Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

GRACIAS, Amayuelas...

El pasado viernes tuve la suerte de compartir con agradecimiento unas horas en Amayuelas, pueblo de la provincia de Palencia. Y, estar, aunque solo sea un pequeñito tiempo, en espacios así, me obliga a mí mismo a expresar y comunicar esta reflexión.

A finales de los años 50 y durante los 60 y 70, se fue consolidando en la sociedad española una forma de hacer y de pensar que nos situó a muchas personas en espacios sociales y culturales muy distintos a los rurales donde estaba nuestro origen; espacios de pueblos pequeños, (hoy lo son mucho más), que nos habían conformado la manera de ser y de vivir.

 

 Los nuevos espacios a los que en esos años íbamos llegando, estaban dominados por la cultura y sociedad urbanas, que en muchos momentos se ha manifestado, con la connivencia de casi todos y todas, de forma tan agresiva con la cultura y manera de ser rural, que pareciera como si a este modo de ser hubiera que hacer desaparecer, para pasar página.

 

 Como consecuencia, lo urbano y fruto de esa cultura que se va imponiendo, la sociedad denominada de bienestar y consumo, aparece como el gran logro de la modernidad y del desarrollo, de tal manera que se impone por encima de lo rural y lo campesino; incluso introduciéndose como un avance, en este mismo medio.

 

No quiero renegar de aquellos momentos tal como los fuimos viviendo, asumiendo o sufriendo; pero no puedo por menos de ser consciente de que hemos colaborado durante mucho tiempo en la perversión que ha sufrido lo rural y lo campesino desde aquellos momentos; y, probablemente, desde mucho antes.

 

 La pérdida del contacto con la tierra, que se ha ido paulatinamente abandonando y despreciando en nuestros contextos socio – económicos, cuántas veces hemos oído a nuestros mayores “no vendas la tierra” porque ella misma es un valor, ha sido y es un signo evidente de ausencia de muchos valores fundamentales; o, cómo la inconsciencia con la que vivimos el uso nada ético y mercantilizado, en muchos casos, de la alimentación, nos ha hecho insensibles al despilfarro de alimentos y a la falta de acceso a ellos por parte de una parte de la población mundial; o, cómo el haber ignorado un estilo de vivir y de organizarse mucho más humano está haciendo que las generaciones jóvenes, en su mayoría, no hayan experimentado lo mejor de un colectivo humano con identidad propia.

 

En el principio de los años 90, un puñado de personas en torno a un pueblo casi abandonado, como tantos y tantos de Castilla, junto a otros  grupos del Estado; coordinados a través de la Plataforma Rural, y a nivel mundial, participando de Vía Campesina; comenzasteis, (y con intencionalidad quiero personalizarlo en quienes tan entrañablemente nos habéis acogido este pasado fin de semana en Amayuelas), a escribir y ofrecer esas páginas de un libro que hoy nos ilusionan a muchas personas, y que, aún sabiendo que queda mucho camino por recorrer, sin embargo, por vosotros estamos convencidos, (por lo menos yo sí lo estoy), de que el paso del asfalto a la tierra es imprescindible, absolutamente obligatorio, urgente y necesario en el momento y tiempo que vivimos.

 

Sin ser ingenuo ni obviar todas las dificultades con las que avanzáis vemos en vuestras experiencias y cuanto promovéis, unas posibilidades apasionantes y un espíritu de vivir especialmente provocador para quienes nos movemos en el, hoy más que nunca, duro asfalto de lo urbano y de lo “sin futuro”.

 

Gracias a todas las personas que habéis provocado en cada uno de  muchos de nosotros y nosotras admiración hasta contagiarnos con vuestros planteamientos, con vuestra manera de entender las relaciones humanas, hasta empujarnos a emprender la necesidad de recorrer un camino que lleva consigo el retorno a lo rural y a lo campesino, para poder encontrar sabores de la vida más auténtica o sabores perdidos de la alimentación más sana.

 

Cuando la realidad de exclusión en los pueblos parece que se da la vuelta para ser referencia en un gran número de personas y colectivos; desde otros espacios de exclusión y empobrecimiento, claramente con menos esperanza y posibilidades, quiero aportar dos elementos que sirvan para enriquecernos todos y todas.

 

Uno de estos elementos me parece que está en saber cómo incorporar a la experiencia comunitaria de la vida en los pueblos junto con la misma realidad en los barrios y ciudades, las Rentas Básicas, en general, y la Renta Básica de las personas Iguales, en particular; como herramienta que provoque reparto de la riqueza para una sociedad más justa, más ética y más humana.

 

Y el segundo elemento a incorporar en este momento sin vuelta atrás y con el objeto de apoyar el camino sin retorno de un sistema de vida necesariamente distinto al de los últimos 60 años; tiene que ser la actitud práctica y real de desobediencia a leyes y normas que han calado en la sociedad de manera generalizada, en un enfrentamiento de pleno con los valores que han cuidado y defendido siempre al ser humano como persona, en medio de una naturaleza amiga y colaboradora imprescindible de todas las personas.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: