Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Fuck food

Hace unas semanas José Carlos Capel destapaba en sus gastronotas una de esos fusilamientos a la cocina española, que se cometen en el nombre del fast food; en este caso se trataba de una empresa que “perpetra” paellas en las calles de Londres, incluyendo entre sus ingredientes: soja, mostaza, arroz precodido y cebolla cruda una vez terminada. Ese artículo provoco una mezcla entre incredulidad y “calentones adolescentes”, porque somos de sangre caliente y por lo nuestro, nos partimos la cara como fans de Justin Bieber; pero donde la gente ve un ataque a la gastronomía española, yo solo acierto a divisar el intento de adaptar un plato al mayor numero de clientes posible, sin atender a otro criterio que no sea el puramente económico, consiguiendo así un producto “lowcost”, que se vende como las Macarena entre el publico “guiri”.

Hablar de comida basura es viajar por el mundo a base de falsificaciones, imposturas, productos “malimportados”, creencias populares y “estos curas no son mi padre”. Nuestras ciudades están llenas de negocios que ofrecen hamburguesas a base de carnes “de mierda”, pizzas preparadas por universitarios con gorrita, kebabs cocinados en sitios infectos que harían cagarse al mismísimo Superman sin llevar kryptonita entre sus ingredientes y bocatas servidos a domicilio por figurantes de videoclip de Andy y Lucas, pero ¡oigan! ¡La paella no me la toquen!

Cierto es que ese arroz especiado nada tiene que ver con una paella pero, ¿acaso no hace bastante más daño a nuestra imagen como destino gastronómico, esa cadena -española- de arroces precocinados, que empezó a extenderse hace unos años años por el centro de nuestras ciudades y que los vende como si estuvieran preparados por Quique Dacosta?

Esas paellas - como volantes de camión -, deberían servirse con una guarnición de siete latigazos y una carta pidiendo perdón a los “chiringuitos” del levante español... ¿qué será lo siguiente?, ¿el pulpo a la gallegador? ¿El fabadador?

De todos modos, viéndolo por el lado positivo, es super útil que las gambas, los calamares y los mejillones vengan contados –salen a uno por cabeza- y perfectamente distribuidos; de esa forma evitamos que los amigos gorrones nos quiten lo que es nuestro, amparándose en el yo pensaba....

Puestos a abrir el abanico del “fuck-food”, ¿por qué no incluimos a los pollos “mal-asados”? ¿o los restaurantes que te ofertan 20 tipos de pasta, y toda sale del mismo paquete?, ¿o las ferias de la cerveza donde se sirven salchichas inmundas?, ¿o las franquicias de “lo que sea”, pero pringado en salsa barbacoa? Tengo la sensación de que a veces nuestro criterio gastronómico no va mucho más allá de limpiarnos con una servilleta de tela y poder tomarnos un chupito en vaso helado después de comer...

Por cierto, ¿qué coño está pasando con esos locales donde llevabas a tus ligues a tomar “ese café traicionero”?; ahora resulta que están sustituyendo los cuadros de Van Gogh por una especie de bodegones del siglo XXI en los que aparecen paninis, picolinis... discos de Maritrini, y así no hay quien “pille”!!! Y es que hablar de amor en un sitio donde huele a bacon, es de todo menos serio...

Twitter: @DavidMonaguillo
pecadosmonaguillo@gmail.com

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: