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In Campo Veritas

Chema Díez
Blog de Chema Díez. Tribuna de Salamanca

Jugador de bronce, luchador de plata, corazón de oro

€œEs una pena la decisión que ha tomado, pero los años son largos y a lo mejor cambia de opinión. No obstante hay que respetarle pero a buen seguro que se le va a echar de menos mucho más de lo que la gente cree. Cuando no esté, quizá mucha gente se acuerde de él€, Jorge Garbajosa dixit.

Sí, es uno de sus mejores amigos pero no es el único que piensa como él, ni mucho menos. Es imposible entender el baloncesto español y europeo sin la figura de Felipe Reyes, hasta hace unos años €˜hermano de€™ (Alfonso) pero que se ha ganado a pulso desde hace mucho ser la figura principal en el €˜dúo Reyes€™ por méritos propios y por capacidad de superación.

Felipe comenzó su carrera en Estudiantes y poco a poco fue creciendo; su mayor virtud, fuera de toda duda es rebañar, recoger y alcanzar cualquier rebote imposible por estar en el lugar oportuno en el momento adecuado, y por sacar la raza y €˜los huevos€™ en cada pelota, cada partido. Y de ahí nace todo€Ś

De los €˜huevos€™ y de su afán de superación nace el Felipe que pasó de no tener mano izquierda a entrar por ese lado cuando los rivales le dejaban y anotar, claro. De ese germen también nació el Felipe que decían que no tenía tiro y él ensayó y trabajó hasta ser casi infalible desde cuatro o cinco metros.

€œReyes tampoco mete ni un tiro libre€, decían. Pues ahora tiene uno de los mejores porcentajes de la Liga ACB (miren estadísticas). Entonces llegó un €˜dios del basket€™ y se inventó a un Felipe Reyes descafeinado que tuvo que adaptarse a las necesidades de un Messina que nunca le quiso en el equipo.

Y sí, Felipe se posicionó como un €˜cuatro abierto€™ hasta lanzar de tres y terminó una temporada con más de 40% de acierto (miren estadísticas), cuando se trata de un jugador que ha vivido toda su vida en el €˜5€™, cerca del aro como un perro de presa no exento de calidad.

Quizá estos párrafos resuman la carrera de un jugador como Felipe que aún, según dice, €œtengo mucho que aprender€ y cuya progresión no frena, no para. Su compromiso es inigualable tanto en el Madrid como en la selección porque siempre está disponible, para 5, 10, 20 o 45 minutos; sabes que siempre va a aportar.

  • €œÂżQué tal ha estado Felipe?"
  • €œBien, como siempre€

Así hasta hacerse un jugador imprescindible dentro y fuera del campo. Conozco a muy poca gente a la que le caiga mal. Un tío con esa cara de €˜bonachón€™ no puede hacer mal a nadie y es fuera de la pista igual que dentro, un luchador.

Lleva desde 2001 sin faltar un verano con la selección española, con la que ha ganado junto a Pau (nuestro icono) la friolera de 11 medallas en total. Ni los problemas de espalda, ni de cuello, ni de cansancio, ni de ganas€Ś nunca ha faltado porque siempre ha hecho falta muy poco para convencerle. Ni siquiera la muerte de su padre el pasado verano, justo antes del Eurobasket le frenó para estar con sus compañeros, todo lo contrario, porque su ánimo y su presencia son imprescindible. Y encima le dejaron levantar la Copa€Ś

Ahora, cada vez que se presenta antes de un partido su dedo señala al cielo para recordar a su padre, que era uno más en la selección. Cada rebote, cada canasta y cada balón recuperado van para él. Siempre dijo que tuvo el mejor maestro (su hermano Alfonso) y lo cierto es que quizá Felipe no sea indiscutible en un equipo pero sí imprescindible. Ahí radica su grandeza.

Un servidor tuvo el placer de entrevistarle y da fe de la normalidad de un tipo que podía creerse mucho y no se cree nada más que lo que es: un jugador de baloncesto que disfruta de ese deporte y de sus amigos, entre ellos, Pau, Garbajosa, Carlos Jiménez, Mumbrú€Ś y otros tantos.

Ahora, a sus 32 años y con una carga de trabajo y de partidos muy elevada, ha anunciado que deja la selección, y qué mejor manera de hacerlo que con una plata en los Juegos Olímpicos, pero que sabe a oro. Y miren si tiene mérito, que ha sabido y podido hacerse un hueco entre los Pau, Marc o Ibaka para ser decisivo en muchos partidos. Palabras mayores€Ś

Podría llenar muchas, muchas líneas más sobre Felipe Reyes, €˜Felipón€™, €˜Espartaco€™ o €˜Qué huevos tienes Felipe€™, como le bautizó el malogrado Andrés Montes.

Siempre le he defendido a muerte y el propio lo ha hecho de la mejor manera: ganando título y enseñando valoraciones, estadísticas y garra en la cancha. Tiene el mejor ratio de rebotes por minuto con la selección (12 en 17 minutos), es uno de los máximos reboteadores de la historia de la ACB€Ś y no se cansa de batir récords.

Quizá ahora, los pocos años que le queden en el baloncesto sirvan para que disfrute sin tener que demostrar cada minuto por qué juega€Ś se ha ganado el beneficio de la duda y más que eso.

En resumen, la carrera de Felipe Reyes se basa en una teoría de la evolución muy concreta: aquel chaval que empezó siendo de madera, poco a poco llegó a convertirse en un metal moldeable hasta conseguir ser un jugador de bronce, un luchador de plata y tener un corazón de oro. Ya se te echa de menos y casi no te has ido€Ś seguro que alguno, cuando haya que partirse la cara mira al banco en busca de Felipe, pero ya no estarás, entonces alguno sí te echará de menos.

PD: Calderón, Sada, €˜Chacho€™, Llull, Navarro, Rudy, €˜SanEme€™, Claver, Pau, Marc, Ibaka y Felipe son leyenda, una generación irrepetible que nos ha hecho soñar durante una década. Por eso, tampoco hay que olvidar a Garbajosa, Jiménez, Mumbrú, Raúl López€Ś ni tampoco a los Iturriaga, Sibilio, Epi y compañía. Con que el futuro nos depare la mitad ya vamos bien servidos€Ś equipo de oro, medalla de plata.

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