Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca€Ś

Desde hace unos meses en los mentideros gastronómicos no se habla de otra cosa; los €œmoderados€ optan por pasar la pelota, mirar para otro lado y seguir en la misma línea continuista, pero cada vez son más los que alzan la voz pidiendo alguna forma de regularlo, más allá del criterio del hostelero y del sentido común de los propios padres. Estoy hablando de los niños y su papel en los restaurantes.

Para algunos estará mal visto, otros pensarán que pudiera ser un tanto contraproducente €“y más en estos tiempos-, pero estoy casi seguro de que en los próximos meses asistiremos a un goteo de locales que optarán por €œinsinuar€ a sus clientes que los niños no son del todo €œbien recibidos€ €“lo que viene a ser €œhacerse un Herodes€- y más aún en el caso de tener por hijo un híbrido entre Joselito y Marisol.

Partimos de la base de que si en un local encuentras ambiente hostil, eres libre de irte a otro, pero hay ocasiones en las que €œChicho Terremoto€ entra por la puerta cuando ya te has tomado el aperitivo y evidentemente a esas alturas de la película ya es difícil levantarse y marcharse; así que por mi parte me parecerían totalmente lícitas este tipo de €œrecomendaciones€.

Una vez detectado el €œquerubín€, aún nos falta descubrir el castigo al que vamos a ser sometidos durante ese par de horas, y que variará entre aguantar estoicamente al niño soltando unos lagrimones como peras de agua €“sin motivo aparente€“, que el restaurante se convierta en un parkitren con su piscina de bolas, en un campamento de verano con gymkanas o que te obliguen a escuchar la discografía de los Pitufos Makineros y El Cantajuegos con B-sides incluidas; y como no podía ser de otro modo, todo eso ante la pasividad de sus padres, porque al igual que el iPhone viene con el €œmodo avión€, algunos progenitores traen activada de serie la opción submarino para sumergirse en su mundo y no enterarse de nada.

Una vez conocidos los puntos fuertes de nuestro €œenemigo€ será el momento de solucionarlo y para ello os recomiendo empezar por mirar a los padres con cara de €œtienes unos niños guapísimos, pero estarían más bonitos aún con su abuelita y/o niñera€œ; si eso no surte efecto pasaremos a hacerlo con la cara del que mató a Bin Laden, acompañándola de tosidos cortos y continuados; y si con todas y con esa siguen sin remediar la situación, lo mejor es ponerse el disfraz de chivato y darle un toque al jefe de sala, que para aquel entonces ya será consciente del guirigay y estará esperando la más mínima queja de un cliente para poder obrar con mayor libertad. Aunque en ocasiones esto le va a costar algún que otro disgusto, porque los padres €œmodernos€ tienden a no encajar muy bien las quejas.

Pero todos estos comportamientos tienen un problema de base y es la educación de los pequeños a la hora de comer; si en sus propias casas para que lo hagan sin rechistar demasiado, se les permite que tengan la Nintendo DS en la otra mano, es muy posible que en el restaurante ante la mirada de todo el anfiteatro, se crezcan un poco más y necesiten la Play3 con pantalla de 50€.

Y para finalizar, desde aquí quiero lanzar un €œactuable€ sobre los menús infantiles en los restaurantes; me gustaría que cuando sea padre, mi hijo tenga algo más donde elegir, que huevo frito, patatas fritas o lo que sea rebozado y frito; porque tengo la sensación de que si le perdiera de vista más de cinco minutos, el camarero me lo devolvería pasado por pasta orly...


Twitter: @DavidMonaguillo
pecadosmonaguillo@gmail.com

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