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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

Cinco mil euros al mes: no se precisan estudios

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Es curioso que para cualquier profesión se requieran meses y años de formación específica mientras que para ser político no hace falta ninguna. ¿No creen?

No, no es el anuncio de una agencia de colocación. Es el reclamo que late en el inconsciente  de algunos -probablemente muchos- que dicen querer dedicar su vida a los demás. Si a este reclamo se añade la expectativa de otros privilegios y subvenciones, pues  -“miel sobre hojuelas”- no es de extrañar que estemos ante un puesto profesional muy codiciado.

 

Es curioso que para cualquier profesión se requieran meses y años de formación específica y se exijan unas prácticas mínimas, menos para una, por no hablar de las carreras y prácticas universitarias, como p.e. la de médico o abogado. Para ser político, y ni siquiera para ser legislador, no se requiere formación ni práctica específica. Todo el mundo vale para esto. Para el puesto de parlamentario se puede presentar cualquiera. 

 

¿Para qué esforzarse entonces y perder el tiempo en estudios universitarios, si sabes que tienes todos los triunfos para terminar marchándote al extranjero o, si te quedas en España,  para preguntarte más de una vez si merecía la pena haber estudiado, cuando hubiera resultado mucho más fácil apuntarte a un partido político y ser obediente a las órdenes del jefe? 

 

No, ni lo pienso ni lo digo que sean necesarios unos estudios universitarios para dedicarse a la política. Pero unos requisitos mínimos creo sí lo son. ¿Dejaríamos a nuestros hijos bajo la custodia de un desconocido? Pues es lo que estamos haciendo. Estamos dando poderes absolutos para que decidan sobre nuestras vidas y las de nuestros hijos, sobre nuestro porvenir, nuestros bienes, nuestra formación e incluso sobre nuestras pensiones a unas personas desconocidas que nos han impuesto?  Somos unos irresponsables, pero nos obligan a serlo.

 

Ya sé lo que me vais a decir: “Lo importante es el elegir al jefe de gobierno o al jefe de la oposición  o al cabeza de lista de los partidos”, y , tal y como están actualmente las cosas, lleváis razón. Pero entonces  ¿para qué necesitamos cientos o miles de parlamentarios, a quienes nosotros no hemos elegido, si lo único que hacen en la mayoría de los casos es levantar el brazo como autómatas en el momento de las votaciones? Lo he visto con mis propios ojos –nadie me lo ha contado-.Con que votara una persona por partido representado en el respectivo parlamento, ya sería suficiente. El resultado sería el mismo que si votaran todos, pues cada uno representaría a su partido. 

 

Prescindiendo del hecho de que actualmente sobran el 90 por ciento de los parlamentarios, unos porque no trabajan, otros porque se dedican a insultarse y otros porque –sacrosanta dictadura del partido- no tienen libertad para decidir, volvamos al punto principal: ¿cuáles son los requisitos mínimos que se deberían exigir de un representante político?

 

¿Podemos entregarnos con las manos atadas a unos representantes que en algunos casos no han dado un palo al agua en su vida, no han demostrado tener unos valores éticos, ni una responsabilidad y ni siquiera una calidad democrática?  Quizás no sean necesarios estudios, pero sí un mínimo de ética, de profesionalidad  y de democracia. No todo el mundo tiene la talla para ser político.  

 

¿Quién le pondrá el cascabel al gato? (La próxima semana seguirá)

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