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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

'Estilo de Vida Actual', una obra de mal gusto

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Nuestro estilo de vida actual nos lleva a ignorar los métodos de producción y eliminación animal que alimentan nuestros platos. Es un escenario que nunca nos obligamos a mirar en el conjunto de la obra de teatro vital de la sociedad que representamos, pero que sin embargo es real, tiene voz, ojos y padece un sufrimiento incalculable.

Hoy se representa Estilo de Vida Actual, nuestra monumental obra de teatro; una visión personal de la cebolla planetaria. Es una obra aparentemente confinada e infinita. En ella normalmente suele amanecer por el horizonte sin pretensiones memorables, se puede decir que el hoy y el ayer acostumbran a tintinear sin un rotundo esplendor. El argumento discurre sin calma, haciéndonos a la vez protagonistas y espectadores de actos razonablemente complejos y tediosos de los que no podemos desligarnos. Esta superproducción, sin embargo, nos ha sido tan gravosa durante tanto tiempo que nos ha imbuido impidiéndonos ponderar los costos sobredimensionados de un resultado artístico, escénico y moral notablemente mediocre.

 

Una de las escenas más recurrentes de esta obra transcurre entre los cristales de los restaurantes, allí se escenifican pequeños pases con la comida como hilo conductor y alternando un argumento entre conversaciones, gritos y sonrisas. El gusto por los múltiples platos servidos concentra nuestra atención que es ajena a la monstruosa tragedia encerrada en esas circunferencias. En la escena, pedimos, hablamos y comemos, a veces nos reímos, a veces bebemos, pero ese destino trágico lo ignoramos, encerrándolo y descartándolo para siempre del guión principal. Y la obra continua, y crece la tragedia. Y ahora la tragedia se irradia a cada escenario posible...

 

En esta tragedia paralela a la nuestra, el guión de los protagonistas discurre exclusivamente por la senda del sufrimiento y la mutilación, siempre encierra todos sus miedos y desconocimiento y escenifica su angustia y desesperación. Estilo de Vida Actual se aprovecha de la inocencia de estos actores para perpetrar la crueldad sobre ellos. El infortunio se ceba especialmente con estos intérpretes secundarios que deben sustentar con su padecimiento el buen cauce de nuestra obra.

 

Entre estos actores secundarios está vaca, que vive estabulada y cebada, y al final es conducida por raíles donde es aturdida para ser colgada boca abajo, lugar donde es decapitada y completamente mutilada pese a estar a menudo consciente. O cerdo, obligado a vivir confinado para finalmente recibir descargas eléctricas o ser introducido en cámaras de gas hasta ser degollado vivo. O pollo, que vive en barracones y recibe punzones eléctricos, drogas o baños eléctricos antes de ser colgado y posteriormente ahogado, asfixiado o degollado, según el pase. O pato, obligado a vivir confinado, a oscuras, privado de su natural vida social, mutilado en su pico sin anestesia y obligado por la fuerza a ingerir un tubo metálico que les destroza la garganta, el esófago y el hígado. También están oveja, gallina, conejo, gato, perro… Los gritos, la resistencia ante el dolor y las ansias de vivir de todos ellos -igual en todos los animales, incluidos nosotros mismos- convierten a esta silenciosa tragedia en un acto demasiado macabro para tener un pase público.   

 

Sea cual sea el texto o el método de actuación de Estilo de Vida Actual, fuere cual fuese el escenario o el lugar en el que se represente, el atrezo habitual de la cebolla planetaria está formado por una lámina antropocéntrica con una cosmovisión cotidiana exclusivista empeñada en ignorar el sustento que obtiene del resto de láminas y la tragedia cada una de ellas soportan.

 

Así que ¡pasen y vean!, el escenario luce pulcro y aseado, los olores y los sabores están ondeando ricamente en el aire, todo está listo para una nueva función; ¡Ah! y no se preocupen, ¡el sistema de alcantarillado para expulsión de ríos de sangre inocente funciona perfectamente bajo nuestros pies!. Ahora, descuiden el origen de los sonidos entre tanto ruido, olviden el sentido de los actos por su complejidad y desatiendan su implicación en el conjunto de la obra en pos de calcar su actuación del guión exigido. El éxito está servido.

 

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Comentarios

caragato 28/06/2016 12:07 #1
Toda la razón del mundo, hay quien dice que si visitasemos un matadero estaríamos varios dias sin comer carne, dan ganas de vivir cerca de uno para ir pasando, y al menos disminuir el consumo a lo que necesitamos.

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