Silueta original

Feliz con poco

Félix Martín Santos

Castilldecabras: Corazón de la Sierra de las Quilamas

En la Sierra de las Quilamas, porción septentrional de la Sierra de Francia, existe un paraje arriscado y poco accesible que engrandece y hace honor a esta reserva de la biosfera: Castilldecabras. 

Desde su plataforma rocosa se pueden observar las huellas en las montañas opuestas de los torrentes que originan y nutren el río Quilamas. El planeo alegre de la cigüeña negra y el vuelo majestuoso del buitre negro aumentan la singularidad y el carácter emblemático  del valle homónimo y de toda esta sierra.

 

Linares de Riofrío se encuentra a unos siete kilómetros de Castilldecabras. Una bellísima ruta de montaña permite conectar ambos lugares, pasando por lugares profundamente entrañables para mí: cuesta de las Pollinas, bosque de la Honfría y el Hueco.

 

Son tres los kilómetros que hay que recorrer desde la fuente de la Marina de Linares de Riofrío hasta la fuente de la Honfría, siempre y cuando atajemos por el sendero de las Pollinas; si decidiéramos subir por el camino principal habría que añadir como un kilómetro más.  

 

Por encima de la fuente de la Honfría hay una pequeña superficie, que en el mes de mayo se engalana con la presencia de peonías y de orquídeas silvestres. Si la remontamos, entre un cerezo centenario y varios merenderos, llegaremos hasta el camino que nos conducirá, a la izquierda, en un trayecto de unos 700 metros, entre melojos, hasta el mítico Hueco. Antes habrá que abandonar, también a la izquierda, el camino que se dirige a las Peñas del Agua. Ya en los pastizales del Hueco, habrá que sobrepasar un paso canadiense para llegar al camino que conduce, a la izquierda, a San Miguel de Valero y, a la derecha, al acceso a Castilldecabras.

 

Obviamente, ascenderemos por la derecha, hacia el oeste, para que, tras recorrer 450 metros veamos a la izquierda la vereda que lleva hasta el Pico Porrejón. Durante este corto trayecto, de casi medio kilómetro, podemos disfrutar con la contemplación de una panorámica de excepcional belleza. Si desde esta atalaya (de 1.160  a 1.172 metros) miramos al sur, podremos contemplar una parte importante del valle de las Quilamas; al suroeste veremos Miranda del Castañar y la parte correspondiente de las Batuecas; al sureste, observaremos las poderosas cumbres de los montes y picos de la Sierra de Béjar…                                                               

 

También quiero resaltar que en este corto tramo me topo en mayo, entre muchas otras plantas, con numerosos ejemplares de cantueso florecido (Lavanda pedunculata, variedad stoechas) así como con la omnipresente jara pringosa (Cistus ladanifer), cuyo intenso aroma domina el ambiente. Además, el ruiseñor (Luscinia megarynchos) se impone al resto de aves, durante los días y noches del mes de mayo, con su bellísimo y variado canto. La sobriedad de colores de su plumaje la compensa con las hermosas melodías que ofrece a los que tenemos la fortuna de escucharlo en este insólito y extraordinario paraje.

 

Al final de la primavera y principio del verano florecen el tomillo blanco o mejorana española (Thymus mastichina), así como el tomillo salsero (Thymus zygis). También en verano se oye y se ve al abejaruco (Merops apiaster), haciendo acrobacias para capturar las abejas de las colmenas próximas, gran parte de las cuales son de mi buen amigo Rafa. En fin, seguiría relatando durante mucho tiempo las bellezas que adornan este queridísimo paraje: el Hueco. Sin embargo, tenemos que continuar hasta Castilldecabras.

 

Dejamos a la izquierda la vereda del Pico Porrejón, para descender en pos del acceso al paraje que da título a este artículo. Nada más iniciar el descenso nos encontramos a la derecha (noreste) un pequeño castañal, que en junio nos regala el aroma de sus candelas y en octubre derrama su nutritivo fruto sobre este camino. Durante los primeros 600 metros de recorrido por este sendero, me encuentro rodeado por numerosos ejemplares de retama, jara, helechos y bastantes castaños. A la izquierda, al suroeste, se pueden apreciar las montañas que delimitan el valle del río Quilamas, con el emblemático monte “Castillo Viejo de Valero”, más en lontananza se observa la mole de la Peña de Francia (1.727 m). 

