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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

¿Para cuánto da una mayoría absoluta?

El PP consiguió un total de 186 diputados en las elecciones generales de 2011 con un 44,62% de los votos, lo que significa, de acuerdo con la ley electoral española, la mayoría absoluta.

Sin embargo, la mayoría absoluta en cualquier sistema democrático no significa ni puede significar un respaldo mayoritario ni autoriza a gobernar a golpe de decreto-ley sin la búsqueda de mayores respaldos parlamentarios. Como suelo decir, la mayoría absoluta, incluso la conseguida con más del 44% de los votos, no es más que la minoría mayoritaria, es decir, que los votos directos al PP no representan ni tan siquiera el 31% de los electores, lo que constituye, sin duda, un amplio respaldo, pero también, y no conviene olvidarlo nunca, que cerca del 70% de la población no les concedió su apoyo. Por eso, la mayoría absoluta que permite la regla de la mayoría en democracia no debe olvidar nunca a las otras minorías.

 

En contraste, los resultados de las recientes elecciones italianas constituyen un rompecabezas de minorías que dificulta un acuerdo sólido que permita gobernar. Pero, además de la complejidad del sistema electoral, de la peculiaridad política que representan Berlusconi y Grillo, lo cierto es que el candidato oficial de la Unión Europea, quien representaba las políticas de ajuste duro exigidas por Bruselas, ha conseguido poco más del 10,5% de los votos. Se ha hundido. Como se volvió a hundir la bolsa y volvió a elevar la prima de riesgo. Sin duda alguna, este resultado no es el que le gusta a los mercados, ni a la Comisión Europea, ni al Presidente de la Eurocámara. Es lo que tienen las elecciones,  la incertidumbre democrática, que no siempre sale “lo que tiene que salir”. Habrá quienes no quieran verlo en la clave política más patente: el contundente rechazo a las políticas de recorte, el indudable rechazo a un sistema parlamentario rígido que no logra representar ni dar respuesta a las necesidades y decisiones de la ciudadanía y un cuestionamiento de base de las políticas europeas. No importa. Quizá todo el análisis quede diluido en nuevas convocatorias hasta que por fin se obtenga un resultado que satisfaga a los mercados. Si ya la “solución Monti” burló las decisiones democráticas, los “indebidos” resultados electorales de ahora convierten a Italia en un laboratorio europeo, en el que la democracia tal como la hemos conocido, el estado social y la comunidad europea se la jueguen. Habrá que estar atentos.

 

Pero, por si acaso, Rajoy se ha desmarcado claramente, presumiendo de la estabilidad parlamentaria que le proporciona su mayoría absoluta. Hasta ahora la mayoría absoluta le ha servido para ningunear al Parlamento, para “cumplir con su deber” que, por arte de magia de esta nueva y revolucionaria concepción moral y política, significa ahora “traicionar” e incumplir las promesas electorales con las que concurrió y ganó las elecciones, aplicar unas políticas económicas (reforma laboral, rescate a la banca y recortes brutales en servicios sociales) que hasta ahora no han dado otro resultado que profundizar la recesión y el empobrecimiento de la mayoría social y beneficiar a los “cuñados”. Pero, si ya todo esto resulta insoportable y rebasa con creces lo que posibilita una mayoría absoluta, de verdad, ¿tenemos todavía que soportar este bochornoso espectáculo de Cospedal y Floriano tratando de justificar lo injustificable y “disolver” el problema de la corrupción con declaraciones de la renta? Si alguien pudo “descuidar” más de 38 millones de euros de los ingresos del PP y permitir sobresueldos en negro, blanco o en colores, y podía ganar lo suficiente para que el Tribunal de Cuentas diera por buena su gestión, de verdad, ¿alguien cree que con la presentación de las declaraciones de la renta y de bienes de los principales cargos públicos puede hacerse transparente la contabilidad de Bárcenas?

 

El problema de la transparencia en democracia no se resuelve solo con la declaración de bienes, no es un problema solo de “honestidad moral”, que también.  Es un problema político, no basta con decir que no tienes nada que ocultar: la mayoría debe proporcionar a sus adversarios políticos, es decir, a las minorías no mayoritarias que constituyen la oposición, los recursos y los instrumentos que permitan conocer, investigar y controlar la acción de gobierno de la mayoría, para que así puedan descubrir los trapos sucios y denunciarlos si llega el caso. Por eso, celebro que Miguel Flores, concejal de IU en Béjar, haya conseguido un despacho (no privado, sino público) con medios para realizar su labor de oposición, aunque haya sido por una sentencia judicial, porque lo garantiza no sólo para él, sino para cualquier grupo político. Para eso tiene que dar la mayoría, para garantizar la actividad política de las minorías. Por aquí empieza la transparencia y la regeneración democráticas.

 

lanomalia.blog@gmail.com

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