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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Alarma injustificada

En muchas ocasiones se pretende con ciertas noticias crear una inquietud, cuando menos, injustificada; probablemente la mayoría de las veces con algún otro interés al servicio del cual se actúa; sobre todo, a través de ciertos medios de comunicación.

Cuando se utiliza la inseguridad como recurso, a tiempo y a destiempo, se justifican las cárceles o se apoyan medidas de represión muy preocupantes y antidemocráticas, como es el caso de la Ley aprobada a finales de Noviembre.

 

Algún grupo ha denunciado el “pretender solucionar los problemas de inseguridad ciudadana con la sola vía de la represión policial, (yo añado que con la cárcel de manera indiscriminada), es síntoma de un gobierno débil con los poderosos y arrogante con los débiles”.

 

Creo que hay ciertas noticias que en la forma de darle más relevancia o menos en los medios estamos apoyando y creando esa conciencia de peligrosidad, inestabilidad y daño social infundado, y por lo tanto justificando medidas como las que de manera preocupante corren desde el gobierno desde hace algún tiempo.

 

Me gustaría ser capaz de poner en su globalidad alguna de estas noticias a las que me estoy refiriendo para ayudar a ver la realidad desde otro lugar.

 

Con todo tipo de titulares se destaca, en algún medio de comunicación, el no retorno a la cárcel de personas presas después de disfrutar algún permiso, y que, al parecer, ya son dieciséis, en lo que va de año.

 

Creo que sería de muchísimo más interés y responsabilidad para toda la sociedad, por ética y humanidad, y sobre todo, para los responsables del gobierno, de los partidos políticos y en especial de instituciones penitenciarias, que reflexionáramos y no permitiéramos más muertes inútiles en las cárceles. Y a estas noticias no se les suele dar la entidad y relevancia suficiente.

 

Seis suicidios en el Centro Penitenciario de Topas en el año que termina, dos muertes más por agresión, y, por lo menos, dos casos más de intento de suicidio, cargan de responsabilidad a la institución penitenciaria, en particular, a quienes estamos relacionados con la cárcel y al resto de la sociedad, en general. Esto sí que hemos de tomarlo como un escándalo vergonzante y más que preocupante.

 

Es muy poco significativo en términos cuantitativos y reales, el hecho de que ni siquiera el uno por ciento de las personas privadas de libertad y que salen de permiso, no vuelvan a la cárcel después de disfrutar dicho  permiso.

 

Sin embargo sí es significativo y cuando menos preocupante, el que quizá no lleguemos a pensar con la contundencia de los datos, que habiendo delinquido, quien no vuelve, estará siempre en la posibilidad de encontrar sentido a su persona y a su libertad; esas personas podrán continuar teniendo una oportunidad en la vida y como sociedad nos tendremos que  responsabilizar de saber acompañarlos.

 

Pero, quienes mueren por distintas causas, muchas veces difíciles de justificar, dentro del Centro Penitenciario, ya no  podrán encontrar nunca más la oportunidad para descubrir el camino de la libertad, que probablemente buscaron, pero ni ellos mismos se supieron ayudar debidamente, ni la sociedad, ni la familia, ni el resto de ciudadanos, ni en la misma cárcel, le pusimos a su alcance los medios y recursos necesarios. Se suicidan o mueren por el fracaso de todos y de todas.

 

Desde un estudio de hace dos años sobre las cárceles en el estado español, saco algunas conclusiones que pueden añadir luz a esta reflexión.

 

Frente al sentir común en la creencia de que las personas presas “entran por una puerta y salen por la otra”, apunta este estudio que somos el país europeo con la media más alta de tiempo de permanencia en los centros penitenciarios y por lo tanto de cumplimiento.

 

Frente a la creencia de que nadie cumple sus penas en totalidad, recoge el estudio que las dos terceras partes de las personas presas, no han disfrutado de ningún permiso.

 

Frente a la seguridad  con la que afirma parte de la sociedad, de que en el estado español la legislación y la justicia son muy permisivas; hay que decir que somos el primer país europeo en número de personas presas por habitante; y, por el contrario, no así en actos delictivos; de donde se concluye que tenemos un código penal muy punitivo y nada reinsertivo.

 

Estamos obligados, moralmente, a conocer, analizar, apoyar, y no tanto a señalar, con urgencia, cuanto sucede en las cárceles; así como a buscar otro tipo de medidas para solucionar nuestros conflictos.

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