Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

El camino largo y paciente de algunos barrios

Se les eligió en los años finales de los 70 y principios de los 80 para acoger a muchas personas y colectivos que iban a protagonizar el llamado desarrollo; pero a quienes lo organizaban y dirigían se les olvidó que estos colectivos utilizados eran seres humanos y por lo tanto tenerles en cuenta de otra manera.
Estas personas que en ciudades medias, pues las grandes ya les habían acogido en los años 50 y 60, van formando los barrios, depositaron en ellos todas sus ilusiones y esperanzas de vivir con dignidad, y en verdad que en muchos lo consiguieron luchando y trabajando por sus derechos, y hoy se sienten satisfechos del camino recorrido, del esfuerzo comunitario realizado en más de treinta años.

Pero no es menos verdad la hipocresía, la irresponsabilidad, el engaño y la insolidaridad con la que se actuó, se ha actuado y se continúa actuando por parte de los responsables públicos, generalmente. El espectáculo cultural y monumental con el que se actúa en el centro de las ciudades, en sus cascos históricos, contrasta con la dejación y el empobrecimiento de los barrios, privados en su gran mayoría de servicios públicos necesarios y de servicios comunitarios que ayuden a crear redes y tejido para la convivencia y el desarrollo.

¿Dónde están muchos de los derechos constitucionales más elementales para ciudadanos y ciudadanas de barrios como el de Buenos Aires? ¿Cómo poder utilizarlos de manera que sean herramientas básicas en un espacio donde se nos niegan tantas cosas tanto desde el interior del propio barrio como desde fuera del mismo? Las consecuencias las asumimos nosotros y nosotras, pero, ¿Quién asume la responsabilidad de lo que lleva pasando durante tanto tiempo, o de lo que puede ser en un futuro sin ninguna salida fácil?

Se han utilizado perversamente las esperanzas e ilusiones de algunas familias que con el derecho de haber accedido a una vivienda se les ha hecho partícipes de un espacio que creado para la convivencia se ha permitido un consentido deterioro, haciendo de forma irresponsable que el mercado de la droga se extienda y se pueda ejercer en un barrio de viviendas sociales, donde como consecuencia de la difícil convivencia, algunas de sus familias han tenido que vender su vivienda, o simplemente la han cerrado para trasladarse a otros lugares aún en contra de sus posibilidades y voluntad.

Nunca se habrían planteado irse del barrio algunas familias, como tampoco deseamos planteárnoslo otras de las que ahora vivimos, si Buenos Aires no se hubiera convertido con el consentimiento y el silencio de personas e Instituciones, en espacio para el negocio programado de las drogas, de la falta de empleo, de la precariedad, y sobre todo, de sus consecuencias. Es el empobrecimiento consentido de lugares y personas llevados hasta la última irresponsabilidad.

Un barrio pequeño, un negocio fruto de la necesidad del mercado, pues no olvidemos que las drogas son el segundo gran negocio económico de nuestro mundo, ha producido un deterioro evidente contra el que hemos gritado muchas personas y colectivos con gran fuerza, pero estamos convencidos de que no se nos ha querido escuchar; al contrario, sentimos muchos vecinos y vecinas que se ha jugado con nosotros y nosotras, incluso lo que es mucho más grave, se ha actuado de manera irresponsable con este barrio y con otros barrios; se continúa actuando de manera insolidaria con los colectivos y personas de aquí como de tantas otras partes.

Qué cantidad de esfuerzos ciudadanos se han ido contra el muro de la impotencia al no haber conseguido y no poder visibilizar esa otra sociedad más justa que nos vaya diciendo que los esfuerzos no han sido inútiles.

Cualquier sociedad avanza si acoge en ella los frutos y consecuencias de la justicia. Por el contrario, cualquier sociedad está retrocediendo y deteriorándose cuando la hipocresía del mercado se extiende y permanece irresponsablemente produciendo insolidaridad con los más empobrecidos.

Nunca es demasiado tarde después de un largo camino de casi treinta años. Soy la primera persona consciente de la dificultad de encontrar caminos de salida, pero tiene que haberlos. Hace falta, una vez más, voluntad real de acercarse, escuchar, entender y proponer alternativas viables, que no significa que surjan con facilidad.

Los vecinos hemos planteado todo tipo de caminos y vías de salida; continuamos proponiendo; hemos dejado mucha paciencia en esta tarea. Partidos Políticos y Administraciones de casi todas las sensibilidades han renunciado o han tenido miedo a afrontar la situación de deterioro; no han valorado debidamente ni se han situado al lado de los propios colectivos del barrio, salvo en determinadas ocasiones; han despreciado actuaciones que nos hubieran ayudado a avanzar. Sentimos que se ha obviado el fondo de la mayoría de las cuestiones.

Vivimos en tiempos donde la situación que se nos ofrece es probablemente de las mejores para buscar caminos más cortos de transformación que nos ayuden a soñar juntos una nueva sociedad y poder pelear para recuperar lo mejor de la convivencia comunitaria y de los derechos sociales que tantas veces se nos han negado.

Esta manera de pensar no puede ser fruto de un simple esfuerzo o deseo de buena voluntad, sino del compromiso responsable por visibilizar la solidaridad desde abajo. No fallaremos si definitivamente emprendemos este camino con el apoyo decidido de los poderes públicos que apuesten por salir de la desvergüenza del consentimiento y del silencio ante lo que sucede.

El barrio de Buenos Aires, como tantos otros, no está para el derribo, ni para acabar con él; pero, ¿Qué pasará si no acertamos todos juntos a afrontar, en la complejidad de sus problemas, cuanto sucede? ¿Qué pasará si no se aplican a corto plazo, políticas sociales y económicas innovadoras, pero realistas, para una población con un estilo de vivir tan complejo?

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