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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

Ciudadanos de la Unión tocados

No corren buenos tiempos para la integración europea. La actitud de nuestros gobernantes, la mala gestión económica,  sobre todo en estos años de crisis, tanto de las instituciones europeas como de los gobiernos nacionales, la pedagogía insolidaria tanto a nivel nacional –véase política educativa de autonomías de España-, como a nivel de la UE, la pasividad de los representantes de los ciudadanos de la Unión, es decir de los europarlamentarios, todos estos son algunos de los factores que han contribuido al escepticismo, y en muchos casos al rechazo frente a todo lo que suena a Unión Europea.


Y sin embargo, si recapacitamos un poco y somos sinceros, tenemos que confesar que, aunque nos vaya mal, si no existiera la UE, nos iría todavía peor. Baste con decir que 70 años  sin guerras en el corazón de Europa es algo que no tiene precio y que sería impensable si no hubiera existido la UE. Pero es más, me atrevería a decir que los grandes problemas que estamos sufriendo en la mayoría de los países de la UE no serían tales o no serían tan graves si hubiéramos llegado ya a una auténtica Unión política, con una política económica y fiscal común. Ni Grecia estaría sola con sus problemas, ni los rescates de Portugal e Irlanda hubieran sido tan duros, ni los bonos de Italia o de España estarían tan altos, y probablemente no habría tanto paro, pues con una política comercial auténticamente común podríamos habernos enfrentado mejor a la competencia desleal de algunos países con salarios injustos y al poder absoluto de la gran banca.  No, la solución no está en desandar lo andado en la integración europea, sino en una mayor integración: en unos Estados Unidos de Europa, en una Europa Federal o como lo queramos llamar.


Decir esto en España es nadar contracorriente. De ser los más europeístas, los españoles hemos pasado a ser de los más euroescépticos. Los españoles, lo mismo que la mayoría de los ciudadanos de la Unión nos sentimos sobre todo españoles, franceses, alemanes y muy, muy en segundo lugar nos sentimos ciudadanos europeos.  Si se ha creado una ciudadanía europea de cuarta categoría y sin contenido –de esto hablaré otro día- , es lógico que seamos pocos los que nos sentimos ciudadanos europeos. Si se nos ha dicho que nos convenía ser europeos por razones sobre todo económicas, es natural que cuando falla la economía, la UE no tenga ningún atractivo. Si los políticos nos están diciendo constantemente, cuando una cosa va mal, que la culpa la tiene Bruselas en lugar de asumir la propia responsabilidad, Bruselas se nos ha convertido en el Gran Leviatán. Pero ¿quién es Bruselas?  ¿No son sobre todo los políticos nacionales puestos a dedo por los gobiernos de los respectivos países?. Bruselas son los mismos políticos nacionales. Bruselas son en un 10% aproximadamente políticos españoles, controlados aproximadamente en un 10% por sus compañeros de partido, que son los miembros del Consejo de la UE.  Por otro lado, el Parlamento Europeo, que debería ser el defensor de los derechos de los ciudadanos, se ha quedado en defensor de los intereses de su respectivo partido,  que es quien organiza las listas electorales.  


Bruselas no es algo diferente de nuestros políticos nacionales. Los problemas son los mismos, y la solución, es por tanto, la misma.  Atacar a Europa no va a resolver nuestros problemas nacionales. Vayamos a la raíz del mal, que está en nuestras políticas y en nuestros políticos nacionales, y habremos resuelto también los problemas de la UE. 

 

¿Podemos exigir solidaridad a los países de la UE cuando estamos fomentando la insolidaridad entre las diferentes autonomías o regiones de España? La labor pedagógica a la que estamos enfrentamos no sólo a nivel de la UE sino también nivel de España es inmensa.  No se trata solamente de contenidos, sino de educación en valores y de educación hacia la solidaridad.  Después de 30 años de educación,  si no nacionalista, sí regionalista, no podemos esperar que los españoles nos sintamos solidarios con los griegos o con los portugueses, por ejemplo.

 

El ciudadano de la Unión está actualmente tocado y herido, porque lleva ya muchos años viendo cómo el estado social, tan característico de la UE, se va viniendo abajo y se van privatizando logros sociales que tanto sudor han costado. Está tocado, porque no tiene unos auténticos representantes en el Parlamento Europeo. Los partidos políticos actuales están bloqueando cualquier posibilidad de promover unos partidos transeuropeos elegidos directamente por todos los ciudadanos de la UE sin la intermediación o el filtro de los partidos políticos actuales.


El ciudadano europeo está herido, y las reacciones de un animal herido son imprevisibles.

 

Félix de la Fuente Pascual,
Secretario de Acción Política de CILUS  -Ciudadanos Libres Unidos-

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