Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Narcotráfico

Una vez más el narcotráfico a escena. Y una vez más intentando ayudar a entender y a denunciar un problema que causa dolor entre nosotros y estragos trágicos en otros lugares de la tierra. Méjico, en estos momentos, no es sino un ejemplo de terror, asesinatos y otras aberraciones, en nombre del negocio suculento, pero asesino de las drogas. Y un hipócrita culpable, EE.UU. de América. Un culpa más del Imperio.
No tiene por qué haber novedad en estas reflexiones. Tienen para mí toda la fuerza del primer día que las escribí. Porque las seguimos viendo de la misma manera. Nada ha cambiado, mientras los más interesados no quieran que cambien, o no tengan interés en ello. Para ellos no hay crisis, sólo ambición. Para ellos no hay crisis, quiero creer que en muchos casos sólo ignorancia. Para ellos no hay valores, sólo la mirada puesta en el fácil enriquecimiento. ¿Qué importan las víctimas del camino?

Podría ahorrarme todo cuanto a continuación viene, si comienzo afirmando con toda rotundidad que la actividad del narcotráfico existe en la sociedad de hoy porque es un suculento negocio.

Al ser así encaja perfectamente en el engranaje de una sociedad que fundamenta su modo de existir en el neoliberalismo socioeconómico, con cuatro pilares fundamentales: el poder del dinero que domina y que controla, el poder del dinero que da apariencia y prestigio, el poder del dinero que procura capacidad insospechada de actividad ilegal y sin rostro humano alguno, y el poder del dinero que dirige los bienes culturales según sus intereses consumistas.

Pongamos el negocio de las armas, en este mismo engranaje socioeconómico; y hagamos lo mismo con el negocio igualmente asesino de la utilización interesada de las fuentes de energía o de la alimentación, o pongámoslo con los negocios sucios e insospechados del capital financiero que tanto daño nos causa en estos momentos cuando ha destapado su careta.

¡Qué muros más imposibles de derribar!.¡Qué falta de sentido de lo humano!. ¡Es la vida sin rostro!.¡Cuánto engaño y sufrimiento programado!. ¡Es la insensibilidad de la toma del poder y del dinero como único fin!

¡Cuántas mafias sostienen con todo su poder organizativo aparentes economías “honradas”, “legales” y boyantes aún en tiempos de crisis!

Quiénes sufrimos sus consecuencias y vemos las mismas en nuestro convivir diario sabemos que es dolorosamente cierta la expresión que oímos con frecuencia: “ no es posible terminar con la droga, “no gastéis más energías”, para inhibirse del problema.

Pero, no podemos hacer oídos sordos a cuánto oímos, ni podemos cerrar los ojos ante aquello que vemos, o permanecer impasibles ante aquello que sentimos: Incultura, ajustes de cuentas, pérdida del sentido de la condición humana, deshabituación laboral y social....y esto cada día, cada año, en muchos años... y son muchos, demasiados.

Quisiera estar seguro de que deseamos seguir siendo voz de denuncia ante tanto engaño, ante tanta mentira, ante tanta ambición, ante tanto daño, ante tanta destrucción colectiva y personal, ante tanta deshumanización, en definitiva.

Ante tanta dejación policial. Ante tanta mentira de otras Instituciones del Estado como Administraciones Autonómicas o Locales, ante Jueces o Abogados, Cárceles o la propia Sociedad, ante tantas empresas privadas que continúan lavando ingentes cantidades de dinero, no debemos callar y hemos de continuar tomando la iniciativa; pese a la pasividad consentidora y cómoda de muchos de nuestros gobernantes.

Intentar seguir poniendo rostro y nombre, en la medida de lo posible, a todo ello; para que reflexionemos , para que luchemos juntos, para no colaborar con los culpables, este es el camino. Cuántas veces me lo repito, sólo quien permanece es capaz de triunfar. Con errores, sí, porque somos humanos, pero con cobardía nada de nada.

No sé si muchos salmantinos, pero sí algunos, conocemos y sospechamos (no sin fundamento), cómo ciertas inversiones se han desarrollado, en parte, con dinero blanqueado del narcotráfico en esta capital y provincia.

Negocios boyantes consecuencia de la droga, no están precisamente entre las paredes y jardines de la urbanización Buenos Aires; que al fin y al cabo, no juega más que a ser “cola de león” de tan suculento negocio,; aunque tampoco por ser menor, menos culpable del dolor que viven ciertos grupos, familias y personas, como consecuencia del narcotráfico o del consumo de coca, heroína u otras sustancias.

Buenos Aires, un barrio pequeño, con cierto sabor a pueblo, hecho para convivir con las lógicas dificultades de cualquier otro lugar, se ha convertido en un infierno de convivencia y de relaciones; en un lugar imposible para reconstruir esos mínimos del tejido social y de las relaciones humanas. Buenos Aires se está envejeciendo y dejándose vencer por la balanza de quienes lo quieren convertir en un espacio “particular”. ¡Qué pena!

Y, no existe más que una respuesta a este sentimiento; la actividad del narcotráfico nos ha robado aquello que a cualquier colectivo humano le pertenece: la libertad en nuestras vidas y actividades, y la cercanía y entendimiento en nuestras relaciones.

Debemos exigirnos con renovadas fuerzas, que se puedan normalizar las relaciones y recuperar el tejido social de una población reducida, no más allá de mil personas, que lo vemos como un derecho.

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