Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

El esfuerzo del señorito. Notas para un manual sobre política de becas

En este complicado mundo de las becas universitarias, tras los cambios propuestos por el ministro Wert, hay, para simplificar los términos de la discusión, unas cuestiones que son de principios y otras que son de cálculo. Y esto no significa que ambos aspectos estén separados.

En primer lugar, más allá de los cambios presentados: subir los criterios académicos (nota media y porcentaje de créditos aprobados) y aplicación de criterios variables (mínimo básico más o menos cuantías variables en función de la renta o del presupuesto), la cuestión de las becas afecta a los principios. Hasta ahora, habíamos aceptado que la concesión de una beca trascendía los meros criterios académicos, para considerar otros de carácter socioeconómico y políticos (la equidad puede medirse, pero constituye un valor y, como tal, puede preferirse o postergarse, pero no es un simple dato). Por eso, las becas de excelencia o por méritos académicos estaban desvinculadas de la renta (así ocurría con las becas de movilidad –Erasmus o Séneca– o las de Formación de personal investigador o universitario –FPI o FPU–, por ejemplo), pero no ocurría lo mismo con las becas generales. Aquí, la renta constituía el elemento prioritario y lo que se discute es si debe seguir siéndolo o no. Por eso, digo que el asunto es una cuestión de principios, porque, si el asunto fuese simplemente presupuestario, se podrían reducir el número o cuantía de becas, sin modificar los criterios. Y no es el caso. Se trata de discutir si garantizar de forma efectiva el derecho a la educación debe incluir medidas que fomenten la equidad y la igualdad de oportunidades, que no es sólo una cuestión académica o no, es decir, ligarlas exclusivamente a aspectos académicos. Y eso que la universidad española, a pesar de los esfuerzos realizados, presenta déficits importantes de equidad: El gasto (aunque habría que decir inversión) en ayudas al estudio en la OCDE es del 0,3% del PIB, mientras que en España solo llega al 0,1%, de forma que, si respecto al gasto en educación, la OCDE destina el 20,5% a ayudas al estudio, España solo destina el 9,2% y reciben algún tipo de beca en España el 23% de la población universitaria, frente al 30% de la OCDE. Y también, según la encuesta Condiciones de vida y participación de los estudiantes universitarios en España 2011, del 48,7% que representan los trabajadores manuales, solo el 26% de sus hijos está en la universidad, mientras que el 40% de la población universitaria son hijos del 20% de la población más acomodada. Así que, al menos por lo que a la equidad se refiere, en la universidad española queda mucho por hacer y las medidas de Wert no van por ese camino.

 

Pero es que, además, los cambios introducidos, como el endurecimiento de las condiciones académicas y la subida de tasas (16% de media en España, 67% en Cataluña y 38% en Madrid, sin contar el 20% del próximo curso) ya han dado sus “pequeños” logros: Todos los campus han visto reducido el porcentaje de becas concedidas para este año (ninguno llega al 60% de media de concesiones de años anteriores, en la UAB se ha pasado del 29 al 42% de denegaciones y en la UCM del 28 al 45%). En total, 10000 universitarios han perdido la beca este año y 30000 han visto rechazada su solicitud. ¡Todo un logro del que podrá presumir este ministro! Porque la responsabilidad es toda suya y no puede escudarse en fragmentar su peso entre ministerio, CCAA y universidades en una maniobra de disolución de responsabilidades que, como probó, Hannah Arendt está en el origen del mal que es su banalización.

 

No hay ningún indicador que muestre que la política de becas aplicada para este año haya mejorado su eficacia ni, por supuesto, la equidad. Más bien todo lo contrario, y esto, para un ministro que proviene del campo de la sociología, debería tomarlo en cuenta. Pero, como dice Julio Carabaña, “no es un error de cálculo, es un error ideológico”. Aunque, más que error habría que decir que constituye una pieza más de ese “combate ideológico” contra la equidad social en la que la política de becas es uno de los pilares.

 

Pero lo que este ministro ni la derecha más recalcitrante ahora en el poder pueden hacer es patrimonializar la idea de esfuerzo y de pedagogía del esfuerzo. Porque el 89% de los universitarios con rentas más bajas y con derecho a beca no la reciben; el 13,1% de esos mismos universitarios trabaja una media15 horas semanales y obtiene, en consecuencia, los resultados que le permitan solicitar beca, y son muchas las familias, con becas o sin beca, que realizan un enorme esfuerzo para que sus hijos vayan a la universidad. Que no nos confundan. No vaya a ser que ahora pongan como prototipo del esfuerzo al “señorito”.

lanomalia.blog@gmail.com

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