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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Polis de guardería

No me cambiaría por ninguno de mis amigos profesores. Ni por sus dos meses de vacaciones en verano, más de tres en total a lo largo del curso, ni por sus puentes superlativos. Ni siquiera por sus sueldos, generalmente dignos. Ni hablar. Como mucho, podría sentir cierta envidia por mis amigos que dan sus clases en la Universidad, con público, en ocasiones, hasta favorable; pero por los otros, nada de nada. Me podría llegar a gustar enseñar algo a esos millones de chavales normalitos que ocupan las aulas españolas, pero educar a miles de niñatos consentidos, fieles reflejos de padres aprovechados y perdonavidas, no tiene precio alguno.

Están de moda, a su pesar, los profesores. Les han sacado la letra pequeña de sus contratos y eso no suele gustar, especialmente cuando esa letra no es del todo cierta y cuenta con algún que otro error ortográfico. Decir que alguien, por contrato, trabaja 20 horas a la semana sólo puede buscar el enlatado aplauso de la cla de turno.

De la aclaración posterior de que hay otras 17’5 de trabajo en el centro educativo, no todo el mundo se ha enterado. La sospecha ha calado. Objetivo cumplido. Que quede claro que aprovechados hay también en la educación española. Y muchos, aseguran quienes sufren, habitualmente en silencio, las habituales bajas injustificadas de sus mal llamados compañeros.

Que les echen a ellos, a los que no cumplen con su trabajo, a los que defraudan, pero que no corten así, sin orden ni concierto, sobre todo porque el tufillo al favorecimiento a amiguetes de la educación y/o sanidad privada empieza a oler de lejos. Hay que recortar, nos dicen. Y lo empiezan a hacer en profesores. Podemos intuir lo próximo. Se me ocurre una lista de cien apartados en los que meter la tijera, pero, pese a lo que dicen por ahí, el ciberespacio también tiene sus lindes y si no, ya está la autocensura para ponerlos.

En todo caso, y ahora que miro el reloj, qué bonito ha de ser eso de tener un número concreto de horas por contrato, hacerlas y punto. Y pensar que en tiempos me hacía las horas semanales de mi contrato de periodista raso en dos o tres días. Y nunca protestamos, al menos yo. Siempre hemos preferido contar que otros protestaban. Así nos va.

DESAPUNTES

Cuando no voy a los toros, no me entero ni de que hay toros. El asunto se nos muere y nadie, ni los que viven de ello, hacen nada por evitarlo.

Sé que llego tarde, pero nunca es lo suficiente para un caso como el que nos ocupa. La semana pasada salieron a la luz los bienes que poseen nuestros padres de la patria. Si los que me mandan, además de estar forrados, son honestos y gestionan bien mi país, a mí como si se compran el mundo. Ahora bien, si los que me piden que haga esfuerzos para arreglar lo que muchos de ellos han ayudado a causar, están podridos de pasta, la indignación sube por momentos. En ese caso, nos siguen provocando. Por si tienen tiempo, les aseguro que es muy curioso entrar en las páginas web de Congreso y Senado y echarse unas risas.

Sólo para atléticos: Ese Diego promete más que un político en campaña electoral.

Contra la pared

El sitio de mi recreo. No tan genial como el de Antonio Vega, pero casi.

Música para llevarse a una isla desierta...o a Castellón

Acabo de descubrir a Fabián y antes de hacerlo no sabía ni que era de León. En las últimas semanas, he oído tanto sus canciones que Spotify me pide dinero por hacerlo de nuevo. Por ese motivo, sólo por ese, le engaño a ratos con el Myspace. Me gusta su música sencilla y su voz mezcla de Javier Álvarez y Xoel López con ramalazos de Albert Pla. Me tranquiliza saber que le echarían a las primeras de cambio si en la peor de sus pesadillas pasara el cásting de la 34ª edición de Operación Triunfo.

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