Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

La Hamburguesa: El retorno

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En muy poco tiempo han pasado de tener el cartel de comida basura a ser el estandarte en el que cimentar la imagen y la reputación de cualquier gastrobar que se precie. Aparecen adornadas y vestidas de gala para la ocasión y sus autores piensan que han descubierto América, por tratar de dignificar un plato facilón de necesidad y cuya única problemática radica – como en la mayoría de las cosas-, en usar una buena materia prima. Son las Hamburguesas y hoy vamos a seguir enumerando las que debemos evitar a toda costa.

El pasado viernes os hablaba de las Diógenes, las NaturHouse, las Pijas y las Travesti Silencioso; pero me faltaron tiempo y espacio para seguir analizando otras subespecies, que como consumidor y como mente fría y calculadora, no contemplo consumir bajo ningún concepto, aunque corra el riesgo de sufrir exclusión social. Vamos a por ellas.

 

Las de Unicornio: O hamburguesas mitológicas.

Hace un par de años vivimos la fiebre de unos bueyes, venidos de tierras lejanas y que conquistaron los paladares más selectos, bajo la premisa de una infiltración digna de una película de espías rusos, debida a que recibían masajes de manos de gastrogeishas, bebían mejor que un botellón de canis y por si fuera poco, escuchaban música con cascos cantosos como los modernos.

 

Poco a poco el desconocimiento de la gente e incluso el del hostelero de turno, se han ido subsanando y ha remitido aquello de vender lo que no es. La palabra Kobe empieza a desaparecer de las cartas –incluidas las hamburguesas más gourmet-, aunque aún se puedan seguir leyendo aberraciones como “Buey de Kobe (más conocido como Wagyu)“. Cuando veáis cosas así, sacad un boli y escribidle al lado, “ole tus huevos toreros (más conocido como, vaya morro tienes)”.

 

Y ya que estamos, no hace falta irse tan lejos para hablar de bueyes, y ni tan siquiera apellidarlos; todo el mundo sabe que en España se cuentan con los dedos de las manos y, sin embargo, el 90% de los restaurantes usan ese término para nombrar a la vaca vieja. Pero como no se trata de caballo, aquí nadie dice nada.

 

Las pareja en crisis. No soy yo, eres tú.

Cada vez son más los locales que preguntan por el punto en el que quieres la carne, pero son pocos los que ejecutan fielmente lo que les indicas. De repente la hamburguesa al punto puede sangrar como un gladiador en la arena, la poco hecha, tener el aspecto de los pies de un peregrino al terminar el camino de Santiago y la hecha, convertirse en la estampa de la meseta castellana en pleno agosto. Preguntan por cortesía para luego no hacer ni caso. No se sabe de quien es la culpa, pero lo que está claro es que en esa pareja falla la comunicación.

 

No seré yo quien os empuje al canibalismo, pero las hamburguesas poco hechas saben mucho mejor; así que evitad las suelas de zapato revenidas. Los tiempos de Charlot comiéndose la suelas ya pasaron a la historia.

 

Las Pulgarcito: No me gusta que a los toros, te lleves la minihamburguesa.

El refranero español a veces hace mucho daño; todo el mundo parece que tiene interiorizado el concepto de “menos es más” o el de “ las grandes esencias vienen en frascos pequeños”; pero a veces son tan pequeños que no permiten apreciarlas.

 

Últimamente, y por aquellas cosas de la dieta, nos rodeamos de un montón de productos en versión mini. Desde los minidonuts, pasando por las minitartas y terminando por las minipizzas.

 

Tanto minimalismo, además de sacarme un poco de quicio, me parece una soberana patochada, y más aún cuando lo aplican a la hamburguesa. Venderla como algo de dos bocados no tiene mucho sentido, y sobre todo cuando intentan meterle dentro tantas cosas que, como solo pueden apilarlas a lo alto, aquello termina pareciendo el skyline de Benidorm.

 

Las BERSHKA: O como comer lo mismo que todo el mundo

Y para el final me dejo las peores de todas; las que afectan tanto a los que las piden en restaurantes y bares de tapas, como a los que se las cocinan en sus casas.

 

Pero en este caso me dirijo a ti, que la vas a preparar esta noche para celebrar que ya es fin de semana: Haz el favor de dejarte de bandejitas con filetes de corchopan, fabricados hace lustros y especiados para que no tengan personalidad ni identidad propia. Acércate a la carnicería de tu barrio, esa de confianza donde te conocen por tu nombre o al menos de vista y pide que te piquen el trozo de carne que más te apetezca. Incluso se lo puedes señalar con el dedo como Colón. De esa forma te aseguras saber lo que estás comiendo, además de sentir que es tu hamburguesa y no otra más en una cadena, que busca gustar y hacer sentir bien a todo el mundo. No permitas que lo homogeneicen todo.

 

Además tampoco es tan difícil moldear y customizarte unos trozos de carne picada, tu familia y tus amigos merecen esa dedicación.

 

Amén

 

Twitter: @DavidMonaguillo

email: pecadosmonaguillo@gmail.com

Comentarios

suso mendez 22/03/2013 20:19 #1
Cojo-nudo el artículo, cojo por mi parte porqué no había leído la primera parte, nudo, y de los gordianos, la clave del artículo. Efectivamente el gastrobar que se precie y no ofrezca hamburguesa con nombre y apellidos ni es gastrobar ni es nada, es una simple hamburguesería o bar de barrio. Pero como sigamos así, dando gato por liebre y kobe por vaca vieja, acabaremos como los directores de cajas de ahorro, expulsados de su propio edificio (desahuciados). Y, sinceramente, STOP a los desahucios. Pero, ¿seremos capaces de "cortar el nudo gordiano" y resolver tajantemente y sin contemplaciones el "problema"?. Creo que si, unos buenos filetes rusos, como los de las yayas.

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