 

Si recorremos unos 900 metros más, hasta donde acaba el camino, nos encontraremos a la izquierda un cartel con el título “Ruta de los Caminos Históricos de Entresierras”. Luego, figura en mayúsculas el nombre de CASTILLDECABRAS. Por debajo del cual el autor efectúa una pequeña evocación histórica del lugar, una descripción de la flora y fauna, también nos recuerda que estamos en una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA)  y nos advierte que a partir de aquí hay restricciones de acceso en la época de nidificación (de febrero a agosto) de la cigüeña negra y del buitre negro, aves en claro peligro de extinción.

 

Si nos adentramos en dirección a Castilldecabras tendremos que recorrer durante unos 400 metros una estrecha vereda, semioculta por numerosa retama de notable altura, pues en algunos tramos sobrepasa los dos metros. Tras salir de esta espesura nos topamos con un encinar, que atravesaremos por una pequeña vereda, zigzagueando durante 650 metros, para toparnos con una tenada, medio derruida, de cabreros. En este descenso hay que tener cuidado de no desorientarse, para lo cual tenemos que fijarnos bien en el piso, donde los buenos y respetuosos excursionistas de estos parajes suelen colocar pequeños montoncitos de piedras a modo de señales indicadoras.

 

A los 100 metros de descenso por este encinar -llevamos recorridos poco más de seis kilómetros (6.100 m) desde el punto de partida- el camino gira bruscamente a la izquierda. En ese punto y momento veremos a la derecha un gran derrubio de piedras de la ladera opuesta, la pedrera de Cancho Gordo. Tras recorrer unos 160 metros más de vereda, observaremos, mirando al oeste y abajo, el paraje de Castilldecabras; más arriba y a distancia, la mole montañosa de la famosa cueva de las Quilamas.

 

Por fin, accedemos a una tenada de cabrero, sin techumbre, en cuyo interior se puede ver un buen ejemplar de encina (son muchos los años de abandono) y una especie de pollo de piedra adherido a una de sus paredes. Tras bordearla por estrecha vereda, nos topamos con un suelo de piedras dispuestas con cierto orden, semejando un sendero pétreo, por el que se puede caminar durante unos 100 metros, para que a continuación volvamos a pisar suelo con tierra y piedras. De esta guisa llegamos, tras 700 metros de deambular, hasta el ombligo de Castilldecabras, donde destaca un regato, que desciende de algún manantial o torrente del Pico Cervero, situado a la derecha, al norte, como una gran cima ciclópea (1.465 m.). Unos pocos metros más abajo el regato se convierte en una notable cascada: la chorrera el Vieico.

 

Peña del diablo

 

En una de las casi inaccesibles paredes que bordean la cascada han criado durante décadas sucesivas generaciones de águilas reales. En su nido incubaban uno o varios huevos, para luego dar de comer a sus pequeñas crías.

 

Refiero este último hecho para transmitir a los lectores de este blog una pequeña historia que me han referido varios cabreros de Valero y de San Miguel de Valero, entre ellos mi buen amigo Rafa. 

 

Se la escuché por primera vez a un cabrero septuagenario de San Miguel de Valero. Lo hizo con cierta precaución, hablando casi en susurros, pues aunque antaño tales vivencias eran permitidas para los más audaces; hogaño, serían motivo de castigo y multa. Aunque este buen hombre había sido protagonista de muchos de estos lances, a mí me agrada más referir este relato como me lo contó mi querido amigo Rafa, mientras tomábamos unas consumiciones en un bar de San Miguel de Valero.

 

-- Mira, Félix, cuando aún había linces en las Quilamas, algunos cabreros, muy astutos ellos, eran capaces de robar la comida que el águila real dejaba para alimentar a sus crías. Para ello, iban  al nido que las águilas mantenían y reparaban, año tras año, en los canchales de Castilldecabras,  justo encima de la chorrera del Vieico y enfrente de la Peña el Diablo. Aprovechando los momentos en que los padres abandonaban el nido para cazar, se acercaban para colocar un betijo en la boca de los pequeños aguiluchos para impedirles comer.

 

En este momento lo interrumpía para que me explicara el significado de betijo, palabra que nunca había oído.

 

-- ¿Qué es un betijo? ¿Para qué sirve?

 

Rafa, se recreó con la respuesta, mostrando gran conocimiento y experiencia.

 

-- El betijo es un fino palo de jara o de torvisco que atravesábamos en la boca de los chivos, fijándolo con un cordel a los cuernos. Así no podían mamar, pero sí pacer. De esta forma, las cabras, debilitadas por la lactancia, podían recuperarse y luego quedar de nuevo preñadas. Yo he colocado muchos betijos a los chivos, pero nunca a las crías del águila real. Sin embargo, un hermano mío, seis años mayor que yo, embetijó a muchos aguiluchos, mientras vigilaba en las Quilamas a las machorras o cabras aún no preñadas.

