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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Con ojos de lince

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La conservación del lince ibérico -Lynx pardinus- es un asunto que debe preocuparnos a todos los españoles. El lince, como símbolo, representa una parte importantísima de nuestro patrimonio y las autoridades, con su desidia, llevan demasiado tiempo poniendo su futuro en peligro.

Los que amamos la naturaleza, paseamos, sentimos e intentamos comprender el entorno que vistamos, solemos gastar tiempo en pensar cada punto que de ella estimamos. Sopesamos el equilibrio que debiera ser y hacinamos las ideas y sensaciones provenientes del caminar y el observar. Al ver, a menudo alternamos desde la indignación del deterioro a la melancolía del deseo. Porque percibimos el carácter y el espacio que ocupa cada instrumento natural en su entorno, su esencialidad y su vulnerabilidad en conjunto. Puede decirse que valoramos y no queremos añorar lo que aún conservamos. No cuando puede evitarse. No cuando es la ignorancia, la ineficacia, la incapacidad y la cobardía política el más importante obstáculo para lograr preservarlo. Hoy hay un símbolo amenazado por la inmovilidad de las actuales instituciones. Y sabemos que el tiempo corre y al lince le falta.

 

Ayer desperté con la lectura de una reacción cobarde, de esas que abundan en retaguardia, cuando solo existe la precipitación y la desesperación, en pleno estertor de muerte, propia del talante de la política vigente. Provenía de un gobierno en descrédito, que trata de reaccionar ante su apatía en años pasados. Resulta que Ana Pastor e Isabel García Tejerina -ministras de Fomento, y Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, respectivamente- quieren diseñarán a partir de hoy un protocolo dirigido a reducir el riesgo de atropellos de linces y otras especies salvajes. Ahora, un año y medio después, tras treinta y cinco muertes -27 ejemplares en 2014 y 8 en 2015- del felino más amenazado de la tierra, después de ignorar en reiteradas ocasiones las llamadas de expertos y naturalistas sobre la necesidad de actuar con premura sobre los puntos negros en las carreteras -entre ellas, algunas obras son tan ridículas como reparar un vallado- que están poniendo en serio peligro el programa de conservación del lince. Ahora, que se siguen desoyendo las necesidades de redactar los Planes de Recuperación para la especie en Castilla y León y Madrid, cuando persiste la nefasta gestión de su único alimento; el conejo o cuando se carece de planes de gestión para Lugares de Interés Comunitario. Ahora, cuando las ingentes cantidades de esfuerzo y dinero por preservar este animal han sido tiradas a la basura en segundos por carencia de planificación y decisión. Un guión repetido en demasía. Una vez más se intercede de forma tardía e incompleta. Pero esta vez ya es tarde. Así que oigan ustedes; sí, este convenio de actuación es bienvenido y del todo fundamental en el futuro de la especie, pero el susto ya no nos lo quita nadie. Ni la desconfianza, ni la ofensa por el silencio mantenido, que decía Unamuno.

 

Con una población que ronda los 320 ejemplares en todo el mundo y solo existente en nuestra Península Ibérica, el lince ibérico -Lynx pardinus- supone el mas duro reto de conservación que España tiene entre manos, y algunos lo han dejado de lado –y siguen haciéndolo-, tanto desde el gobierno estatal como desde las comunidades autónomas donde habita o puede llegar a hacerlo. Por un puñado de dólares. Y eran los responsables de velar por su seguridad, como obligación social y ética profesional.

 

Es indudable que, de llevarse a efecto estas actuaciones, las poblaciones del lince conseguirán estabilizarse y avanzar en su carrera por no desaparecer; sin embargo el porvenir de esta y otras especies fundamentales, que son parte primordial de nuestro patrimonio, que son nuestros símbolos nacionales y personales, requieren de mayor compromiso y firmeza política, de mayor devoción, presteza y eficiencia o de lo contrario deberemos añorar el vacío irremplazable que deje el único gran felino salvaje que nos queda.

Comentarios

Javier Álvarez Fariña 12/06/2015 13:22 #2
Estimado Pascual, el avance ha sido esperanzador hasta los dos últimos años, donde el retroceso por el número de muertes ha hecho que vuelva a estar en una situación muy crítica, ten en cuenta la ínfima cantidad de individuos totales que existen de la especie en, como digo, nuestra Península Ibérica. Por otro lado, comentarte que la única forma de conservar una especie como tal, cualquiera que esta sea, es en estado salvaje, en su hábitat, no en cautividad. Y sí, efectivamente parte de la responsabilidad es de la Junta de Andalucía, como enuncio en el breve artículo, pero la conservación del Lince Ibérico -al igual que, por ejemplo, el lobo o el oso- depende enteramente de llevar a cabo una estrategia nacional que integre medidas de actuación comunes entre comunidades autónomas y permita la integración total del programa ex-situ del felino u otras especies o subespecies amenazadas. Esta claro que podríamos hablar de los excesos cinegéticos sin control con el conejo o de barbaridades como el tránsito del rocío, pero el artículo, este al menos, no iba por ahí. Agradezco muchísimo tú comentario y comparto tú opinión en pedir ciertas responsabilidades, pero, como digo, a todas las administraciones públicas encargadas de esta gestión.
Pascual 10/06/2015 18:49 #1
Si son 320 individuos de los 100 que quedavan hace menos de dos decadas en un gran avance ademas no solo esta aqui en nuestro pais si no tambien en Portugal. La gran culpa de no tener mejores resultados habra que buscar los verdaderos culpables la administacion andaluza . Que nos digan como financiaron los millones de Europa. la otra Si andalucia no es una buena zona devido a las carreteras que circula por esas zonas linceras. Habra que trasladar a portugal y extemadura junto con Castilla la mancha Como reductos para el lince o si no tenerlo en lugares como el parque de Cabarceno. Donde hay seguro que sobre vivira. La culpa de la junta de anadalucia sin duda.

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