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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

El oxímoron de la regeneración democrática

En estos días hemos asistidos con cierta perplejidad a la peregrina propuesta del PP de elección directa de los alcaldes como medida de regeneración democrática.

Cuando parece a todas luces evidente que esta ocurrencia veraniega no es más que su vieja aspiración de obligar a que se nombre alcalde al cabeza de la lista más votada; lo que hace imposible la también muy democrática política de pactos postelectorales, además de generar, en su aplicación mecánica, enormes problemas de gobernabilidad en la práctica; lo que sigue sin explicar es qué relación tiene esa medida con la regeneración democrática y cómo puede contribuir a ella.

 

Más bien parece que el PP teme quedarse solo en el baile y, ante la tesitura de no encontrar quien le pacte y, en consecuencia, perder un importante número de alcaldías, pretende blindar por ley que el primer edil sea el o la cabeza de la lista más votada. Se trata de asegurarse por una vía muy poco democrática el gobierno en minoría de los ayuntamientos en los que pueda perder o no alcanzar la mayoría absoluta.

 

Vamos, que de lo que se trata es de aferrarse en el poder, aunque las urnas digan lo contrario, que ya me dirán ustedes qué tiene eso de democrático o cómo puede contribuir a su regeneración.

 

La verdad es que en boca o en manos del PP “regeneración democrática” o “regeneración política” se convierte en un oxímoron. Repasen, si no, cómo han acabado con los suplentes de la lista y han tenido que elegir de nuevas al tercer alcalde ya en esta legislatura y a buena parte del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, porque el resto de los cargos estaban implicados en distintos casos de corrupción.

 

Sin duda es este el modelo de “regeneración política”  con “elección directa”  (por el partido) y “revocable” (por los tribunales) del alcalde que el PP propone y pretende generalizar a todos los municipios de España. Si el PP fuese un partido serio, no tendría mesas dónde meterse debajo, y no por “vergüenza torera” (que tanto le gusta a Doña Esperanza), sino por “vergüenza política”, que es la línea roja irrebasable  de la honradez y la dignidad.

 

Tampoco le iría mejor al parlamento valenciano si tuviesen que abandonar su cargo los imputados por corrupción, porque de la Gürtel, Bárcenas, Fabra y Baltar mejor no hablamos. El PP no solo está hasta el cuello de casos de corrupción, sino que además ha dilatado y sigue dilatando hasta donde sea posible la investigación judicial y la ha entorpecido por todos los medios cuando ha tenido ocasión.

 

En esto, Federico Trillo ha sido un maestro y sus desvelos por el partido han sido recompensados con la embajada en Londres.

 

Al PP, el marco de libertades y de participación política del actual ordenamiento jurídico no solo no le parece insuficiente, sino que ha hecho todo lo posible por acotarlo y limitarlo a aquella interpretación de la ley que lo vuelva más restrictivo. Buena prueba de ello, son los reglamentos de participación ciudadana y las ordenanzas reguladoras de la actividad política replicadas en todos los ayuntamientos donde poseen mayoría y de los que Salamanca no es una excepción.

 

Y, ahora, la nueva ley de seguridad ciudadana será el marco que limite todavía más las manifestaciones de protesta. Cuando no se ha puesto ninguna objeción, sino más bien se ha tapado hasta convertirlos en inexistentes por opacos y misteriosos, los “escraches de guante blanco” de los distintos lobbies, se ha optado por blindar judicial y policialmente a los representantes de sus representados.

 

Pero, si la regeneración democrática no va por la línea de luchar y acabar con la corrupción y a quienes la amparan, y por flexibilizar y hacer más efectiva la participación política en un sistema bipartidista esclerotizado, no hay manera de entender qué se quiere decir con ello, o solo se pretende confundir.

 

Además, si esperamos que sean otros poderes o instituciones del estado los que impulsen esa necesaria “regeneración”, veremos también cómo o se les han cortado las alas, o son más de lo mismo.

 

Ya debería resultar preocupante que los únicos condenados en la Gürtel sean miembros del poder judicial que investigaba las tramas de financiación ilegal del PP, pero que la situación recientemente conocida del Tribunal de Cuentas (que ya ha tenido siempre la precaución de investigar siempre las cuentas ya prescritas)  sea considerada “normal” es totalmente desalentador.

 

No nos dejemos engañar, los males del actual sistema constitucional y político español no pueden resolverse con una simple “regeneración”. El PP y el PSOE han hecho imposible mantener un correcto funcionamiento democrático con “ligeras reformas” dentro del marco constitucional. Es necesario un nuevo “proceso constituyente” liderado por fuerzas democráticas y no por la oligarquía gobernante  y, cuanto más lo dilatemos, más necesario será.

 

lanomalia.blog@gmail.com  

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