Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

El amante guisante...

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Llevo unos meses viendo como prolifera en algunos blogs de referencia, el uso de conservas en sus recetas. Hasta aquí todo bien, incluso diría que terriblemente perfecto, conocidos los precios más que dignos y la calidad de algunas; pero se da la circunstancia de que los productos que utilizan, no solo son ramplones, sino que además se encuentran en plena temporada y, por esto último, sí que no paso.

Soy el primero que carga sus alforjas de atún cuando viajo a Cádiz, no me pienso dos veces “subirme al moro” y volver “relleno” de anchoas cuando estoy por el norte, pero hasta ahí; y es que no entiendo como personas que crean una web para compartir, difundir e intentar acristianar a sus seguidores, tienen los huevos toreros de usar una lata de guisantes decolorados y famélicos en plena temporada.

 

Todo el mundo no trae de serie el gen de la gracia, la espontaneidad, el salero y el caradurismo bien entendido de Falsarius. Y para más Inri no viven en Cádiz. Sólo él puede abrir un bote de alubias y, previo paso por el túnel de lavado, mezclarlo con una lata de calamares en salsa americana, otra de cebolla frita, para terminar muriendo de gloria rebautizándolo como Guiso marinero a la Obama. Es un elegido, un gastrochirigotero, un fenómeno; cualquiera que intente seguir sus pasos, posiblemente fracasará y hará el ridículo.

 

Pero volviendo al hecho de usar conservas de dudosa “legitimidad”, a mí me ha dado por hacer un ejercicio mental e intentar rescatar las que sufren los mayores daños en su proceso de embotado y aquellas que llegan a los lineales, convertidas en lo que nunca soñaron ser, dando lugar al ranking de las conservas más mancilladas.

 

 

4- Guisantes : Qué fácil es sacarle los colores.

 

Son la viva estampa del maltrato en estado puro. Preciosas y juguetonas esferas verdes que transpiran primavera, luz y color, son depositadas en un armazón de metal, para, tras un proceso de cocción digno de una carrillera, salir convertidas en seres rancios, arrugados, grises, desangelados y desposeídos de cualquier resto de gracia. Un despropósito solo apto para paladares poco exigentes.

 

 

3- Espárragos: El efecto morcillón.

 

Cierto es, que muchos se empeñan en que comamos la verdura “al dente” y en ocasiones se les va la mano, hasta el punto de que cualquier día servirán en sus restaurantes un trozo de corteza de melón piel de sapo; pero aquel mítico anuncio de Carretilla, en el que se “hacían un Garganta profunda”, ya nos advirtió del proceso de expoliación de su textura al que suelen someterlos. Cualquiera que haya comido un espárrago blanco fresco, sabe que son pocas las marcas que no erradican su “espíritu”, al embalsamarlos y cocerlos en la correspondiente salmuera curativa. Es como si los metieran en la piscina de Cocoon, pero al revés.

 

 

 

 

2- Los bivalvos:  GastroInfanticidios regulados.

 

Abrir una lata de mejillones siempre ha sido uno de los momentos más difíciles en la vida de un hombre. Al peligro de salpicaduras que amenazan con convertir tu camiseta preferida, en la Síndone de Turín, se le suma la inseguridad de no saber qué te vas a encontrar allí. En ocasiones y por aquellas cosas del ahorro, nos topamos – tanto en mejillones, como en berberechos y demás bivalvos) unos ejemplares que parecen haber sufrido prácticas más propias de los jíbaros, que de un proceso de conservación.

Hay pocas cosas tan denigrantes como sacar una conserva de mala calidad a tus visitas, así que al menos abridla en la cocina.

 

1- La alcachofa: El oscuro objeto del deseo.

 

Como no podía ser de otra forma y para demostrar que conservas más damnificadas son las vegetales, el número uno se lo lleva la alcachofa.

De todos es sabido el proceso tan dantesco de oxidación que sufre esta verdura; pero de ahí a sumergirlas en ese líquido del diablo que arruina todo su sabor, va un mundo. Su interés gastronómico para mi es nulo, así que cuando un bote cae en mis manos, por culpa de alguna cesta de navidad a mala idea – suelen etiquetarlas como corazones, pero más bien deberían llamarlos hígados de alcachofa-, las uso para después de los chupitos de tequila, porque de acidez van sobradas.

En términos televisivos, su proceso de elaboración sería tipo Lluvia de Estrellas; por la puerta, entra un niño prodigio y, minutos más tarde, tras ser maquillado, vuelve a salir entre el humo con la cara de Sara Montiel.

 

Una vez completado el ranking, solo me queda soltaros el responso de turno. Si vais a usar conservas, aseguraos de la calidad y no apuréis mucho con el precio para evitar sorpresas; y ante la duda, lo mejor es disfrutar de esos productos cuando están en temporada. Esa es la única forma de comerlos en todo su esplendor y sin tener que vender un riñón para pagarlos. Otra cosa es que lo hagáis por pereza, y no, eso no... :)

 

Amén

 

Twitter: @DavidMonaguillo

email: pecadosmonaguillo@gmail.com

 

Comentarios

Ratamala 05/04/2013 19:02 #2
Los guisantes en lata son los mocos verdes y moldeados de la gastronomía. No digo más.
Loly 05/04/2013 11:06 #1
Es cierto! Lo de los guisantes es un pecao, aunque yo uso los de lata cuando no están en temporada, mea culpa, se pueden congelar frescos para ir usandolos, pero nunca me acuerdo. Lo de las alcachofas y los espárragos no puedo con ello, se parecen a las frescas como un huevo a una castaña...ni las de mejores marcas, la verdad....en fin! Un saludo. A consumir productos de temporada y viva el comercio de cercanías!!

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