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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

Gobernar un país supone algo más que ser una estrella de televisión

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Estamos en la era de los  reality-shows. Y ahora, en época de elecciones, los debates políticos tienen que ser también lo más parecido a este tipo de programas. Se trata de ante todo de triunfar, utilizando todo tipo de argumentos, y de cuidar al máximo todo tipo de detalles. Hay que triunfar sea como sea,  por el desparpajo, por la facilidad de respuesta, por lo simpático que aparezcas.

Hay que triunfar con el traje, con la corbata, con el maquillaje, con la pose e incluso con las promesas, que después no se van a cumplir. No cabe duda de que como juego, como forma de pasar el rato y como diversión,  el show político puede resultar interesante,  pero, como forma de conocer el programa de un partido, como argumento para decidir tu voto, puede ser algo superficial y  peligroso.  En estos shows se trata de decir lo que el público quiere oír.  Si el incumplimiento de las promesas del programa electoral, es decir de unas promesas dadas por escrito,  no conlleva ninguna responsabilidad, lo dicho en un programa de televisión son palabras vanas que se lleva el viento, son humo.

 

Sé que es muy elevado el porcentaje de personas que se rige por lo que ve en la televisión, y los políticos lo saben también. Pero ¿no somos todos esclavos de la tele? En primer lugar, tanto los espectadores como los políticos  estamos a merced de las cadenas de la televisión. No, no son los políticos los que juegan el papel principal en este juego. Este papel está reservado a los periodistas, que normalmente suelen  estar sentados, mientras los políticos tienen que aguantar de pie. Los periodistas son los jueces, mientras que los políticos son los pobres alumnos que tienen que pasar el examen. Gane quien gane en el debate político, triunfante saldrá siempre el periodista y la cadena de televisión. Para las cadenas de televisión no se trata tanto de informar a los ciudadanos y de que triunfe el mejor. Para la cadena de televisión sólo se trata de elevar la cuota de audiencia. Se trata ante todo de un tema económico

 

Cuando es el señor Berlusconi con sus cadenas  de televisión uno de los que nos impone el tema, el ritmo y la samba en estos debates electorales, es como para ponerse a temblar. Toda la labor pedagógica que padres y pedagogos vienen realizando durante años,  puede  venirse abajo en media hora de televisión berlusconiana. Media hora basta para hundir al político más honesto o encumbrar al más corrupto. Si la televisión puede elevar hasta la cumbre de la popularidad a personas mediocres e incluso amorales, ¿qué no podrá hacer con los políticos?  Las mismas ansias de triunfo, ese nerviosismo  que vemos en los reality-shows, es lo que percibimos en los semblantes de los políticos televisivos.

 

Pero triunfar en la televisión ¿es garantía de  que vas a ser un gran político?  No, ni tampoco lo contrario, es decir el no triunfar en un debate político no quiere decir que vayas a ser un mal político.

 

¿Qué es lo que deberíamos saber de un político antes de  decidir si le vamos a otorgar el voto?

 

Ante todo yo no votaría nunca a un político que hace gala de lo que no tiene. Este político es, ante todo, un embaucador. Tampoco votaría a un partido que se salta la constitución, ni a un partido independentista. Pero  no me basta lo que diga, ya sea en la televisión en un mitin, y ni siquiera lo que escriba.

 

Yo votaría a un político y a un partido:

 

 

1.       que tenga espíritu conciliador, que no se dedique a insultar a los demás partidos, sino a tender puentes, sobre todos en los campos más sensibles, como el paro, la pobreza, la educación y  los desahucios, entre otros

 

2.       que tenga una auténtica democracia interna, no que diga que la tiene, y que no se sirva del aparato del partido para manipular las votaciones primarias;  Si no se tiene democracia a nivel de partido, difícilmente se va a fomentar un auténtica democracia en la sociedad;

 

3.       que antes de las elecciones me dijera con qué partidos va a pactar y con qué partido no pactará, no sea que yo le dé mi voto y luego apoye a un partido contrario a mis ideas.

 

4.       que no solamente luche contra la corrupción, sino que se aplique a sí mismo la austeridad que exige del ciudadano. El despilfarro de los partidos políticos con los dineros públicos es un  monstruo que se nos traga a todos.

 

5.       que estuviera dispuesto a apoyar las propuestas del partido contrario cuando éstas sean razonables.

 

Es lo mínimo que yo exigiría de un partido para poderlo votar en conciencia. ¿Qué partido de los que se presentan a las elecciones cumple con estos cinco requisitos? La elección no es muy variada. Y ya se cuidan muy mucho los que están dentro de que tengan todas las dificultades del mundo para entrar los que están fuera. El oligopolio, una práctica tan deleznable en economía, es la norma más corriente en la política.

 

Félix de la Fuente, Secretario de Acción Política de Ciudadanos Libres Unidos - CILUS

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