 

Como no estaba del todo convencido volvía a insistir para que me resolviera mis dudas.

 

-- ¡Pero, Rafa!, los aguiluchos con el betijo no podrían comer y, por tanto, acabarían muriendo.

 

-- ¡Qué va, hombre! Tanto mi hermano como nuestros paisanos de Valero y de San Miguel, quitaban el betijo a las pequeñas águilas para que pudieran alimentarse con parte de la comida, pero quedándose ellos con la parte más suculenta. De esta forma, los aguiluchos podían alimentarse lo suficiente para crecer y para que sus padres no dejaran de acarrear comida al nido.

 

El ingenio y la sagacidad de estos cabreros eran dignos de encomio, pues procuraban obtener una notable fuente de proteínas, en épocas de escasez, sin que se diera cuenta el  águila real. La realidad era que comían tanto las crías de águila como la familia del pastor,  merced al denuedo y esfuerzo de la pareja de águilas reales y a la perspicacia y talento del cabrero. Es indudable que eran otros tiempos y otras épocas.

 

 Chorrera el Vieico

 

Esta pequeña historia me sirve para mostrar mi más sentida admiración por la gente autóctona de estos pueblos y valles. ¡Cuánto conocimiento y experiencia atesoran! ¡Cuánto han tenido que luchar! ¡Me encanta escuchar sus historias y vivencias!

 

Aconsejo andar con mucho tiento y precaución si queremos aproximarnos a la chorrera del Vieico. No es difícil caerse. Yo la he visitado en varias ocasiones. En una me resbalé y me quedé en la plataforma superior, desde donde cae el agua a chorro. Un poco más y me precipito al vacío. Por otra parte las fotos efectuadas desde arriba tienen poca perspectiva. En consecuencia, no recomiendo aventurarse mucho en torno a la cascada.

 

Sí que podemos acceder fácilmente a la gran plataforma pétrea del que podemos llamar pico de Castilldecabras. Para ello atravesaremos el regato inicial y seguiremos una vereda medio oculta por altas retamas, siguiendo paralelos al gran risco que tenemos orillado a la izquierda.

 

Así, en pocos metros subiremos esta pequeña cima (1.104 metros), desde donde contemplaremos una bellísima panorámica. Si miramos al oeste veremos las montañas que circundan el valle en su inicio: al noroeste la mole de la buitrera donde se encuentra la legendaria cueva de las Quilamas; al suroeste, en la ladera opuesta las montañas de La Bastida, donde se hallan los manantiales del río Quilamas. Al norte, casi por encima de nosotros podremos ver el pico Cervero. Al sureste, el monte del Castillo Viejo de Valero. Al este, podremos ver la continuación del valle del río Quilamas, en dirección a Valero. Unos kilómetros más abajo desemboca en la margen derecha del río Alagón. Desde aquí es bastante fácil ver a numerosos ejemplares de buitre leonado, mezclado con algún buitre negro, aprovechando las cálidas corrientes de aire para ascender en círculos, mediante elegantes planeos.

 

Valle río Quilamas: montañas que circundan su inicio

 

El río Quilamas no se seca en ninguna época del año, aunque su caudal desciende significativamente en verano. Son muchos los arroyos y regatos que confluyen en el mismo, siendo el más importante el llamado río Chico o arroyo de San Juan, que desemboca en el Quilamas por su margen izquierda.

 

Valle río Quilamas: hacia Valero

 

En fin, este es uno de los recorridos más hermosos que uno puede efectuar. Si somos capaces de integrarnos en esta feraz naturaleza, entendiendo un poco de flora, fauna y geología podremos relajarnos y abstraernos de una forma muy efectiva y saludable.

 

Además, es una buena manera de ejercitar nuestros sentidos: la vista, contemplando las bellísimas panorámicas del entorno; el oído, escuchando los trinos de las diversas aves de la zona; el olfato, gozando del olor de sus numerosas plantas aromáticas (cantueso, jara, abrótano, tomillos, etcétera)…

 

 

 

                                                      Dr. Félix Martín Santos

    

