Fernando rodriguez original original

Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Ahora que lo intocable se puede tocar

Vivo en un país en el que ya nada es intocable, ni Casillas ni la Constitución.

Desconozco qué será lo próximo que se pueda empezar a tocar cuando ya nadie pensaba en poder hacerlo nunca. Que lo anuncien con cierta anticipación, que me apunto. Mujeres de película no estaría mal para empezar.

Nos habían dicho que para modificar la Carta Magna el motivo tendría que ser algo realmente extraordinario, algo que exigiera meses y meses de reuniones, negociaciones y consensos para que todo el mundo quedara contento. Se cambió sólo una vez en sus más de tres décadas de vida y fue para que los europeos de la Unión pudieran ser elegidos en las votaciones patrias. Se ha pedido muchas veces. Cientos de ellas, incluso. Pero nunca ha habido siquiera opción. Buff, es que para cambiarla… comentaban los padres de la patria. Bufff… admitíamos resignados los hijos de la susodicha.

La “pobre” Reina doña Sofía, por ejemplo, lleva años esperando que cambien aquello de la discriminación femenina en la carrera por el trono, ella, quizá la menos discriminada de las féminas nativas. Pero es que buff…, lo que hay que armar para cambiarla. Y así, muchas más historias perfectamente defendibles.

Sin embargo, hete aquí, que la inmensa mayoría de nuestros políticos, exactamente los que representan al 83,81% por ciento de los que habitualmente votan, es decir, una inmensa minoría de la población total, han decidido cambiar la Constitución en un par de telediarios. Décadas esperando a que unos y otros se pusieran de acuerdo en, por poner un ejemplo nimio, las sucesivas y vergonzantes leyes de Educación, y en esto de poner techo a lo que las administraciones van a gastar, van, y prácticamente ni siquiera discuten. Anda, con ello, el personal mosca y no es de extrañar. Algo esconden, evidentemente. Sus caras les delatan. La odiosa unanimidad de siempre parece no gustar. Nos siguen provocando.

Circulará, imagino, por Internet, algún extraño grupo de opinión pidiendo posibles reformas de la Constitución ahora que lo intocable ya se puede tocar. Ya que la abren, que no la cierren en falso. Habrá alguien que pida que, ya puestos, se retiren las sonrojantes frases que cuentan aquello de que todo español tiene derecho a una vivienda y un trabajo digno. Otros, igual de cuerdos, apostarán por la inclusión de una norma constitucional por la que se prohíba que los políticos corruptos ocupen plaza alguna en el conjunto de las administraciones públicas. Es más, que además de tenerse que ganar la vida fuera del momio institucional, sean mirados mal de por vida. Los más osados, incluso, aportarán un título completo dedicado a los mercados con un epílogo final pleno de insultos que los españoles puedan rellenar desde sus casas y optar así a un premio gordo cada final de mes al calificativo más hiriente. A todo esto, el pesado vasco, para variar, pide, obvio, eso del derecho a decidir. ¿A decidir qué? Pregunto ufano. Viaje y lea más, buen señor, y descanse.

CONTRA LA PARED

 

 

“Como siempre me ha gustado ser original, este año he decidido felicitarte de un modo muy especial: Feliz 1984”. Un mensaje más o menos como ese llegó a mi teléfono móvil en la Nochevieja de 2007. La pintada está en el centro de nuestra ciudad hoy en día. Nunca es tarde.

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

Originariamente la canción “Hallelujah” la escribió Leonard Cohen, pero creo que a él nunca se la he escuchado. La que no me canso jamás de oír es esta versión que encumbró al gran Jeff Buckley, que cantaba como si le fuera la vida en ello. Lástima que desapareciera cuando tan solo contaba 30 años tras ahogarse en un río cercano a Memphis. Aún así, vivió dos años más que su padre, Tim, que falleció a causa de la heroína. Escúchenla y no podrán evitar hacerlo de nuevo. Se lo aseguro.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: