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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

La imposición, la ruindad y el absurdo

Este próximo jueves día 10 se presentará para su aprobación en el Congreso de los Diputados la nueva reforma educativa del PP, la LOMCE, Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, que ya lo dice todo, un “neolingüismo” incomprensible, que vuelve a hacer verdadero el refrán “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Resulta curioso cuando menos que hayamos terminado aceptando resignados que baste una mayoría parlamentaria para modificar a su capricho el sistema educativo. Con Ángel Gabilondo, nos habíamos situado en la perspectiva contraria, que creo que sigue siendo la compartida por una amplia mayoría social, la de lograr un pacto amplio por la educación, la única que podría y puede romper la perversa dinámica de que cada gobierno cambie la educación para dejar su sello ideológico y tengamos el bochornoso honor de ser el país con más cambios educativos en los últimos 50 años. Pero, abandonada por “demasiado ambiciosa e idealista” la perspectiva del pacto (no en vano Gabilondo es profesor de metafísica), quedaba al menos la de la negociación. Pero, con la perversión bipartidista incrustada hasta la médula en la democracia española, aquí no se cede a la negociación más que en la coyuntura de la debilidad, nunca como signo la grandeza. Así que, con las negociaciones rotas y la amenaza creíble de que la LOMCE será la primera ley en derogarse cuando haya cambio de gobierno, la comunidad educativa se prepara a sufrir otra nueva ley, con fecha de caducidad ya vencida.

 

Pero, además, el ministro ha protagonizado recientemente un espectáculo en el que la chulería se confunde con la ruindad. Interpelado en el parlamento por la situación a la que están llevando a muchas familias los recortes en educación: empezando por la desnutrición, o simplemente hambre (lo que ha llevado a algunas comunidades a asegurar la comida en los colegios), las dificultades para hacer frente a los gastos de inicio de curso que afectan a cada vez más familias, las becas de libros sustituidas por programas de intercambio, la necesidad de pagar o “repagar” por programas como madrugadores (y ahora ya sin apenas exenciones), la supresión de programas de atención a la diversidad o su reducción a mero testimonio, el aumento de la jornada lectiva de los profesores, la reducción de la asignación para el mantenimiento de los centros (con lo que ello implica de reducción de actividades extraescolares, material escolar e incluso de calefacción), reducción de becas y aumento de los requisitos para conseguirla (lo que ha generado incertidumbre, incapacidad de afrontar el coste de la matrícula y el consiguiente abandono de estudios), eliminación de becas de movilidad, reducción de las plantillas de profesores en todos los niveles y un largo etcétera, que este ministro considera todavía que “mejoran la calidad”, después de todo esto, digo, el señor ministro se volvió altivo a su interpelante, diciéndole que exageraba y la desafió a que le mostrase alguna de esas familias de las que hablaba. Me recordó a Groucho diciendo aquello de “¡que me traigan un niño de cinco años!”, pero la situación no estaba para chistes. Se puede caer más bajo, pero no llego a ver cómo.

 

Por último, estamos asistiendo en estas semanas en Salamanca, pero me imagino que ocurrirá igual en el resto de España a situaciones absurdas. Como consecuencia de la aplicación de las Medidas urgentes de racionalización del gasto, se establece un número mínimo de alumnos para que los centros puedan impartir enseñanzas. Así, se han denegado programas de diversificación, trasladando a los alumnos a otros centros (un derecho queda de nuevo sujeto a disponibilida); eliminado modalidades de bachillerato (la de Humanidades, por ejemplo en el IES Martínez Uribarri, de Salamanca); o eliminando materias de modalidad (como en el IES Senara, de Babilafuente, que ha salido en prensa, el IES Tomás y Valiente, de Peñaranda o el IES Fray Diego Tadeo, de Ciudad Rodrigo). Con el curso ya empezado, ahora se les ofrece a los alumnos el traslado a otro centro o que puedan cursar esas materias en la modalidad de Bachillerato a distancia. Para reducir gastos, se les dice. Pero lo curioso es que las plantillas y los horarios ya estaban hechos y se contemplaba que los profesores diesen esas materias, con lo que esta medida que provoca tantos trastornos a las familias y a los alumnos, no significará en la práctica ningún ahorro. Un caso más de ese exceso de celo de los cargos intermedios para “hacer méritos” o , lo que es peor, de marcar a fuego para que no se olvide, no la ley, sino “quién manda aquí”.

 

En fin, lo dejo. porque me estoy convirtiendo sin darme cuenta en alguien que, cegado por sus intereses particulares, es incapaz de ver lo general o, peor aún, en un pancatalanista encubierto. Que todo eso hay que oír.

lanomalia.blog@gmail.com

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