Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Patriotismo mercantil y memoria histórica

Coincidiendo con la visita a Estados Unidos del Rey y Rajoy para mejorar la imagen de España, se ha publicado un amplio reportaje en The New York Times sobre la situación socio-económica española, con datos e imágenes que reflejan una España empobrecida en blanco y negro que muchos creían ya desaparecida como algo del pasado y que ha generado una interesante polémica, primero, sobre la oportunidad y eficacia del encuentro previo del Rey con responsables de ese mismo diario, pero, segundo y también, sobre €œcómo nos ven€ a los españoles fuera de España.

Lo cierto es que el citado reportaje, cuya galería de imágenes puede verse sin dificultad, ha frustrado el objetivo previsto en ese viaje de potenciar y mejorar la €œmarca España€ fuera de nuestras fronteras. No dudo de las ventajas económicas que reportan una buena €œimagen de marca€, pero la confusión que va extendiéndose entre un país con su marca comercial, es decir, la sustitución creciente de las expresiones €œEspaña€ o €œestado español€ por €œmarca España€ me preocupan, no tanto por lo inadecuado de esta metonimia, cuanto por lo que implica de mercantilización de todo, incluido una institución tan poco mercantil como es el estado y de sentimientos identitarios profundos que terminan convirtiéndose también en mercantiles, como el propio patriotismo.

Ya hablamos en otra ocasión del patriotismo militar o guerrero, al que contraponíamos el patriotismo y la valentía civil, por no hablar de la preferencia clara del patriotismo constitucional frente al patriotismo telúrico e instintivo, pero este nuevo patriotismo mercantil no está exento tampoco de exigencias más que discutibles. Para muchos no estaría mal la sustitución de ese patriotismo irracional, esencial y profundo por este nuevo patriotismo aparentemente más light y superficial como es el patriotismo de la marca. Pero no podemos llevarnos a error.

Lo sorprendente de las distintas reacciones ante el reportaje del New York Times es que todas coincidían en que esa imagen, parcial seguramente, perjudicaba la imagen de la España como marca, no tanto que fuese verdadera o no. Porque nadie ha podido negar los datos que se recogían en el citado reportaje, casi todos procedentes de informes de Caritas Española. Por tanto, este patriotismo mercantil no puede entenderse en las contraposiciones más metafísicas profundo/superficial, esencia/apariencia, ni tampoco en la más lógica verdadero/falso, sino en las de la lógica del poder (aunque quizás las anteriores también lo sean) que manipula, oculta y reprime todo lo que no le conviene o le interesa. Por eso, nadie niega que la crisis ha llevado a la pobreza a más de un cuarto de la población española, pero lo importante para la €œmarca España€ en su política de imagen es que esa realidad quede debajo de la alfombra, no salga fuera, se oculte deliberadamente para que no se vea.

Y la misma estrategia de la €œmarca España€ que exige retirar de la calle y de la vista a los pobres (no para resolverles su problema, bien entendido, sino para sepultarlos) es la misma que utiliza este €œpatriotismo mercantil€ que ahora denunciamos, que exige también mentir, difamar, desalojar, dispersar y reprimir €œde forma violenta si es necesario€ toda protesta callejera, porque perjudican sin ninguna duda a la €œmarca España€.

Así que, es absolutamente necesario desenmascarar estas exigencias represivas y manipuladoras de la imagen de la €œmarca España€, para devolvernos a las exigencias de legitimidad y justicia del estado constitucional y democrático de España, enfrentar al poder, no con la falsa realidad de la imagen de España, sino con la realidad ocultada de España.

Así, por fin, este domingo pasado se ha descubierto la verdadera placa que se ocultaba en la anterior €œPlaza del profesor Casto Prieto€ que es nada más y nada menos que €œPlaza del Alcalde Casto Prieto€ y la corporación municipal de Salamanca en pleno ha rendido homenaje a Casto Prieto como alcalde, que no solo profesor, y a tres ediles más, víctimas de la represión de la Guerra Civil. Sin embargo, en el discurso del actual alcalde, Alfonso Fernández Mañueco, no se mencionó por su nombre verdadero el €œasesinato€, que no la €œmuerte€ de estos representantes públicos, ni la legitimidad democrática por la que murieron, que era la republicana. No obstante, es un avance. Es justo que se reconozca a las víctimas, pero, como acertadamente señaló Severiano Delgado, presidente de la Asociación por la Memoria y la Justicia de Salamanca, es justo también retirar los honores a quienes las provocaron, y ni los honores ni el medallón de Franco en la Plaza Mayor tienen ya cabida en la democracia española, que no la marca España.

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