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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Y ahora, ¿qué?

Si Peter Jackson pudo hacer su brillantísima trilogía del Señor de los Anillos, ¿por qué no voy a poder hacer yo lo mismo con los felizmente terminados Juegos Olímpicos de Londres? De los productores de “Ser cuartos” y “Ser terceros”, llega el esperadísimo “Y ahora, ¿qué?”. Allá va. Para empezar, agradecimiento sincero para todos aquellos, legión, que en los últimos días os habéis interesado por mí. Estoy bien. Como habréis supuesto, logré, por fin, escabullirme del sofá que absorbido me tuvo durante esos inolvidables 17 días. Fue duro, no creáis. A primera hora de la dominical jornada de clausura, el canalla buscó chantajearme con las cuatro sillas de Ikea que no habían entrado en contacto conmigo en las últimas dos semanas. “Si te vas, las desmonto”, amenazó. “No creo que lo puedas hacer más que nada porque no sabes dónde está la llave Alen y sin ella, ya sabes, no hay tu tía”, contraataqué con desaforada dureza. Desarmado y cautivo, el sofá se desmoronó, pero conmigo dentro, por lo que a duras penas llegué a ver la extraordinaria final de baloncesto.

Aún a la hora en que las Spice cantaban, o así, al este de Londres, andaba mi sofá pidiendo rescate por mi liberación. Para ser honesto, he de decir que me sentí bastante bien valorado y que Estocolmo me empezó a parecer un buen destino vacacional. Sin embargo, y tras detener al intermediario que iba por el medio del pasillo con un maletín cargado de billetes, me dejé de síndromes y logré zafarme de él aprovechando que en la tele ponían un anuncio de colchones con el que mi sofá se puso celosón. “Nos vemos en Río”, creo recordar que gritaba mientras los cuatro cojines salían en mi busca. Recuperé la libertad, pero aún no mi forma natural de andar y menos todavía simplemente la de estar. Desde última hora del domingo todavía mantengo mi aspecto de sentado. Cómodo para algunas cosas, incluso para la que están pensando, incómodo para la mayoría de las otras. Mi cabeza, por su parte, empieza a dejar de ser plana y de las 40 pulgadas de los últimos días me quedan más o menos 27 o así. Eso sí, mi nariz, de natural grecorromana, se me ha quedado más propia de la que calzaban los respingones árabes del norte.

Una vez fuera del absorbente sofá, tiempo para reflexionar: Me lo he pasado como un enano, han sido los Juegos más vistos de la historia, al menos, de la mía, y eso que aquello de Barcelona era muy complicado de superar. El peor momento lo viví, de largo, con los pobres chavales de balonmano y su injustísima derrota de última hora ante los franceses. Tardé en recuperarme, si es que lo he hecho ya, que todavía no estoy seguro. Fue uno de esos momentos en los que envidio a mis amigos, esos a los que estas cosas les dan absolutamente igual. Por un momento, quise ser uno de ellos, pero de pronto un tirador de Tomelloso me volvió a atrapar en un soñado bucle de emoción constante. He vibrado con deportes de los que desconozco por completo sus reglas y me he sorprendido, contrariado, al madrugar para presenciar el cuarto puesto de una piragüista de la mágica península del Morrazo a la que no conozco de casi nada. He podido comprobar, de nuevo con orgullo y satisfacción, que a la mayoría de las mujeres les pirra la natación sincronizada y la gimnasia rítmica. Me he dado cuenta, por cierto, que a mí también y he perdido un momentín en asegurarme que sigo siendo hombre. Certificado el irrefutable hecho, he podido constatar que mis ojos han visto al mejor equipo de baloncesto que este país pueda tener jamás en una de sus últimas y más brutales prestaciones a la satisfacción del común, y he disfrutado con el poder femenino. El deporte, por fin, reflejo de la vida misma. Ellas, siempre, por encima de nosotros. No en lo que más notoriedad posee, el fútbol por ejemplo, pero sí en el deporte más fantástico de todos los que controlo, el duro y noble balonmano, y en el más cansado y sacrificado que mi mente pueda llegar a comprender, el simpar waterpolo. La vida misma, insisto.

En fin, que queda mucho para Río y aquello, con las cinco horitas de diferencia –ya lo he mirado-, no será lo mismo. Ahora, el silencio más absoluto para nuestros héroes y héroas anónimos, muchos de los cuales malvivirán durante los próximos cuatro años para llegar a jugarse su futuro en 35 o 37 segundos de nada. Ahora, el olvido más total para esos que aguantan críticas, injustísimas las más, de aficionados de sofá con poder y mando en plaza. Ahora, y sin apenas descanso, el fútbol. Qué rollo el fútbol, ¿no?

 

DESAPUNTES

- No aprendemos: Nos siguen provocando y no hacemos nada para evitarlo. Ésta solo es la penúltima de tantas. La más reciente. Caja de Ávila, una de las siete de la nacionalizada Bankia, ha cambiado de cúpula de poder. ¿Que a quién ha puesto de presidente? Al secretario general del PP de Ávila. ¿Que a quién de vicepresidente? Al secretario provincial de UGT de la provincia. País.

- Todos a la cárcel: Que se lleven a la trena al iluminado de Sánchez Gordillo, pero, por favor, que no sea el primero. Y, si puede ser, que no sea el segundo. Vamos, que si no es mucho pedir, que no sea el tercero. Que si ven que tal, que no sea el cuarto. Y que si tienen un poquito de decoro, que no sea el quinto. GRACIAS mil.

- Imprescindible: Querría haber escrito esto mismo, pero Millás se me ha adelantado. Y que conste que no es la primera vez que sucede.

- Pregunta incómoda: ¿Alguien sabe cómo es posible vivir con 426 euros al mes?

- Refranes desmentidos: En agosto, frío al rostro.

- Solo para atléticos: Si alguien no lo remedia, comenzaremos la Liga este domingo y acabaremos ese partido ante el Levante en Valencia ya en lunes. Medianoche, en el descanso. “A las doce, suelo estar dormido”, ha dicho el gran Falcao con buen criterio. Esperemos que este domingo le dé por trasnochar. 

 

CONTRA LA PARED

Pintada Salamanca

¿Y a la mujer?

 

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

 

Últimamente soy una esponja. Leo, escucho, a veces hasta compro, y casi siempre, disfruto con lo hasta hace nada desconocido. Spotify es uno de los inventos del milenio y bien que me aprovecho de ello. Entre las últimas referencias musicales, Crybaby, el nombre bajo el que se esconde un tipo de Bristol que me suena tanto a tantos que me gustan, que no podía hacer otra cosa que gustarme.

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