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In Campo Veritas

Chema Díez
Blog de Chema Díez. Tribuna de Salamanca

¿Y si el campo se pone en huelga?

El pasado 29 de marzo, España vivió la octava huelga de la democracia con dos realidades bien distintas: la de los sindicatos y la del resto de los mortales. Un ‘parón’ demasiado temprano que solo secundó aquéllos convencidos de que una huelga de esta forma vale para algo, los afiliados a los sindicatos y los que portan ideas del pasado que ya no tienen cabida en el presente y que al tiempo pasan los días y las horas sin producir su filosofía de vida es salir a la calle cada día a protestar por una ‘cosa’ nueva, ‘tirar la pata’ y amenazar al que no piensa como él, periodistas incluidos.

En una palabra, vergonzosa la actuación de la gran mayoría de los piquetes que se autodenominan ‘informativos’; dudo que sepan lo que significa esa palabra igual que ‘libertad’, ‘derecho’, ‘expresión’ y, especialmente, ‘respeto’.

Dicho esto, un sector (uno de tantos) que no secundó la huelga fue el campo, aunque quizá muchos se hayan planteado un ‘parón’ definitivo y obligado ante el más que incierto futuro que se avecina. Y los agricultores y ganaderos no pararon porque si no, no comen y las pérdidas pueden incrementarse, como ocurre en otros muchos negocios. No obstante, ¿se imaginan qué ocurriría si el campo se pusiese en pie de guerra y parara tractores y máquinas?

Pues pasaría lo siguiente: habría menos alimentos y de mucha menor calidad; las cifras del paro harían caer a España al tercer mundo; los productos valdrían más y serían peores; el mercado estallaría… ¿sigo?

El campo ya paró los tractores una vez, fue el 20 de noviembre de 2009 con una tractorada en todos los municipios de la provincia de Salamanca, acto al que secundó una masiva protesta en Madrid con motivo de las ineficaces políticas del otrora Gobierno de Zapatero y con Elena Espinosa, ‘la señora del MARM’ al frente, cuya gestión mejor ni recordar.

Solo fueron unas horas pero el sector dejó claro que no se juega con su futuro y tenía motivos para protestar después de muchos años de un olvido total del campo por parte del Gobierno del PSOE que, por eliminar, eliminó a la Agricultura y a la Ganadería del Ministerio.

Pero ahora, ¿por qué protestaba la gente? ¿Cómo se puede criticar algo que aún no se sabe cómo va a funcionar? ¿Por qué ahora sí y antes no? ¿Por qué…?

Y digo yo, que si algo se hace mal hay que denunciarlo, no cabe duda, pero primero hay que dejar que se haga, y una vez visto el resultado, poder juzgarlo y salir a la calle si es necesario.

Existen multitud de diferencias entre el parón del campo y la huelga general del 29 de marzo: Ahí van algunas: los profesionales del sector pararon sus tractores de forma pacífica y no se dedicaron a reventar contenedores, papeleras, paradas de autobuses, hacer hogueras, lanzar botellas de cristal a los policías, insultar a la prensa… y un sinfín de cosas más.

Sin duda, la más importante, los agricultores y ganaderos no iban con la cara tapada, algo que no se entiende cuando en el 29-M muchos se autodenominaban adalides de la libertad blasfemando continuamente y diciendo barbaridades para quedar bien con sus ‘compadres’, amenazando al que no piensa igual que él, pero con la cara tapada; eso es valentía, sí señor…

UGT, CCOO, Asaja, UPA y COAG (CNT no representa nada más que una izquierda radical y trasnochada) son sindicatos que reciben un dinero del Estado y solo hay que ver cómo lo emplean unos y otros…

En fin, que el día que se canse el campo y se pare, a lo mejor se paraliza el país de verdad y no con una huelga que no respeta el derecho de los demás porque desde fuera se ve de una manera y desde dentro, de otra manera totalmente distinta.

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