Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Desde fuera y a distancia

Por fin, hemos llegado a entender la motivación última de ese brote de codicia “impropio de su posición social” (al decir de algunos) que llevó a Iñaki Urdangarin a esa carrera frenética por obtener contratos cuyos beneficios “desviaba” a cuentas privadas: la adquisición del palacio de Pedralbes. 

Con todo lo Duques (o ex Duques) de Palma que fueran no pudieron escapar de ese demonio que ha devorado a buena parte del resto de los mortales, no poder hacer frente a la hipoteca. La alta cuna no les ha salvado de la fiebre de la vivienda en propiedad, la euforia prestataria y sin medida de los bancos y del estallido de la burbuja inmobiliaria que terminó arruinándolo todo. Lo que parece acercar “su” problema al común de los mortales. Lo que ya es menos común han sido sus aspiraciones, muy “por encima de sus posibilidades” y la forma tan “noble” (no en sentido moral, sino de clase) con la que ha hecho frente a sus pagos.

 

En el fondo, el palacio de Pedralbes ha sido para el ex Duque de Palma y ex miembro de la familia real lo que significó para Bob en Lloviendo Piedras de Ken Loach el traje de comunión de su hija. Sin embargo, por mucho que lo he intentado, no he sido capaz de identificarme y ponerme en el lugar de este turbio personaje. ¡Con lo fácil que  me resultó ponerme en el papel que interpretaba Bruce Jones! No sé. Pero todo este asunto me resulta tan ajeno que solo puedo verlo desde fuera.

 

Ya sé que eso no mejora la comprensión de este fenómeno social, como recomiendan repetidamente las metodologías “emic” de la antropología y otras ciencias sociales, que insisten en adoptar la “óptica de participante”, “ponerse en lugar de”, pero reconozco que en este caso me es imposible y solo puedo contemplarlo desde la distancia. Quizás, me consuelo, se trate, aun sin quererlo, de adoptar esta perspectiva, este “pathos de la distancia” que tanto valoraba Nietzsche, pero no me termino de convencer.

 

Así que, pese a las evidentes analogías, no consigo entender y menos aún disculpar los presuntos delitos continuados de este exjugador de balonmano y presuntamente también de su esposa. Lo sorprendente es la tremenda coincidencia de eso que se llama la “Casa Real” y otras instituciones, especialmente partidos políticos, a la hora de resolver presuntos delitos de corrupción. Tomen nota, porque debe ser “la” solución definitiva: se les aparta “temporalmente”. Dejan de ser miembros sin más de la “casa real” o militantes ejemplares, se les borra, no se les vuelve a mencionar más, y se acabó el problema. Por eso, he visto con tanta preocupación que se negase la razón a Google para reconocer el “derecho al olvido”. Si se reniega tan fácilmente de la hija o de la hermana, dejan de ser militantes y colaboradores ejemplares, y ya nadie sabe nada más de ellos, ni siquiera la genética, que en estos casos cuenta mucho, al menos nos quedaba la esperanza de google. Pues ya ni eso.

 

El otro caso que solo puedo contemplar “desde fuera” manteniendo que esa es la mejor forma de comprenderlo es el asunto del fondo de pensiones de cientos de eurodiputados, mantenido con recursos públicos y gestionados por una SICAV con sede social en Luxemburgo. Como el asunto ha sido explicado y requeteexplicado no creo que se necesite mayores aclaraciones. No obstante, para no perder adecuadamente la perspectiva, sugiero volver a releer detenidamente simplemente el nombre de ese producto financiero. Aunque parezca increíble existe algo así. Si hace unos años nos hubieran mencionado algo parecido, nos hubiese resultado imposible entender cómo alguien ha llegado a concebir semejante engendro y hubiésemos negado su existencia o, por lo menos, considerarla tan improbable como la existencia de vida inteligente en Marte. Y todavía resulta más bochornoso escuchar las justificaciones de quienes han creído que debían darlas, porque otros, sencillamente, ni se han dado por aludidos. Tan solo Willy Meyer ha dimitido, pero no ha explicado cómo pretende deshacerse de él, a cuánto dinero ascendía su “inversión” y, sobre todo, cómo y por qué llegó a suscribirla, teniendo como uno de sus gestores a Arias Cañete.

 

De verdad, que resulta muy difícil “identificarse” con estos individuos y, menos aún, entender lo que hacen “desde dentro”. Toda esta gente se cree distinta y por encima del resto de los mortales. Lo preocupante es que no es difícil explicar cómo han llegado a creer esto. Pero sólo en la distancia y desde lejos se puede mantener la “cordura” para no pensar que es lo normal. Pablo Iglesias desempolvó con acierto para referirse a ellos el término “casta”. A algunos pareció molestarles, a otros simplemente les ofendió y les pareció una injusticia, pero porque se quedaba corto.

lanomalia.blog@gmail.com  

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