Comentarios

JAVIER 12/06/2016 18:52 #10
Me ha gustado mucho tu articulo me ha recordado cuando me llevaba mi abuelo al pico cervero desde San Miguel de Valero,o cuando bajamos a la Paya aquellas si eran excursiones bonitas mejores que las del colegio- l
Auxi 17/09/2015 21:50 #9
No veas como he disfrutado leyendo este precioso artículo La verdad es que te sientes inmerso en el mismo sin estar presente, por lo que siento que de alguna manera mi imaginación y las bonitas fotos que lo acompañan me hacen compartir contigo la visita a este lugar tan bonito como si hubiéramos ido a verlo a la par. Me ha encantado, nunca me defrauda su lectura y me ayuda a conocer tus mundos de una forma maravillosa. Gracias amigo.
Jose martin 27/08/2015 23:47 #8
He leído tu articulo ,y me gusta como lo describes. Haber si algún día puedo hacerla.Un saludo.(desde Linares)
Jesus Martinez Saiz 20/08/2015 08:42 #7
Como siempre una magnifica descripción de una ruta de montaña que provoca las ganas de ir a conocerla. Una manera poética de describir las sensaciones que recibe uno en contacto con la Naturaleza En mi tierra burgalesa, los pastores de los Montes de la Peña Amaya, utilizaban estas técnicas para "decomisar" a la heráldica y mítica Águila Real un pequeño tributo culinario. Enhorabuena por el articulo.
Joaquín 18/08/2015 10:22 #6
A falta de un paseo con los pies en la tierra por esa Sierra de las Quilamas hasta la chorrera del Vieico, este viaje virtual que nos has regalado entre sus retamas, jaras y cantuesos, con los chivos y sus betijos, el recuerdo de la mítica presencia del Lince es de lo más estimulante. Consigues provocar el deseo de conocer este rincón tan especial de la tierra charra. Gracias por agasajarnos la imaginación con estas dosis de emoción que pones en cuanto relatas.
María Jesús 09/08/2015 19:09 #5
Da gusto recrearse al leer tu escrito cuajado de valles y picos emblemáticos llenos de peonías, orquídeas y jara, de cigüeñas, ruiseñores y águilas, todo ello engalanado de colores, aromas y cánticos, así como de anécdotas muy curiosas. Enhorabuena por dedicar parte de tu tiempo a instruirnos y a proporcionarnos un rato muy agradable con la lectura de tus escritos. Félix, gracias de corazón
Inmaculada Hernández 09/08/2015 18:45 #4
Me gusta tu artículo por lo bien escrito que está, por la corrección, precisión y sencillez del lenguaje. Me parece interesante por lo que en él expresas. El recorrido nos introduce dentro de los vericuetos de su geología y sentimos que afianzamos nuestros pies y fijamos todos nuestros sentidos en vencer las dificultades del camino. Muy bellas las fotografías que acompañas. Ingeniosa, audaz y complicada la labor de los cabreros permitida en otros tiempos. Me gusta la utilización que haces de los términos antaño y hogaño. La explicación de la flora y de la fauna nos invita al silencio y a la percepción de otros cantos, trinos y olores.
Lorena Rodriguez 07/08/2015 00:46 #3
Artículos como éste es muy posible que estimulen a la gente a recorrer parajes similares, pero con educación y gran respeto al medioambiente. Me ha parecido muy estimulante. Al igual que se refiere en el otro comentario me sorprende el gran conocimiento del tema, casi científico, así como el buen lenguaje escrito empleado. También los aspectos humanos y antropológicos, siendo digno de alabanza la astucia de esos cabreros para robar la comida a las águilas. No creo que esa historia la conozca mucha gente. La has contado muy bien. Enhorabuena por todo. Aquí tienes una seguidora más.
Rafa 07/08/2015 00:01 #2
Muchísimas gracias por tener la atenciôn de mencionarme en tu artículo. Increible descripción de la ruta. Pienso que has conseguido que el lector la viva y se sienta integrado en nuestra naturaleza. Quedo a tu entera disposición para colaborar contigo. Un saludo.
Amelia 06/08/2015 03:54 #1
Extraordinaria historia. Me ha encantado. Estos cuatro artículos que has efectuado sobre la sierra de las Quilamas, bien merecen una pequeña edición a ,modo de librito sobre la zona. Su gran calidad lo justificaría: rigor científico en la descripción de la flora y fauna; pequeñas historias y relatos que amenizan y humanizan su contenido, comportándote como un auténtico cronista de esta zona y de sus gentes, a .las que muestras un gran cariño, profundo respeto y sentida admiración; un lenguaje singular en el que estableces una gran complicidad y empatía con el lector...Si sigues efectuando algún artículo más sobre la zona darías cuerpo a un atractivo e interesante libro sobre la zona., que invitaría a la gente a recorrerla.Yo, lo compraría sin duda y creo que mucha más gente. Estoy tan enganchada a este blog que ya estoy pendiente de cada nuevo artículo cada primer jueves del mes, cuando veo que te los editan y publican. Muchísimas gracias por tan buenos momentos de lectura..

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