Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Publicidad, que bonito nombre tienes...

Los tiempos cambian, en nuestras vidas no hay ni un solo segundo de respiro y necesitamos nuevos alicientes casi a diario; los publicistas €“en este caso gastronómicos€“ se han dado cuenta de que ellos tampoco son una excepción y de que la fecha de caducidad de sus €œobras€ es muy limitada. Quien más y quien menos habrá notado que las marcas €œpudientes€ cambian su carta de credenciales con la misma asiduidad que su ropa interior; sin embargo en ocasiones me recuerdan a los hamster cuando dan vueltas en su ruleta -la velocidad es muy alta, pero no se mueven del mismo sitio-. Con esto me refiero a los intentos de captar a ese público de gustos €œrefinados€ a cualquier precio y sin rasgarse las vestiduras a la hora de utilizar adjetivos, que en teoría deberían estar reservados para ocasiones más €œespeciales€.

Me choca muchísimo ver como se emplea indiscriminadamente la palabra €œGourmet€ €“incluso para comidas de animales€“ en spots que pretenden venderte una ensalada €œprefabricada€; hasta ahí incluso podría llegar a entenderlo, pero una vez abierto el envase, te das cuenta de que una €œtragedia nuclear a pequeña escala€ ha tenido lugar dentro de aquella lata; la €œgamba de Denia€ que aparecía en la tele, ha sufrido un proceso de reducción a manos de una tribu de €œ Jíbaros€ y ahora tiene el mismo tamaño que una €œchurrilla€ en invierno -lo que vendría a ser el nudo de un globo- , y a las lascas de atún solo le falta el sonido de las chicharras para tener el mismo aspecto que la meseta castellana en pleno agosto; pero no todo iba a ser malo, porque los vegetales aparecen cortados con una precisión milimétrica y aunque quizás no sepan a nada, siempre podrás €œechar la tarde€ montándote con ellos tu propio cubo de Rubik.

En esa misma línea, €œapuntemos con el dedo€ a todas las marcas que se sirven de anglicismos como €œPremium€, para intentar decirnos que son de alta gama; el problema es que ahora parece ser, que en nuestra vida todo tiene que ser premium y que por ejemplo un Gin Tonic tendría el mismo sentido que un videoclip de reggaeton sin chicas con las €œgalletas operadas€, si no llevase además de las consabidas primeras marcas en ginebra y tónica, el toque personal del barman, que oscilará entre la rodaja de pepino en su gama más baja, la macedonia de frutas exóticas en los locales €œde moda€, y las selvas amazónicas en las que solo falta Tarzán colgándose entre sus palos, ramas y flores, de los sitios más "Vip".

A €œcalzón quitado€ bajamos al barro de verdad y damos un toque de atención a quien corresponda, para que corte de raíz el uso de las palabras €œcasero€ y €œ de la abuela€ en cualquier envase , sin €œhaberse lavado€ la boca antes; es una vergĂźenza que se catalogue como tal a esa croqueta, en la que dos briznas de pollo han caído presas de unas arenas movedizas -a las que llaman bechamel-, para luego ser rebozadas en una mezcla de pan rallado y arena de playa.

Podría estar citando ejemplos durante dos vidas, como el caso de la empanadilla con su atún flotando en un €œmar€ de tomate y su €œsalvavidas€ de clara de huevo , o la paella de guisantes y mejillones; pero voy a cerrar este apartado con los caldos de brick, esa especie de €œaguas sucias€ con sabores farmacéuticos, envasadas y rotuladas como si de un cuento para niños se tratase -señoras mayores con verrugas y moño dibujadas a carboncillo o la silueta de animales tipo el €œgallo de Los Trotamúsicos €œ- . Si eso es lo que las marcas entienden por casero y si un cantante, reconvertido en presentador de televisión , nos tiene que hacer el caldo para nuestra sopa, mal vamos...

Como todas estas carreras en busca de la innovación publicitaria me ponen un poco de los nervios , hoy me apetece cerrar con el otro extremo, con la B-side de la publicidad; y es que hay pocas cosas tan apasionantes como pasear por las ciudades y disfrutar con esa especie de €œrealidad aumentada€, que simbolizan los carteles de los platos combinados €“muchas veces tan raídos que parecen fotos veladas y/o de los niños de la guerra- , en los que la tortilla francesa aparenta ser la alfombra de Aladín, el filete de ternera la funda del sofá de Lady Gaga y los calamares pertenecen al bicho de €œveinte mil leguas de viaje submarino€; el símil de las salchichas prefiero que lo hagáis vosotros....

Os dejo que están llamando a la puerta, debe ser Punset que me trae un paquete de pan 100% natural€Ś #quehorror


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