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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

¿Modificar la Constitución o modificar a los partidos políticos?

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Me gustaría que algunos políticos explicaran cómo pueden compaginar esta petición con lo que ellos llaman singularidad de Cataluña, cosa que a muchos catalanes nos suena a privilegios y que, por tanto, rechazamos.

La semana pasada dije que me parecía bien que se modificara la Constitución española, siempre que se hiciera en la buena dirección, es decir hacia una mayor democracia. En estos dos últimos días han empezado a sonar tambores de guerra pidiendo modificaciones profundas, como p.e. la modificación o incluso la supresión del concierto vasco, petición que va en la dirección correcta, pues los privilegios son incompatibles en toda democracia, y que mi partido –CILUS- viene pidiendo desde hace ya cuatro años. En cualquier caso, me gustaría que algunos políticos explicaran cómo pueden compaginar esta petición con lo que ellos llaman singularidad de Cataluña, cosa que a muchos catalanes nos suena a privilegios y que, por tanto, rechazamos.

 

También dije la semana pasada que, antes de modificar la Constitución, era necesario cumplirla, pues había al menos dos puntos fundamentales de la Constitución que sonaban a letra muerta: la igualdad de todos los españoles ante la Ley y la soberanía del pueblo  español. Este último punto se encuentra reflejado ya en el artículo primero de la Constitución: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Soberano es quien tiene poder de decisión, es decir, poder para dictar leyes sin recibirlas de otro, diría Bodín.

 

No pretendo dar aquí una lección de Derecho constitucional, entre otras razones, porque no estoy capacitado. Simplemente quiero hablar de las consecuencias nefastas del incumplimiento de este principio.

 

 ¿Es realmente  soberano el pueblo español? En cuanto que cada cierto tiempo puede emitir su opinión en las elecciones, podemos decir que es soberano. Pero ahí acabó su soberanía.  El pueblo no puede intervenir directamente en la toma de decisiones, ni nombrar como representantes suyos a unas personas que llamamos políticos, ni destituirlos inmediatamente a pesar de que lleven años incumpliendo con sus obligaciones. Por tanto, ¿son los políticos representantes de los ciudadanos o de los partidos políticos? ¿Actúan los políticos de meros  representantes de los ciudadanos o actúan de señores soberanos? ¿Ha sido el ciudadano el que ha impuesto que para elegir a sus representantes se tenga que pasar necesariamente por el filtro de los partidos políticos? De momento vamos a reflexionar solamente sobre estos tres interrogantes.   

 

Cuando un político elegido incumple las directrices de su partido, puede o abandonar ese partido o ser despedido del partido. En ambos casos recibe la peyorativa designación de “tránsfuga”.  ¿Pero qué sucede cuando un político es infiel a los compromisos que tiene con sus electores, es decir está incumpliendo con las promesas que ha hecho en el programa electoral? Pues no sucede nada. En la práctica habría que calificar de tránsfugas a la mayoría de los políticos, pues se suelen olvidad de sus promesas electorales al día siguiente de su elección. El político electo tiene en España dos compromisos: uno con su partido y otro con sus electores, pero el compromiso que realmente le preocupa es el primero, pues es el que decidirá si irá en las listas del partido en las próximas elecciones. Luego, está claro que el político electo es ante todo representante su partido.

 

¿Actúan los políticos de meros  representantes de los ciudadanos o actúan de señores soberanos? El hecho de que los ciudadanos hayamos elegido a los políticos, aunque en realidad elegirlos los han elegido los aparatos de sus respectivos partidos, no les da derecho a que todas las demás condiciones de su actuación las decidan ellos. Utilizando un símil, es como si al empresario se le obligara a firmar un contrato en blanco con el trabajador que solicita trabajo, y éste pudiera fijar el sueldo que va a ganar, las horas que va a trabajar, los días de sus vacaciones, los privilegios de que va a gozar etc. etc.  

 

¿Quién sería el señor en este caso, el empresario o el trabajador? La prueba más evidente la tenemos en los recortes de tipo social aplicados durante estos últimos años por los políticos, mientras ellos subían las partidas presupuestarias de las subvenciones a los partidos políticos

 

Respecto al filtro de los partidos políticos, del que solamente se liberan las elecciones municipales en los pueblos pequeños, donde se puede elegir directamente a personas que son conocidas, se puede decir que se trata de un auténtico monopolio al excluir en la práctica cualquier otra representación, dadas las condiciones draconianas que los mismos partidos políticos han impuesto mediante la Ley electoral. (El próximo día seguiré, pues hay muchos aspectos pendientes y, sobre todo, hablaré del expolio de la soberanía de ciudadano en el ámbito de la Unión Europea). 

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