Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Desenmascarando el proceso de libre elección de centros

Si existe un ámbito en el que resulte más fácil ver los mecanismos que emplea el pensamiento más tradicional en su alianza con los neoconservadores más ultraliberales y a través de una campaña de propaganda impecable y convincente es el ámbito escolar. Y también es aquí donde resulta urgente desmontarlos en una delicada operación de desenmascaramiento.

La semana pasada se presentó el proceso de adscripción a centros que ahora se llama €œlibre elección de centro€ por parte de la dirección provincial de Salamanca. Se han introducido cambios muy importantes: Se han reducido las zonas escolares de 10 a 3, a saber, norte, este y suroeste, y, también se ha modificado sustancialmente el baremo de puntuación. Todo ello se ha hecho, como no podría ser de otra manera, para permitir a los padres tener más posibilidades de lograr una plaza para sus hijos en el centro que elijan, ya sea público o privado concertado.

Pero, hay que decirlo, aquí se antepone el pretendido derecho de los padres a elegir el centro y la educación de sus hijos al verdadero y único derecho reconocido como tal en la Declaración de Derechos Humanos, que es el derecho a la educación. Pero, claro, presentado propagandísticamente así como derecho, la €œlibertad de elegir centro€ posee un atractivo y un poder de seducción impresionante. Y no es tal.

Así que, será necesario ser cuidadoso. La zonificación de centros obedece a criterios de planificación educativa, de distribución racional del alumnado por zonas de residencia o trabajo, pero también para otorgar seguridad jurídica a los padres del derecho de escolarización, para garantizar el derecho a una educación de calidad, independientemente del lugar de residencia y, sobre todo, para racionalizar los recursos económicos. Ninguno de estos principios que deberían regir la actuación de la administración pública se respeta en la  nueva zonificación. Porque el diseño de tres zonas o sectores cuyo centro sería la intersección de la Avda. de Portugal con la Avda. de Torres Villarroel y la puntuación asignada al baremo convierten a la capital salmantina de hecho en una única zona escolar.

Así que, en la práctica, se diluye el criterio de proximidad y renta (que antes eran básicos) y, además, se pone en peligro un diseño de ciudad que ofrezca servicios a los ciudadanos en la cercanía, en los barrios con la misma calidad que en el centro y se consigue que la población escolar no se distribuya de forma equilibrada. Y en Salamanca tenemos un verdadero problema de falta de matrícula en algunos centros, de masificación en otros, de incremento insostenible de los desplazamientos privados a los centros escolares, etc. Y esos son los verdaderos problemas que los ciudadanos exigimos que los gobernantes nos resuelvan y, que este plan no sólo no resuelve, sino que los agrava.

Además, al margen de que consideremos la enseñanza concertada como subsidiaria o no, que creo que en buena lógica es como debía considerarse, es decir, que debería cubrir las necesidades allí donde no llegue la enseñanza pública, no resulta económicamente rentable subvencionar conciertos con centros privados cuando no se cubren todas las plazas de oferta pública. Lo contrario sería algo así como permitir realizar y costear operaciones a pacientes públicos en centros privados, cuando existen quirófanos vacíos. Es decir, gestionar mal y trasladar fondos públicos a manos privadas. Así que, también deberíamos preguntarnos cuánto va a costarnos esto y quiénes van a ser los verdaderos beneficiados.

Porque, como vemos, de lo que se trata no es tanto de favorecer el derecho de los padres a elegir centro, como a favorecer y proteger los privilegios de un modelo de enseñanza privada, preferentemente religiosa y concertada, es decir, subvencionada y sufragada con el dinero de todos, y permitir que los padres que lo deseen puedan elegir, porque ahora ya estará siempre en su zona, un centro de enseñanza religiosa subvencionado, consolidando esa doble red de centros, y convirtiendo en guetos de inmigrantes o de población marginal algunos centros escolares de la periferia, en un proceso de degradación que la propia administración educativa tendría que tener como primer compromiso invertir y no acelerar. Este es el verdadero sentido de esta nueva zonificación que responde a una ideología liberal que acrecienta las desigualdades y recela de lo público.

Ya lo dijo Rajoy en su investidura €œnadie va a decirnos cómo tenemos que educar a nuestros hijos€, lo que constituye una confesión ideológica sin paliativos de esa desconfianza liberal en la democracia, en la soberanía popular y en la enseñanza pública, laica y gratuita, que es la expresión de esos valores republicanos, para beneficiar su credo y su partido.

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