Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

También lo apruebo

!Qué menos que poder comer!. Creíamos, o por lo menos así lo creía yo, que eso de no  poder acceder a un plato de comida o no tener la posibilidad de alimentarse con dignidad era algo que sucedía en otros países y continentes lejanos, o a lo sumo, un vago recuerdo para alguno de los años posteriores a la guerra civil española, €œlos tiempos del hambre€.

Nos estamos dando cuenta que estos tiempos de recortes y de capitalismo salvaje de los años 2000 y más nos están llevando a ver entorno nuestro situaciones de empobrecimiento que en algunos casos nos acercan a familias y a personas sin presente y con difícil horizonte de futuro, que se ven abocadas a tener difícil hasta un plato de comida.

Si a la negación de este derecho humano fundamental, unimos la dificultad en algunas de estas personas a tener cubierto el derecho a la salud, a una vivienda digna, a la educación o al empleo, nos encontramos que muchas personas, familias y colectivos sociales, se están situando en la urgencia de exigir los derechos negados con  medios impensables en otros momentos, pero ética y moralmente justificados, en respuesta a situaciones tan graves como las que estamos viviendo entre nosotros o muy cerca de nosotros y nosotras.

Medios, que como en el caso de no poder acceder a una alimentación digna por falta de recursos, podrían ser aquellos que algún colectivo, como el de los jornaleros andaluces, han puesto en el debate público, con la intención de dar visibilidad a un problema que a toda la sociedad nos debiera avergonzar, cuando a nuestro alcance, pero evidentemente no de todas las personas, hay, con gran escándalo, tanta riqueza.

Me siento parte de esta sociedad avergonzada y además, con un planteamiento cristiano. Y por esta razón, quiero recordar tal como lo ha hecho en estos días González Faus, que algunos de los principios del humanismo cristiano  entiende que €œen casos de extrema necesidad todas las cosas son comunes€; y esto, evidentemente está expresado hace mucho tiempo y está bien rescatarlo en momentos como el actual.

Y aún más, todas estas situaciones y principios de nuestro hacer y vivir, nos deben llevar a reclamar, con todas las fuerzas, de la iglesia oficial, a través de los propios Obispos, que digan una palabra de denuncia ante estas situaciones flagrantes de injusticia que están siendo provocadas por políticas como las que llevamos padeciendo desde hace años, pero que si han sido duras en otro tiempo con los más pobres y excluídos, en el momento actual nos están llevando a consecuencias intolerables.

!Digan algo juntos, señores Obispos desde la autoridad de la Conferencia Episcopal! !No podemos pasar ni en privado, ni en público, con el silencio, ante lo que está sucediendo y las medidas que se están tomando y justificando en la política española. En nombre del Evangelio debemos decir una palabra compartida y eclesial, y sobre todo, debemos poner en práctica gestos valientes que sirvan de buena noticia para los más empobrecidos.

€œHay pobres porque hay ricos€. Así se ha afirmado en algún momento en nombre del evangelio. Hoy estamos obligados a proclamarlo  con todas nuestras fuerzas; y sobre todo, hagamos el esfuerzo de juntar nuestros pequeños gestos con los de otros  grupos, muchos de ellos trabajando desde ámbitos no confesionales, pero empeñados en la lucha que avanza en la misma dirección de acompañar a quienes son las principales víctimas de tanta medida injusta e injustificada por la avaricia de la acumulación y la riqueza.

ÂżQué son media docena de carros de la compra procedentes de supermercados cuyas empresas controlan la alimentación y sobre todo el mercadeo y negocio de los productos agrícolas; frente a grandes banqueros o directores de entidades bancarias que se adjudican salarios, subvenciones o jubilaciones,€Ś €œo vete tú a saber qu逝,€Ś de auténtico escándalo; desde 300.000 ‚Ź a 600.000 ‚Ź? Y lo más grave, a pesar de lo que vemos, de lo que oímos o decimos, se continúa haciendo; y se continúa cuestionando las migajas de 400 ‚Ź para familias en la situación más precaria. Para esto dicen que no tiene dinero el Estado. Pero, Âżcómo hemos podido llegar a semejante desfachatez?.

Visibilizar las causas del empobrecimiento, necesita de gestos pequeños, pero significativos. En estas debemos estar. Algunos grupos, personas y colectivos creemos que debemos seguir defendiendo €œLa Renta Básica de las Iguales€ como instrumento político para procurar de manera efectiva el reparto de la riqueza, pues detrás del derecho a la comida está evidentemente el acceso a los bienes comunes y necesarios de las personas y sus comunidades.

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