Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Es del todo imposible

Cada vez son más las voces que consideran que el pacto social alcanzado en 1978, pacto del que, como si fuera más que una metáfora, casualmente en estos días ha muerto uno de sus forjadores tras un largo período de distanciamiento y olvido, se ha roto definitivamente.

Cada vez también son m´s quienes sostienen que los tres grandes mitos de la democracia española se han hundido: el espíritu de consenso modélico de la transición ejemplificado en Suárez, el 23F y el papel de la monarquía. Y cada vez también son más quienes pretenden ocultarlo e impedir a toda costa que se sepa.

 

Somos menos quienes mantenemos además que no solo se “declarado cesante” la Constitución del 78, sino que se ha iniciado un proceso “deconstituyente”, es decir, no solo de desmontaje del contrato social, sino de su sustitución fraudulenta por unas nuevas “reglas de juego” y que las élites político-económicas han vaciado de contenido el pacto (para eso no hay nada mejor que sacralizarlo) y han forzado un nuevo marco de convivencia.

 

La política de austeridad, de reducción del déficit y la deuda que inició Zapatero un 10 de mayo y que después ha continuado el PP con recortes, que siempre han vendido como coyunturales y transitorios solo para hacerlos ligeramente digeribles, se han acompañado por “reformas estructurales” profundas, que no han tenido como objetivo regular los mercados financieros para evitar en lo sucesivo crisis como la del 2007, sino justo para todo lo contrario, para desmantelar todas instancias sociales, sindicales y estatales que pudieran poner freno a sus desmanes y desvaríos.

 

No solo ahora estamos más indefensos ante la voracidad de los mercados, sino que las instituciones públicas y estatales, que debían protegernos, son ahora quienes más nos empujan y pinchan para que caigamos cuanto antes cuando somos pasados por la plancha.

 

La vergonzosa reforma de la constitución para priorizar el pago de la deuda, la imposición de tasas judiciales, la reforma laboral, la dilación en el reconocimiento de la dependencia, el “repago” sanitario y la restricción de su cobertura universal que ha dejado fuera del sistema y sin atención a los más necesitados, la reforma del estatuto de la RTVE, la LOMCE, la reforma de las pensiones, la reforma de las administraciones locales, la “penalización” de nuevo del aborto, la quiebra territorial por la financiación y la cuestión catalana, la reforma fiscal, etc.

 

Conviene recordarlas y tenerlas en mente constantemente para no despistarnos. No hay ningún palo que no hayan tocado y no hay ninguna de estas medidas que nos permitan decir que ahora estamos mejor que antes o que hayan significado una extensión de las libertades y derechos.

 

Con todo el poder en sus manos, no han podido impedir que las marchas de la dignidad exigiesen el sábado 22 en Madrid un cambio radical en estas políticas e impugnasen la legitimidad de quienes las adoptan.

 

Ha sido una marcha vibrante y esperanzada, pese al bloqueo mediático que nos obligó, como en los peores tiempos del franquismo, a seguir la información por medios alternativos. Si alguien no supo reconocer en ellos a los “suyos”, si alguien pudo otra cosa distinta al conocer sus demandas que respaldar y hacer suyas sus reivindicaciones, si alguien celebró el apagón informativo, ningunear las cifras o condenarlos como “violentos” es seguro que no está entre ni con los perdedores en su lucha por la dignidad.

 

Y nos preguntaremos, después de este enorme esfuerzo, ¿qué? Una posible respuesta la he encontrado en Kant.

 

En su obra “Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración?”,  en un pasaje menos conocido, Kant se pregunta justamente esto: ¿Podría una sociedad de clérigos (que podríamos sustituir sin más por élites) conjurarse para instaurar una constitución que impida la ilustración y el progreso de la humanidad?

 

Y el propio Kant responde: “Un contrato semejante, que consideraría cerrada para siempre toda ulterior ilustración del género humano, es absolutamente nulo y vano, aunque sea confirmado por el poder supremo, por la dieta imperial y los más solemnes tratados de paz. Una época no puede aliarse y conjurarse para dejar a la siguiente en un estado en que le sea imposible extender sus conocimientos (sobre todo los perentorios), depurarlos de errores y, en general, avanzar hacia la ilustración, […] [sería] “absolu­tamente ilícito ponerse de acuerdo, ni siquiera por el plazo de duración de la vida de un hombre”, y “sería un crimen contra la naturaleza humana […] y, por ello, la posteridad está en su pleno derecho de rechazar todo acuerdo tomado de forma incompetente y ultrajante” (o “abusiva y criminal”, como también podría traducirse), pero, sobre todo, que “es del todo imposible”.

 

Quienes celebran hoy una victoria contra la dignidad pueden tenerlo claro, nadie puede poner puertas al campo, ni impedir que la libertad y la dignidad triunfen. Que lo tengan claro, porque serán derrotados.

 

lanomalia.blog@gmail.com  

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