Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

El palacete del Paseo de la Estación

Uno más de los espacios de vergüenza de esta ciudad salmantina es la situación que encubre este Palacete, como es igualmente la de alguno de los puentes de esta ciudad o su entorno.

O como son algunas escaleras de bloques entregados a familias en situación de precariedad hace muchos años, pero que con el abandono del seguimiento que debieran haber realizado Instituciones Públicas como Fomento o el Ayuntamiento, sin embargo, las encontramos en algún lugar del Barrio de Buenos Aires en absoluto abandono, insalubres y ocupadas por personas, sin duda alguna empobrecidas, que duermen en rellanos de las escaleras casi diariamente ante la impotencia vecinal, el consentimiento consciente de algunos vecinos más cercanos, la situación socio sanitaria en la que se ven envueltas estas personas, o  la ignorancia y la ceguera irresponsable de las Instituciones.

 

Como lo son, igualmente, tantas situaciones invisibles que se dan en familias que no tienen lo imprescindible para comer cada día; o viven la angustia y la amenaza del desahucio, o sienten que su futuro es un túnel sin salida.

 

Existen en cada uno de estos lugares y tantos otros, seres humanos, a los que como sociedad estamos obligados a acompañar o incorporar para que todos y todas, juntos y juntas, encontremos los mínimos de dignidad que nos pertenecen.

 

Por propia experiencia, sé que no es tarea fácil, antes al contrario. Es mucho el deterioro personal que han sufrido y continúan sufriendo la gran mayoría de estas personas. Existen heridas, muy difíciles de curar, entre ellos y la sociedad que formamos entre todos y todas. La desconfianza entre personas aparece como borbotón de sangre al abrir la herida. Pero tenemos la obligación de poner los medios para ir curando estas heridas.

 

Si este modelo y sistema de vida no vale, necesariamente tendremos que posibilitar otro; que también los empobrecidos y excluidos tengan un lugar en esta sociedad tiene unas exigencias; y las posibilidades y los medios deben surgir de un modelo social que lo haga posible.

 

Porque la dignidad de la vida humana no se negocia, las Instituciones como la Junta o el Ayuntamiento, en nombre de todos y todas deben posibilitar lugares de acogida, sin condición ni negociación con cada persona, y con acompañamiento a cada situación particular. Esta ciudad está necesitando este espacio público, llámese albergue o pisos o…como lo queramos llamar.

 

En este esfuerzo de acompañamiento personalizado podremos descubrir problemas de salud, o problemas psicológicos o problemas familiares, o cualquier otro tipo de situaciones; y ahí comenzaremos a dar respuestas, a orientar o a incorporar a estas personas, con los recursos y posibilidades necesarias, hacia un modelo de vida, que por otra parte, no podremos nunca dirigir o determinar.

 

Cuando hacemos este camino, es cuando descubrimos que el derecho a la salud, a la vivienda, a la educación, al empleo o a la renta básica, se hacen imprescindibles en quienes a lo largo de sus vidas se han visto privados o privadas de este derecho.

 

Mientras  esto acontece, debemos acompañar, ser cómplices con ellos y ellas de saber cómo afrontar el reto de su exclusión y empobrecimiento. No podemos escondernos ni buscar escusas de ningún tipo. Una sociedad enferma rechaza o ignora; una sociedad saludable acoge y busca salidas.

 

Las personas que habitan el Palacete deben sentir que tienen apoyo; pero estas mismas personas, deben incorporarse a la denuncia y a la respuesta que procure una salida comunitaria. Sabemos que las personas valoramos, sobre todo, cuanto somos capaces de conseguir con esfuerzo; valoramos mucho menos lo que nos dan.

 

No hay salida sin conciencia social, (de la sociedad, en general); pero tampoco hay salida sin responsabilidad personal, (de los propios empobrecidos y excluídos). Ahí, en medio, deberán aparecer los medios y recursos que la sociedad tenemos desde las Instituciones públicas o desde las privadas; (pisos, albergues, profesionales, voluntarios,...).

 

Si logramos que se pongan en juego, podremos afirmar sin duda que Salamanca es una ciudad acogedora y hospitalaria; si no es así, es mucho mejor que nos callemos, por lo menos salvaremos el miedo y la vergüenza, que ya es mucho.

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