Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

¿Dónde está tu hermano?

Cuando los cristianos y en particular la Iglesia Católica, de la que formo parte, nos ponemos ante el evangelio, éste nos interpela y nos interroga de tal manera, que nadie somos capaces de atrevernos  a “tirar la primera piedra” contra nada ni nadie, ya que nos deja desnudos y sin palabras; demasiado débiles si nos interpelamos con la única pregunta a la que debemos dar respuesta ante muchas situaciones de pobreza y violencia en la sociedad de hoy, ¿Dónde está tu hermano?

En muchos ámbitos y con muchas personas, lleno de dolor, de preocupación, de desconcierto y de incredulidad, he comentado en estos días la ignorancia, el silencio y la indiferencia con la que vivimos en la sociedad de hoy algunas situaciones.

 

Lo he expresado porque quienes estamos más cerca de estas realidades tan duras y llenas de incredulidad, en nuestra opción deser creyentes, estamos obligados a mirarlas con los ojos del Evangelio en nombre de quien hacemos presencia liberadora dentro de la cárcel; solamente la perplejidad y la impotencia no puede ser que guíe nuestra forma de vivirlos y de actuar ante ellas.

 

Que durante el año que está terminando hayan ocurrido hechos en la cárcel de Topas como que cinco personas se hayan suicidado, o que otras dos lo hayan intentado, o que otras dos personas más hayan muerto víctimas de agresiones de otros compañeros, debe ser motivo para no permanecer indiferentes, y ante todo y sobre todo sospechar de que algo muy preocupante y doloroso está ocurriendo en las cárceles, y en la de Topas en particular.

 

Seguro que en el fondo de las causas de estos hechos tan dolorosos hay situaciones de hondo calado humano, pero sobre todo hay una pregunta para todos y todas, ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué está pasando con tu hermano?

 

Quienes miramos las cárceles desde la perspectiva más humana, estamos convencidos de tener estructuras entre nosotros de sufrimiento humano que no sirven para nada, antes al contrario, sabemos que el castigo y la actuación punitiva sin más no cura nada.

 

Pero, dicho esto, creo que tenemos la responsabilidad de invitar a toda la sociedad, a sus Instituciones a sus ciudadanos y ciudadanas, a todos sus colectivos; a abrir diálogo en la búsqueda de otras leyes, medidas y caminos

 

Pequeños granos de arena vamos poniendo de aquí y de allá, aunque somos conscientes de su insuficiencia.

 

Por esta razón no podemos poner freno a iniciativas, que vengan de donde vengan, quieren aportar luz a las causas de la violencia que este sistema socioeconómico produce generalmente con los más empobrecidos.

 

Que nos lo preguntemos todos y todas; que aportemos posibles causas y respuestas desde la diversidad, es fundamental.

 

La Iglesia y otras Instituciones debemos aportar, sin miedo, cuanto tenemos en nuestras manos; no creo que debamos continuar poniendo barreras a la búsqueda, venga de donde venga, de salidas a situaciones tan dolorosas como las que suceden en las cárceles.

 

Las personas que consideramos a veces “bien pensantes” y que nos presionan para que esto no sea así, mediatizados por tópicos e intereses nada evangélicos, son las que creo que han determinado que unas jornadas sobre “violencia, represión y control social” no se hayan podido celebrar en la Parroquia de Sta Mª de Nazaret, barrio Buenos Aires; y tengo que decir que se nos ha impuesto la decisión; pero expreso aquí mi total desacuerdo con esta decisión.

 

Escuchar y ver que hay otras personas que tienen otra mirada a la realidad que nos envuelve y que lo hacen con toda la honradez, aún a pesar de ser contrarias al sistema que nos dirige o al pensamiento y actuación que guía nuestra forma de vivir las religiones; desde el respeto a la diversidad, hoy más que nunca es necesario practicar y experimentar esta forma de hacer.

 

Mi hermano siempre es mi hermano aunque se equivoque, y tendrá derecho a estar en la misma casa. Esta es, la casa del mundo; y aún con más derecho, debe ser la casa  de la Iglesia. Ya está bien que esta casa de la Iglesia se la quieran apropiar unos cuantos. No corren vientos para continuar haciendo de esa manera.

Comentarios

Pili 16/12/2013 17:06 #3
Admiro tu valentía!! Es un ejemplo a seguir
frank 11/12/2013 19:38 #2
Esto es fraternidad y comunión, lo demás martingalas y predicar y no dar. Animo a insistir con ocasión y sin ella.-
Javier Alonso 11/12/2013 09:41 #1
Me solidarizo con tus puntos de vista sobre topo con los tres últimos párrafos de este tu artículo. Parece que eso que dice el Papa Francisco de abrir las puertas de las Iglesias es para los italianos...España, la España eclesiástica es diferente... Estaremos atentos...

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