectual de las partes en contienda. Y no digamos su catadura moral, porque van a dilapidar un valiosísimo nombre que le fue regalado a la ciudad, que no les pertenece, que es de los avilesinos y de quien los visita. ¿Qué nombre le habrán pensado para el futuro? ¿Acaso ”Centro Marlborough Avilés”? Álvarez Cascos metido en harina cultural… vivir para ver…

En Brasil un anciano que cumple 104 lúcidos años estará atónito y triste. El constructor de Brasilia diseñó el centro que lleva su nombre para uso y disfrute de los ciudadanos, en una ciudad de alma proletaria e inquieta. Como la suya. Lo siento mucho, abuelo. Con la política electoral española has topado. Sí, electoral. Porque la cultura, una vez más, se ha visto abocada a ser el brazo tonto de la política.

inda.jaus.tribu@gmail.com

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