Fernando rodriguez original original

Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Nos siguen provocando

Jamás en mi vida había pasado tanto calor en Galicia como este pasado fin de semana. Y que conste que no era la primera vez que trasladaba mi cuerpo al borde del Atlántico a hacer compañía a mi espíritu, dejado allí hace tiempo de la mano de casi todos, incluso de la de Dios mismo. Estuve en una playa de las de cuento y cuando me introduje en el mar -frío, sólo faltaba- me pregunté si ya era octubre o si en pleno mes de julio me encontraba. A falta de gente, una legión de mosquitos, enloquecidos, obviamente, por el cambio postclimático en el que nos encontramos. Al fondo, un grupo de calderones se empeñaron en acercarme al paraíso. Tanto me aproximé a ellos que aprovecharon para preguntarme si era verdad que estábamos más cerca de la noche más larga que del día más pleno. Confirmé sus sospechas y se fueron, cual pequeños delfines, por donde habían venido.

Recordé, ante aquella esplendente presencia, esas anuales imágenes de playas atiborradas, de luchas por un centímetro cuadrado de arena, de sombrillas cual banderas en territorio conquistado, de modernísimos dispositivos antihurtos de mochilas desprevenidas; y sonreí a mi fortuna. Me suele pasar siempre frente al mar. Casi siempre, en Galicia. A propósito, si alguien quiere saber en qué rincón concreto del original edén me encontraba, que me lo pregunte ahí abajo donde figuran los comentarios, que por ahora prefiero no hacerle publicidad al idílico lugar, no vaya a ser que me lo quiten.

De mañana, casi ya de vuelta, en Santiago, visita a la Cidade da Cultura. Grandiosidad arquitectónica proyectada en época de vacas gordas. En la actual, de ternerines famélicos, pelín grandilocuente. Hay lío allá en Galicia por el dineral que costó aquel inacabado proyecto, aún en obras. Porque el presupuesto inicial se fue hinchando cual burbuja inmobiliaria y porque algunos milloncejos se han ido despistando por el camino. Uno de los más lúcidos de mis compañeros de viaje, acordose ante aquella pantagruélica visión del cinco por ciento de descuento en su nómina universitaria. Yo, descontado hace tiempo, no encontré motivos ni para quitarle la razón ni para acortarle el enfado. Y pensé, provinciano y relativo que es uno, en nuestro CAEM, ese contenedor (sic) cultural de los varios millones de euros. Ese, permítanme denominarle pocosusos, con metros y metros cuadrados de penetrante silencio y aterida frialdad.

Da dolor de corazón pensar en el dinero que se ha escapado por ahí. Ese mismo dolor baja un poco más, en concreto en dirección a la entrepierna, cuando uno escucha las indemnizaciones que va a pagar el Estado a los antiguos mandamases de algunas cajas de ahorro. Nos siguen provocando. Cada vez lo creo con más convicción. A pies juntillas diría incluso, pese a mi tendencia peatonal claramente divergente. Resulta mucho más que indignante que, por ejemplo, el Estado pueda haber pagado ocho millones de euros en concepto de prejubilación e indemnización al ex director general de Novacaixa Galicia, a la que el susodicho ha dejado, por cierto, en la más absoluta de las ruinas. Otros directivos, con nombres y apellidos, se han llevado poco menos por lo mismo. Entre los más buscados los situaba yo, con foto y todo, junto a esa gerifalte de la extinta CAM que se puso un sueldo anual vitalicio de trescientos y pico mil euros poco antes de ser despedida de su cargo.

Poco ha pasado. Y poco pasa. Al menos, queda el consuelo de que en la columna de exportaciones de nuestro balance exterior se ha colado la indignación, uno de nuestros grandes productos nacionales, nada bruto por cierto. Después de ver que en Nueva York también se plantan, me siento más próximo a la capital del mundo, si es que eso fuera aún posible. Acabo como empecé y como, me temo, tendré que seguir: Nos siguen provocando.

DESAPUNTES

- Demasiado cierto para ser verdad. “Bob Esponja media durante una pelea entre Mini Mousse y Dora la Exploradora”. Que lo investigue el Inspector Gadget. http://www.que.es/madrid/201110022041-esponja-media-durante-pelea-entre-cont.html?anker_1

- Perfecta metáfora de la mejor música española de la actualidad en la madrugada del viernes. Asistí, no éramos más de 20, al concierto que dio el leonés Fabián en El Savor, el mítico bar de mi ciudad. El recital, emocionante hasta decir basta. Llegué a él, como muchos, a través de una reseña en el “Babelia”, el suplemento cultural de “El País”. Un minuto después estaba consultando su página en Internet (www.fabiandc.com), en la que deja que escuchemos todas sus canciones cuantas veces queramos. Al final, pagué por su concierto, por dos cervezas y por uno de los discos que vendía tras su actuación. Autogestión pura y dura. Y a todo esto, Bisbal forrao y los de la SGAE, a gorrazos.

 

CONTRA LA PARED

En el bocadillo creo leer “Smile”. Conclusión: La cebra que ríe.

 

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

 

La primera y única vez que lloré en el Calderón, Fernando Torres era un niño de solo siete años. No había balón de por medio ni rayas blancas y rojas. Tocaban los Dire Straits, el grupazo de mi inacabada adolescencia. Podría sacar aquí cien demostraciones del talento de Knopfler y sus amigos, todas ellas, por cierto, antes de que alguien le llevara por los aburridísimos terrenos del jodido country. Pero la que aparece en imágenes es, posiblemente, la que más veces haya visto. Y jamás me cansaré. Cita de tres gigantes en junio de 1988: dos, el propio Knopfler y el simpar Clapton, sobre el escenario. El tercero, el homenajeado, el ejemplar Nelson Mandela. Compartan mi alegría, aunque no estén frente al mar gallego.

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