Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

La culpa y la vergüenza

La realidad a veces es muy mostrenca y no se deja doblegar fácilmente por estudiadas consignas políticas. Le ocurrió a Zapatero cuando decidió hablar de desaceleración hasta que le estalló una monumental crisis. Así, después de haber apostado fuerte todos los políticos en el poder por hablar de austeridad, frente a restricciones, de equilibrio frente a rigor presupuestario, de ajustes frente a recortes, al final ha terminado imponiéndose la cruda realidad y ahora ya todos hablamos sin vacilar de recortes.
Y no sólo hablamos, sino que somos muchos los ciudadanos los que los sufrimos, porque, si antes fue el gobierno central, son ahora las distintas CCAA quienes los han puesto en práctica. Porque los recortes pueden hacerse por activa, bien porque se cierren centros hospitalarios, se amorticen plazas, se deje de contratar, se retrasen los pagos a empresas, se suba la carga lectiva de los profesores, etc. o por pasiva, porque se dejen de pagar subvenciones o simplemente se retrasen, se fusionen entidades, aumente el número de alumnos por aula, o bajen “sorprendentemente” el número de ingresos en un hospital.

Son las noticias que se suceden a diario y que a todos nos preocupan. Ya nadie lo discute, hemos entrado en una época de recortes sin que veamos el fin.

Y, además del miedo, la inseguridad y la resignación, muchos ciudadanos empiezan a sentirse culpables. La cantinela de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” se ha convertido en un mantra que repiten incluso quienes nunca tuvieron nada y ahora han visto incluso empeorar su situación. De esta forma, no hemos sido capaces de tapar la crisis, ni esconder los recortes bajo el eufemismo de la austeridad, pero sí que hemos conseguido culpabilizar de la crisis a las propias víctimas. Todos reflexionan, a la vista de su situación actual, sobre sus errores del pasado.

No debieron aspirar a tener una vivienda, ni un coche ni confiar en tener un empleo estable y duradero que les permitiese afrontar el pago de los créditos en los que se embarcaron, siempre sabiamente aconsejados por los bancos. Y, si hacemos la reflexión más amplia, algunos piensan que deberíamos despertar definitivamente del sueño de un estado social y de derecho, por no decir estado de bienestar.

Según parece, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y no podemos aspirar a una educación pública gratuita y de calidad, ni tampoco a una sanidad universal, y no gratuita como se dice, sino con cargo a nuestros impuestos, ni a un sistema de pensiones público, ni a unos servicios sociales que puedan protegernos, ni a unos derechos laborales y económicos básicos. Eso se ha acabado, nos dicen. Ha sido una excepción, que haremos bien en olvidar cuanto antes para afrontar la realidad. Eso nos dicen algunos políticos que han perdido la vergüenza, que han olvidado que sólo están para gestionar los recursos con los que garantizar los derechos que nos hemos democráticamente otorgado y no para recortarlos.

Pero, ¿de verdad “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”? Y, sobre todo, ¿quiénes han vivido por encima de sus posibilidades? No desde luego los ciudadanos que hemos sabido y sabemos priorizar nuestras necesidades y nuestras aspiraciones, y que hemos construido democráticamente un estado social que las garantizase. No desde luego los ciudadanos que no hemos hecho otra cosa que trabajar honradamente en un puesto de trabajo por un salario digno. Han sido otros quienes han vivido por encima de sus posibilidades, quienes nos han arrastrado a esta situación en su insaciable deseo de tener más y quienes son los verdaderos culpables.

Y son los mismos que nos dicen que el sistema público de salud y las pensiones son insostenibles, que no tenemos recursos para mantener la ley de dependencia, que hay que flexibilizar el mercado laboral, mientras ellos se aseguran desde su situación de privilegio un contrato blindado, con indemnizaciones millonarias y con pensiones de entre 6 y 7 cifras anuales. Esta semana hemos conocido a alguno de ellos. Directivos de la CAM y de Novacaixagalicia que tenían aseguradas indemnizaciones y pensiones vitalicias millonarias. Según la Ministra de Economía y el Presidente del Banco de España, tendrán que estudiar si son o no legales.

Pero lo que más ha indignado es que las mantengan después de recibir ayudas públicas por su mala gestión, no el mero hecho de tenerlas. Pero son sus salarios y son pensiones las que nos son sostenibles. Son ellos los culpables, pero han perdido la vergüenza y están decididos a acudir a los tribunales para exigir lo que consideran que es suyo. Ellos sí que han vivido y podrán seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades.

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