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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

España no es Europa

Leo en la fantástica página que alberga este modesto blog una sección en la que afamados salmantinos cuentan cómo son sus vacaciones. Espero la llamada de mis compañeros pero nunca llega. No seré muy afamado, intuyo. No me resisto y apago y vuelvo a encender el móvil. Compruebo que tengo batería y, literalmente, me revienta, pero nadie llama. No acabo de entender que no estén interesados en qué estoy haciendo lejos de mi ciudad. Me extraña tanto… que me da por escribirlo directamente.

Siempre pensé que Perpignan no existía. Que sólo era ese lugar en el que nuestros padres descubrieron a Emmanuelle. Llevo horas en esta ciudad buscando un cine y únicamente he encontrado un video club en el que Harry Potter también es el amo. Yo tampoco sé exactamente qué hago aquí, pero es lo que tiene que me guste conducir, como al del célebre anuncio. Apuro mis últimos días en Francia y vuelvo a confirmar, como casi todos los veranos, que España no es Europa, que los Pirineos, brutalmente bellos en todos los aspectos, son mucho más que una simple barrera natural y que la vida por aquí cierra a media tarde. No me extraña que la policía de Lloret de Mar detuviera el otro día a un francés que se enfrentó a ellos por el cierre de una discoteca a las cinco de la mañana. Por aquí, por su tierra, se tendría que dar de cabezazos él solito. Intento comer a las tres y media y no me atienden, cenar a las diez y me meten prisa. Busco un periódico a las ocho de la tarde y me encuentro al único kioskero que aún encuentro en pie devolviendo ya el del día siguiente.

Cierto complejo de Pajares y Esteso tengo en este lugar en el que, por cercanía, algunos hablan catalán. Para llegar hasta el Mediterráneo francés he atravesado el llamado país de los cátaros, herejes del Medievo que se rebelaron ante la jerarquía de la Iglesia por considerarla demasiado entregada a los favores de los nobles ricos. Me los imagino en el mundo actual y veo el mismísimo Vaticano en peligro de extinción. Cuánto han cambiado los tiempos y qué poco a la vez. Se me olvidaba apuntar que entré en el país vecino por el paraíso vasco y me hospedé en Lourdes, no por nada, sino por su cercanía a los espectaculares Pirineos. Jamás, insisto, jamás, había visto tanto hotel, hostal, residencia, albergue, casa rural, juntos. Mi fe, que haberla hayla, se debilita cuando todo se magnifica de esta manera. Rezaré, pero en soledad. No quiero que nadie se entere de mis pecados ni que yo caiga en la tentación de descubrir el terrenal negocio que rodea a todo esto.

En pocos días volveré a la triste realidad de la deuda y las primas de riesgo, de que Zapatero hable con Obama veinte minutos y diez sean para el intérprete, de que quemen Londres, de que los mercados nos hagan la compra y de que los fichajes de la Unión no pasen la ITV.

Pi-pi, pi-pi, pi-pi… mensaje al móvil. Son mis compañeros de Tribuna.net. Seguro que me llaman para que les cuente cómo están siendo mis vacaciones este año. Vaya. Pues no. Me dicen que ando con retraso. Como siempre. Me disculpo y pongo como excusa que estoy en Perpignan. Pero si yo pensé que eso sólo existía en las películas porno de los setenta, me cuentan. Si supieran...

CONTRA LA PARED



Escala en la escalera. Y todo, en clave de sol.



MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN



Imaginen la escena: Hace casi diez años. Teatro de Caja Duero, cuando la Caja aún era la caja. Aforo completo en casi tres cuartas partes. De ellos, la mitad, no tienen ni idea de lo que van a ver. En esto, como en el chiste, se abre el telón y salen unas cuantas rubias cantando en finlandés. Como se lo cuento. Terminan la primera canción y 150 personas al unísono se levantan de su asiento y se van. Ellos se perdieron el concierto de Värttinä. Les he perdido la pista, pero fue todo un placer tararear letras de canciones que nunca supe muy bien de que hablaban. Ni falta que hacía.

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