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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

El silencio y los gritos

Desde su victoria electoral el pasado 20 de Noviembre y sus primeras declaraciones sorprende el silencio de Rajoy. Ha recibido, eso sí, a banqueros en primer lugar, nobleza obliga, y después a empresarios y organizaciones sindicales y a sus barones. Todos han hecho declaraciones a la salida, pero no Rajoy. Tan sólo en Pontevedra la semana pasada hizo unas declaraciones sin preguntas, por supuesto, de la que han destacado perlas como éstas: €œhabrá que gobernar€ y €œhabrá que tomar medidas€ y €œno será fácil€. Parece como si don Mariano, que ha llegado a la Moncloa sin hacer nada, tumbado, como lo dibujaba Peridis, pensase también hacerlo mudo. Del mismo modo, reflexionaba Juan Cruz el domingo en €œEl loro de Flaubert€ sobre el silencio de Rajoy para terminar sentenciando que €œel silencio es magisterio tan sólo cuando se rompe€.

Porque el silencio de Rajoy ha dejado oír con claridad los gritos de sus más allegados y próximos. Empezamos con los próximos.

Salvador Sostres le explicaba el martes 29 en su artículo €œPara acabar con el paro€ de El Mundo la dirección por donde habrían de ir las primeras reformas: €œLa gran reforma que España tiene pendiente es la abolición del Estatuto del Trabajador, la cancelación de los convenios colectivos y la supresión de los comités de empresa y de los liberados sindicales€. Y continuaba: €œSi Rajoy quiere invertir en políticas sociales, y que lo que invierta dé resultado, que canalice su esfuerzo a través de la Iglesia€Ś€ (Se supone que la católica, que si no es la única, sí es, para Sostres, la verdadera).  Ahí está el programa completo de la verdadera reforma laboral: una desregulación laboral completa, liquidación de los sindicatos y no sé si también de los sindicalistas para mayor gloria de la Iglesia, que no de Dios.

El mismo día Boi Ruiz, Consejero de Sanidad de la Generalitat de Cataluña, emplazaba a Rajoy también a realizar una verdadera reforma del sistema sanitario español. Según él, para evitar la quiebra del sistema de salud, habría que proponer un sistema de seguros privados obligatorios a partir de un determinado nivel de renta. Este personaje que, desde su entrada en el gobierno catalán, no ha hecho otra cosa que aplicar recortes en la sanidad y distintos planes para abrir los hospitales a capital privado, y que fue hasta llegar a su puesto actual era Presidente de la Patronal de Hospitales Privados, que no es ninguna casualidad, ha dado con la solución. Se trataría, según él, de sacar del sistema público a los ciudadanos con rentas más altas a los que se les obligaría, ni siquiera se les recomendaría o se les bonificaría fiscalmente, no, se les obligaría directamente a suscribir pólizas privadas. De esta forma, la sanidad pública obviamente no tendría una cobertura universal, sino que quedaría reducida a las clases más bajas o a la beneficencia.

Lo curioso es que este tipo de personajes están muy en alza entre los economistas neoliberales que los presentan como el modelo óptimo de gestión: Importantes directivos de empresas privadas que entran en la política desde su experiencia para volver a salir después a la empresa privada. Así, piensan los defensores de este modelo de colaboración público-privada,  todos salen beneficiados, tanto la empresa privada como la gestión política. Pero lo que resulta, sin embargo, bastante evidente no es eso, sino todo lo contrario. Porque lo que resulta manifiesto es que este personaje, ahora desde su cargo de Consejero de la Generalitat, sigue representando los intereses de los hospitales privados y el plan de saneamiento y las medidas que ha adoptado, lejos de beneficiar al sistema público de salud, lo que pretenden es asegurar la sostenibilidad del sistema privado de salud.

Y así llegamos finalmente al viernes, donde la más allegada a Rajoy, Dolores de Cospedal, presentó un segundo plan de ajuste para la Comunidad de Castilla-La Mancha con lo que pretende recortar hasta el 25% del presupuesto. Y esta vez hará recaer el peso de los recortes en los funcionarios públicos, que verán aumentada su jornada laboral en dos horas y reducido sus salarios en un 3%. Además, los recortes se centrarán en Sanidad y Educación, donde se introducirá la gestión privada en varios hospitales y se promoverá la educación concertada. Por lo menos, la señora Cospedal no dice que lo hace para garantizar el sistema público de salud ni a la escuela pública, lo que es de agradecer. Así que, ya saben de qué habla el silencio.

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