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Cuando no hay nada que esconder, no hay nada de qué esconderse

Ha hecho mucho daño aquella conocida boutade de Tierno Galván: €œLos programas electorales están para no cumplirlos€. Esa triste máxima reflejaba algo que había acontecido en la democracia española, pero a su vez barruntaba una de aquellas profecías que se cumplen a fuerza de formularlas.
01.11.2011
Óscar Sánchez Alonso (UPyD)

Muchos partidos aprendieron que esa voluntad de incumplimiento era lo normal; y muchos ciudadanos asumieron como aceptable ese fraude. Es decir, buena parte de la oferta y buena parte de la demanda se han puesto de acuerdo en aceptar, con sonrojante pachorra, reseñada anomalía.

Sobre los incumplimientos del actual Gobierno ya no hace falta ni hablar. A día de hoy, una gran mayoría de ciudadanos ha percibido la incompatibilidad de 'caracteres' que existe entre Zapatero y la verdad. No hará falta insistir en ello, como tampoco hará falta recordar el 'deslumbrante' afán que el PSOE ha mostrado por corregir ese lastre. Para ello ha elegido un candidato a la presidencia que representa ese aire 'fresco' y 'oxigenante', al que nadie podrá achacar haberse visto contaminado por responsabilidad alguna del pasado. En cuestión de verdades, promesas y cumplimientos, don Alfredo siempre ha sabido estar a la altura: a la altura de esas `excelsas´ Primarias que le designaron como candidato. A partir de ahí, el partido que `faisana´ unido€Ś permanece unido. Sobran las obviedades.

Pero si a continuación nos vamos a don Mariano, el horizonte también se `ilumina´. Rajoy ha esbozado una cuantas propuestas de su programa, presentándolas como €œun listado de tareas y no de promesas€. Pues bien, este candidato popular no solo es el señor de los hilitos. Es también el mismo señor que hace escasas dos semanas se ha tragado (o ha dicho que se traga) el infecto comunicado etarra. Si incluso en un tema como el terrorismo no ha tenido el menor empacho en traicionar el discurso que habitualmente había mantenido su partido, qué podemos esperar de sus €œtareas€.

PP y PSOE, PSOE y PP andan ahora enzarzados en sus habituales `grititos´ de campaña: que si tú vas a realizar recortes sociales, que si tú ya has recortado, que si tú zumba, que si tú dale, que si yo soy más mono, que si yo soy más listo€Ś Los pobres, claro, están a lo suyo. Lástima que lo suyo no siempre sea lo de todos, porque creía que para eso se les pagaba.

Ni PP ni PSOE se atreven a decir que es insostenible el modelo territorial y administrativo que existe en España. Andan discutiendo sobre dimes y diretes, sin pretender poner freno a instituciones y derivas que ambos han concebido como chiringuitos particulares. Por eso se niegan a afrontar una auténtica reforma estructural: se niegan porque la estructura juega de su parte; se niegan porque la estructura (aunque menoscaba el interés general) está favoreciendo de forma ventajista sus intereses partidistas y megalómanos.

Hay un partido que sí habla de aquello que otros prefieren obviar. Hay un partido, por ejemplo, que antes que abanderar tijeretazos y ocurrencias en materia de Educación o Sanidad, preferiría que saneemos un Estado que, a día de hoy, es una ineficaz locura desde el punto de vista político; y es un inviable desmán desde el punto de vista económico. Hay un partido que habla€Ś y es consecuente con lo hablado. Consecuente por hacer ver lo que muchos se han empeñado en negar, ocultar o enmascarar. Consecuente por trabajar en esa dirección€Ś en cuantos Parlamentos, Ayuntamientos, foros y tribunas se nos brinda oportunidad.

En la web de UPyD, cualquier ciudadano que desee no solo puede encontrar el programa completo con el que concurrimos a las próximas elecciones. Puede también encontrar desde su Manifiesto Fundacional, hasta cada uno de los programas con los que UPyD ha ido a comicios precedentes, como puede encontrar su informe de gestión o sus cuentas anuales. Cuando no hay nada que esconder, no hay nada de qué esconderse. No todos pueden decir lo mismo.

Así pues, concluimos. Los programas están para cumplirlos. Los programas están para ser consecuente con ellos. La ciudadanía no firma un cheque en blanco con el partido al que vota. Los partidos (al menos aquellos que pretenden respetarse a sí mismos y respetar los valores más básicos de la democracia) establecen un auténtico contrato con los ciudadanos a los que aspiran a representar. Un contrato con TODOS los ciudadanos€Ś le hayan o no votado.

