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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

Toda España está que arde

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Como cada verano, los incendios han vuelto a hacer acto de presencia. Si no fuera por la  tragedia que supone para muchas familias perder todos sus bienes y sus casas, podríamos decir que estamos ante el eterno muro de las lamentaciones.

Sí , también es sentido figurado, España arde por los cuatro costados, y creo que todos los incendios tienen en el fondo las mismas causas: descuido, desidia y abandono. Recordando la fábula de la hormiga y la cigarra, llegamos a la conclusión “hay que trabajar en verano, por no haber trabajado en invierno”.

 

Como cada verano, los incendios han vuelto a hacer acto de presencia. Si no fuera por la  tragedia que supone para muchas familias perder todos sus bienes y sus casas, podríamos decir que estamos ante el eterno muro de las lamentaciones. Cada verano tenemos que escuchar la misma cantinela. Siempre encontraremos la excusa de cualquier pirómano, un rayo perdido en la tormenta que se equivocó de rumbo, el calor excesivo…y esperemos a que llegue septiembre para que desciendan las temperaturas y a que los problemas se resuelvan solos, como solemos hacer en los demás campos de la vida política. Mientras tanto, los incendios nos van acercando cada vez más al Sáhara.

 

No sé si la ley actual, con la supresión de la moratoria para los terrenos calcinados, ha contribuido al aumento de los fuegos. Pero de lo que sí estoy seguro es de que ni la presente ley de montes ni ninguna otra, mejor o peor, va a cambiar nada, si no se toman otras medidas: medidas educativas –el que tira una colilla por la calle, la tirará también cuando va conduciendo-, medidas penales y medidas políticas.

 

No, no se trata de buscar responsables, aunque bien podríamos hacerlo, pues tan responsable es el que intencionadamente prende el fuego como el que consiente el estado de abandono en se que encuentran los  bosques y pinares. Un bosque o pinar limpio no arde tan fácilmente, ni aunque caigan rayos o se tire una cerilla. Se trata de buscar soluciones urgentes

 

Mientras los ciudadanos no nos tomemos en serio lo del cambio climático y, sobre todo, mientras los grandes partidos políticos no se pongan de acuerdo  -lo mismo que se han puesto de acuerdo en la lucha contra el peligro de los yihadistas- y tomen medidas preventivas que salven los bosques, de nada sirven nuestros lamentos y nuestras leyes. Los bosques hay que salvarlos en invierno, utilizando todos los medios habidos y por haber  para limpiarlos –medios mecánicos, humanos, incluso animales, si es necesario (antes las cabras y las ovejas limpiaban los bosques). No nos sirve de excusa el hecho de que se produzcan incendios también en otros países del área mediterránea.

 

No es desidia solamente del gobierno actual, es desidia de todos los gobiernos, nacionales y autonómicos, y esto viene de lejos. El abandono de nuestros bosques va parejo con el abandono de nuestros pueblos y del campo, abandono que en algunas regiones de España es más desbandada que abandono. No se ha tenido en cuenta el papel que podrían jugar los pueblos y sus habitantes en el cuidado de los bosque, y al mismo tiempo que estamos acabando con miles de años de historia y quedándonos sin raíces, estamos poniendo en peligro el pequeño pulmón verde que nos rodea. De acuerdo en que  son muchas las causas que han incitado a la gente a dejar el campo y a trasladarse a las ciudades, pero es mucho también lo que podría haberse hecho precisamente facilitando la creación de pequeñas empresas dedicadas a la limpieza y poda de los bosques, que posiblemente podrían subsistir dando, al mismo tiempo, vida a nuestros pueblos. Las  muchas toneladas de biomasa que se producirían, podrían ahorrarnos muchas toneladas de combustibles fósiles y millones de divisas.

 

La conservación y cuidado de nuestros bosques no es simplemente una cuestión económica. No podemos abandonar los bosque porque no sean rentables, aunque tampoco está dicho que no lo sean. Se trata de una cuestión de supervivencia, tan importante o más que la defensa nacional, y nadie se pregunta si la defensa nacional es rentable.

 

Mientras seguimos comprando cada vez más hidroaviones para apagar el fuego, mientras sigamos poniendo en peligro la vida de muchos bomberos, mientras nuestros políticos van a consolar a las familias víctimas del fuego, porque eso queda muy bien y además se ve en la tele, cuando no hay nada que pueda consolar a las familias que han perdido su hogar o sus bienes, mientras seguimos teniendo cinco millones de parados y nuestras cárceles a tope, nuestros bosque se queman, con la excusa de que yo no podemos hacer más.

 

Mientras la desidia y la inoperancia sea la tónica de nuestra vida política, no nos extrañemos de que haya fuegos. Lo malo del fuego es que, aunque se apague, siempre quema algo.

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