Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Así lo cuentan, así lo viven

Puede ser una historia de tantas. Tiene nombre y rostro. Son solamente retazos de una vida que por distintas motivaciones se lanza a la 'aventura' de servir como 'mula' en el transporte de la droga.

Son sus palabras, sus sentimientos, sus equivocaciones reconocidas, su dolor, sus angustias y sus casi nulas esperanzas ante el futuro.

Deseo simplemente hacerme eco de una de tantas historias de vida fracasadas que acoge la cárcel y devuelve la misma cárcel sin solución. Así lo cuenta y así lo vive. €œLos zares de la droga utilizan a personas muy necesitadas. Le ofrecen dinero, lujos, pero a cambio de transportar droga. Al comienzo te dan el dinero. Es parte de este oficio con poco beneficio, mucha mierda que tragar, poco de honestidad y de atenerte a las duras y maduras.

Vengo de un lugar donde los colegas te traicionan y el miedo te abandona y no perdona ningún fallo; si fallas tienes que pagar lo que se perdió y no puedes retroceder, de lo contrario las consecuencias son funestas; pones en peligro a tu familia, te quitan todos tus bienes, y si no tienes, tendrás que continuar transportando droga. No puedes hablar con nadie. La corrupción es total y no tienes salida.

No me conocen y quizá se atrevan a juzgarme. Camino solo, y por ese camino sin un destino al que acudir. Pasa el tiempo y hasta la amistad se olvida. Si te vas a la cárcel tienes que callar por tu propia vida y la de tu familia. Quienes te han utilizado te abandonan, ya no eres útil y cuando sales tienes que hablar con el 'Patrón', decirle como sucedieron las cosas, sabiendo que no se perdonan a los 'soplones y chivatos'; lo pagas con tu vida, son gentes sin escrúpulos.

Yo entré en este mundo por necesidad, por darles una mejor educación a mis hijos; y ellos saben de tus necesidades; y se aprovechan siendo gente poderosa, que hasta siendo, algunos, policías y políticos, todos están en la movida. Es verdad que ellos no tocan la droga, pero blanquean el dinero en paraísos fiscales.

He visto como han desaparecido colegas. El silencio me sabe muy amargo. Me evado conscientemente, por necesidad, de recuerdos de un pasado largo. Solo quiero recuperar mi vida, andar tranquilo, sin sobresaltos.

Pero estoy solo; y aunque ya he pagado mi delito con la Justicia, ahora me toca pagar la droga por la que caí preso; primero, por mi familia, y segundo por mí mismo.

El futuro se ve incierto. Me parece ver una luz, pero muy, muy, muy lejos, ya que al salir de la cárcel las oportunidades son muy escasas, y sobre todo, cuando eres un inmigrante, indocumentado y sin permisos para poder normalizar tu vida y trabajar.

Tampoco puedes pedir el asilo político, pues no puedes demostrar con hechos, con papeles, con vídeos y grabaciones que lo que te ha sucedido es verdad, pues nadie, absolutamente nadie te cree. Todo el mundo te cierra sus puertas y te da la espalda. Son muy pocas las gentes, asociaciones, ONGs, que te brindan las oportunidades que necesitas y regular tu estatus. Eres libre, sí, pero es como si estuvieras preso al no tener papeles legales para poder trabajar y hacer una vida digna lejos de la delincuencia organizada".

Es una historia, como pueden ser muchas más, contadas con dolor, rabia y desilusión. Son historias mezcla de ambición y de búsqueda de futuro. Son historias alimentadas y dirigidas por el negocio negro y asesino de la droga, o de las pateras o de la prostitución.

Son historias atravesadas por la deshumanización de muchas personas y sus familias. Son historias exigentes para afrontar desde el reto de la solidaridad y de la justicia, en una sociedad donde aprendemos fácilmente a criminalizar o a herirnos sin miramientos, pero que sin embargo nos cuesta abrir, contemplar e indignarnos, de verdad, ante el libro abierto de sus vidas.

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