Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

De cambios y transformaciones

“No deberíamos haber adquirido sistemas (de armas) que no vamos a utilizar, para escenarios de confrontación que no existen y, lo que es más grave, con un dinero que no teníamos entonces ni tenemos ahora” C. Méndez, Secretario de Estado de Defensa.
Algo que me ha sorprendido siempre es la potencia de la palabra cambio como lema electoral: lo utilice quien lo utilice, si consigue generar ese estado de ánimo entre los electores, tiene más que asegurados unos buenos resultados. Los consiguió el PSOE en 1982 con aquel “Por el cambio” y, si nada lo remedia, los conseguirá el PP con “Súmate al cambio” en estas próximas elecciones.

El PP ha sido capaz de trasladar esa emoción a los electores y por eso las encuestas parecen garantizarle una cómoda mayoría absoluta el próximo 20N. “Súmate al cambio” lanza el mensaje claro de quien ya ha ganado en las municipales y autonómicas para que nos subamos al caballo ganador. Lo curioso, digo, es que consiguieron transmitir el espejismo del cambio también en las municipales y autonómicas, pese a que se presentase el mismo candidato que ocupaba el poder, como en el caso de la Junta de Castilla y León, o continuase el mismo partido, como en el Ayuntamiento de Salamanca. Nada iba a cambiar entonces y nada salvo el partido en el gobierno puede cambiar ahora.

El verdadero cambio se produjo entre los días 10 y 12 de mayo de 2010 cuando Rodríguez Zapatero enterró el programa con el que se había presentado y ganado las elecciones y decidió, alejándose una vez más de su base electoral y de sus propios militantes, adoptar políticas netamente neoliberales. Así, empezó a tenderle la cómoda alfombra a través de la cual Rajoy puede llegar al gobierno. Así que, si las encuestas se confirman el 20N, el único cambio que tendremos será de color de gobierno, pero no un cambio sustancial en las políticas económicas. A lo sumo una vuelta de tuerca más en la política de recortes y privatizaciones, con más convicción que el PSOE, pero no un verdadero cambio. Más sufrimiento para los más, en definitiva, y la sombra oscura de recortes en las libertades de las que Ramoneda nos advertía el domingo en ¿Por qué da miedo la derecha?

Nos hemos instalado en una ceguera peligrosa. Zapatero no quiso llamar a la crisis por su nombre esperando a ver si escampaba y la mayoría social que le otorgará el poder a Rajoy confía en que una temporada de recortes y de sacrificio para la mayoría, permitirá de nuevo descubrir una nueva burbuja especulativa, como lo fue antes la del ladrillo, con la que volver a poder atar los perros con longaniza.

Y el problema no es que ya no tengamos longanizas, sino que no tenemos ni perro. La crisis que, además de financiera es una crisis de demanda, porque no hay compradores suficientes para tanta oferta, es principalmente una crisis de este modelo capitalista financiero de crecimiento y depredación sin freno. Ante unos recursos energéticos cada vez más escasos, unos recursos naturales limitados y una población mundial en expansión, el modelo de crecimiento constante es insostenible.

No podemos creer que es posible seguir aumentando las ventas y la producción industrial, ni que no basta con obtener beneficios sino que es preciso obtener siempre el mayor beneficio posible, ni podemos proponer modelos de crecimiento urbano imposibles, ni infraestructuras faraónicas (AVE, universidades, aeropuertos, etc. para todos), ni inversiones tan multimillonarias como innecesarias, ni llevar las relaciones laborales hacia precarización creciente de las condiciones laborales, ni rebajar los impuestos a los que más tienen continuamente, ni adelgazar cada vez más al estado hasta dejarlo inerme ante los mercados. Si lo creemos así, deberíamos aceptar entonces que la esquilmación de los recursos naturales, el empobrecimiento de los países del llamado antes Tercer Mundo no son daños colaterales, sino consecuencias necesarias de este sistema depredador.

Y lo mismo con las actuales políticas de ajuste, porque los recortes que estamos padeciendo la mayoría social no pueden entenderse como coyunturales, sino necesarios para el conseguir el crecimiento: Para seguir produciendo más, para seguir acumulando (que no distribuyendo) más se necesitan hacer recortes en los servicios públicos y en los derechos sociales de los ciudadanos.

Por eso, no necesitamos un cambio de partido en el gobierno, necesitamos una verdadera transformación del modelo económico. Necesitamos volver a la senda de la sostenibilidad: en la producción industrial y agrícola, en las finanzas, en las decisiones políticas, en las relaciones laborales. Necesitamos dotarnos de medios económicos a través de una fiscalidad más justa, una banca pública, una política que tenga como única preocupación la protección de los más desfavorecidos a través de unos servicios públicos universales, el reparto del trabajo a través de la reducción de la jornada laboral…

Sólo entonces se abrirá la posibilidad de unas relaciones sociales y naturales diferentes, una vida humana más digna y otearemos el horizonte de la verdadera emancipación.

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