Por todo ello, que quede bien claro cuáles son las premisas por las que trabajamos y por las que vamos a seguir trabajando. Como decía, publicado está el programa completo de cara al 20-N, y quien desee realizar un primer acercamiento a las reformas que UPyD abandera, sirva este botón€Ś como compromiso. Ahí van 12 reformas frente a la crisis económica, institucional y democrática:

1. El costosísimo e ineficaz Estado con que contamos ha agravado la crisis económica, e impide sobremanera superarla. La lucha contra la crisis ha de pasar por la reforma de un modelo territorial y administrativo que resulta absolutamente insostenible. Anualmente podríamos ahorrarnos 40.000 millones de euros (26.000 optimizando la gestión de las CC.AA.; y 14.000 más suprimiendo las Diputaciones y fusionando Ayuntamientos). Así pues, toca eliminar duplicidades, despilfarro y normas absurdas. Más aún podríamos ahorrar suprimiendo miles de entes públicos innecesarios, cuya única razón de ser se encuentra en las ambiciones clientelares y propagandísticas de quienes los manejan. Y bochornosas resultan miles de normas locales que obstaculizan la iniciativa económica: se hace imprescindible restaurar un mercado nacional, que posibilite la libre circulación de profesionales y empresas.

2. Educación, Sanidad, Justicia y Medio Ambiente han de ser competencia del Estado, aunque la gestión sea descentralizada. Es irracional tener 17 sistemas educativos y sanitarios, que resultan más caros, ineficaces e injustos que uno solo igual para todos. De la misma forma que es imprescindible una política común para el uso de recursos naturales (como el agua): no podemos permitirnos trocear los parques nacionales en minifundios autonómicos, ni permitir la apropiación local de ríos o costas.

3. La racionalidad también ha de alcanzar a las infraestructuras. La disparatada fragmentación, el populismo localista y la falta de una estrategia compartida han llenado el país de aeropuertos sin aviones, líneas de alta velocidad sin pasajeros, obras tan fastuosas como inservibles€Ś y otros derroches similares.

4. Todos los ciudadanos debemos contar con los mismos derechos y obligaciones, en cualquier lugar de España. UPyD apuesta por un Estado federal, en el que todas las CC.AA. tengan las mismas competencias y financiación, sin privilegios ni excepciones.

5.
Ley electoral que posibilite la igualdad de voto de todos los ciudadanos, con independencia del lugar de residencia y del partido que vote cada cual.

6.
Justicia independiente, algo indispensable en una verdadera democracia. Los jueces (no los partidos políticos) deben elegir libremente a sus órganos de gobierno; el Parlamento (no el Gobierno) debe elegir al Fiscal General del Estado; y los miembros del Tribunal Constitucional no debieran ser elegidos en función de cuotas partidistas.

7.
Padecemos un mercado laboral ineficaz e injusto, responsable del altísimo paro€Ś en especial del juvenil. Proponemos un contrato único indefinido, con indemnización por despido, creciente en función del tiempo: algo que facilitaría la contratación de trabajadores. Deben desaparecer las trabas burocráticas para fundar empresas, y hay que dar apoyo fiscal a los emprendedores, además de erradicar la morosidad pública que arruina a pymes y autónomos.

8. El gasto desbocado de las Comunidades Autónomas (55% del gasto público) es el talón de Aquiles de las finanzas públicas. Urge limitar por ley el techo de endeudamiento de CC.AA. y Ayuntamientos, del mismo modo en que la Unión Europea limita el de todos sus Estados miembros. La credibilidad y solvencia de España en los mercados internacionales exige cuentas públicas transparentes y rigor en la política fiscal, acabando con años de despilfarro, ingeniería contable e inútiles inversiones.

9. Muchas Cajas de Ahorro han sido arruinadas (financiando la burbuja inmobiliaria) y saqueadas (por pésimos gestores, impuestos por los partidos). Proponemos la urgente despolitización de las Cajas y del sector financiero, depurando responsabilidades. Las ayudas públicas deberán ser devueltas al Estado, y suprimidas esas desorbitadas indemnizaciones y bonificaciones a los altos cargos de las Cajas.

10.
Las administraciones públicas deben ser transparentes. Han de publicar de forma comprensible y actualizada sus cuentas y presupuestos, así como los concursos públicos de adjudicación de obras, las subvenciones que conceden y el empleo que se les da. La Administración electrónica debe desarrollarse para poder hacer desde el ordenador personal cualquier consulta o gestión administrativa.

11.
Mejorar la participación ciudadana y su control sobre la política. La democracia del siglo XXI debe ser la democracia de los ciudadanos. Los partidos políticos, sindicatos y asociaciones deben buscar la autofinanciación, y dar cuenta estricta del uso del dinero público.

12.
Europa federal. La crisis está demostrando que los Estados nacionales son demasiados pequeños e ineficaces para defenderse de una crisis global. Frente a los egoísmos nacionalistas, necesitamos verdaderas instituciones europeas.

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