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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Una disparatada masacre

Scandinavian grey wolf canis lupus detail

El pasado martes, 9 de junio, el alcalde de Rasines, Jaime Bonachea Pico, publicaba un bando que promulgaba para el siguiente sábado, 13 de junio, una cacería de lobos sin límite en beneficio de cazadores particulares de la zona, alegando ataques al ganado, y sugería a todo senderista que no frecuentara en dicha fecha los montes para evitar altercados. La indignación ante semejante anuncio en las redes sociales fue instantánea y masiva por lo insolente, premeditado, desmesurado e injustificado del llamamiento.

Hubo un tiempo en que la impunidad campaba a sus anchas imponiendo la justicia que unos pocos decidían a su antojo sobre la mayoría. En esa época la ley favorecía a esos elegidos por la fortuna, la divinidad o la tradición vigente, y éstos se dedicaban a regir tierras -que deberían haber sido comunes- en las que esclavizaban al resto de una población pobre y sin expectativas. Por entonces ni había derechos generalizados ni se les esperaba. Y no hace tanto de tan oscuras épocas. De hecho, esta semana el alcalde de Rasines, Jaime Bonachea Pico, y algunos colegas suyos manifestaron un desmesurado acento en sus respectivos delirios de grandeza; trataron de dar un giro de ciento ochenta grados y devolver la infamia del pasado del que hablaba, al tiempo real. Y lo hicieron sin previo aviso y con un desconcertante comunicado. A traición. Disolviendo la legitimidad y demoliendo el raciocinio a golpe de cacicada.

 

El bando en cuestión del edil de la minúscula localidad cántabra tan escueto como infame, era rotundo y me causó estupor. Puedo decir incluso que llamó mi atención mucho antes de que las redes sociales estallaran por el disparate ambiental que suponía. Era complicado reunir en tan pocas palabras –apenas si ocupaba párrafo y medio- un desconocimiento tan profundo y absoluto del funcionamiento de un ecosistema, una carencia tan enorme de sentido conservacionista, un apabullante pensamiento sanguinario tan grande más propio de periodos de oscurantismo, una intencionalidad tan franca de reducir a voluntad propia la libertad ciudadana y un posicionamiento antidemocrático tan obvio en favor de un grupo de presión. Y por supuesto, quieran o no, sea uno naturalista o urbanita, indigna y mucho.

    

Pero vayamos por partes. Dicho decreto abría con un conciso e imaginativo “se autoriza a los cazadores de la zona la caza de lobos durante el día debido al daño ocasionado sobre el ganado, desde primera hora de la mañana, en los montes del municipio y en los de municipios colindantes”. La pesada frase, si la analizan, deja tan abierta a los destinatarios la solicitud, que asusta. En primer lugar, aún suponiendo que alguien -cosa que les puedo asegurar que no se hace- haya cotejado que dichos ataques proceden del lobo, y aún poniendo énfasis en el hecho de que -por ejemplo- el CSIC ha demostrado que en varios puntos geográficos españoles de especial susceptibilidad en cuanto a reclamaciones por ataques del cánido se refiere solo el 3,3% proceden del lupino –siendo en un alto porcentaje los causante perros salvajes-, pues bien, aún dejando de lado este dato irrefutable, en el llamamiento se justifica la caza masiva de lobos durante todo un día ¡Sin límites! Y por si no fuera poco desvarío, lo permite no a empleados públicos sino solo a cazadores de la zona, como si éstos estuvieran dotados de una especial sensibilidad para evaluar el asunto.

 

En segundo término, la arbitrariedad y la impunidad no se delimita al municipio, sino que se hace extensivo a los “municipios colindantes” -vaya usted a saber la extensión de los mismos- pudiendo abarcar estos desde Picos de Europa hasta los Montes Urales. Y como razón que colma el vaso y circunstancia muy atenuante, esta escabechina se pretende llevar a cabo en plena época de cría de la especie, con su correspondiente susceptibilidad y amenaza directa a la supervivencia de las nuevas camadas, y todo ello fuera de cualquier plazo que abarque el artículo 6 de la Orden GAN/7/2015 de temporada cinegética en el presente año en la comunidad cántabra.  

 

Decreto de sumisión

¿Pensaban que la indignación solo alcanzaba a la matanza infundada sobre el cánido? Se equivocaban. El segundo párrafo es demoledor, y cito “se hace extensivo a toda la población (esto nos incluye a todos, desde Cádiz a Finisterre) con el fin de evitar que ese día (un sábado) se acuda al monte y así evitar daños mayores"… ¿Soy yo o es una amenaza de cazador? Vamos que si vas al monte puedo dispararte, que lo dice mi alcalde, ándate con ojo. Ahora entenderán porque desde conservacionistas a naturalistas, pasando por ciudadanos de a pie a incluso figuras públicas, expresaron abiertamente en la red su repudia ante este escalonado abuso ético y social, más propio de señores feudales recelosos de su feudo. Finalmente, por azares del destino, este pasado sábado se pospuso la masacre por “la densa niebla”. Con todo, la atrocidad sigue en pie, salvo sorpresivo momento de lucidez del mandatario cántabro.

 

Lo cierto es que, lo crean o no, este tipo de carnicerías son bastante comunes en lo referente a nuestro Canis lupus signatus pese a que la mayoría no lleguen a la palestra pública. Lo son por su popularidad y la actual cobardía política que prefiere ceder a las presiones que confrontar los datos empíricos, esos que aseguran que el lobo vale más vivo –por su importantísimo valor turístico y etológico- que muerto. Porque cuesta más ser consecuente y responsable que apático y desleal. Hablemos claro. Ser político debería significar la investigación exhaustiva de los casos y la búsqueda consensuada y razonada de soluciones por el bien común, no guillotinar el juicio saciando de sangre a cazadores particulares, ni desde luego privando del tránsito por el monte al ciudadano por el capricho de individuales. Y ser ganadero en tierra de lobos tradicionalmente siempre ha requerido la presencia del propietario y el uso de medidas de eficacia probada, como mastines o vallados eléctricos preparados para repeler y ahuyentar. No olvidemos que el lobo ibérico es patrimonio natural de los españoles, que se utiliza mediática y adulteradamente el embuste mitológico para mantener esta especie como trofeo cinegético y deportivo de unos pocos, que estaba aquí antes de que nosotros llegásemos y que representa un pilar básico y regulador -este sí- en el funcionamiento de los ecosistemas de los que dependemos.

 

 

@GatoManchado1

#EntreHojasYHuellas

Comentarios

Mario 15/06/2015 22:02 #1
Es repugnante lo que ha pasado. Me alegro de que te hagas eco

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