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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

29 años del barrio de Buenos Aires

Este fin de semana pasado, el siete de Julio más en concreto, se han cumplido los 29 años de existencia del barrio que nos acoge a poco más de un millar de personas en el momento actual. Era tradición que haciendo memoria de aquella fecha y por lo que supuso para los primeros habitantes, se celebrasen las fiestas del barrio. Este año, la asociación de vecinos, no ha encontrado el ambiente y la disposición propicia para celebrar con todos los vecinos y vecinas este evento tan importante en una comunidad. La convivencia del día a día se nos puede poner “cuesta arriba” a casi todos, pero los seres humanos sentimos necesidad de disfrutar de la fiesta como una dimensión irrenunciable. ¡Lamentablemente no ha podido ser!
¡Cómo estará la situación en este barrio; a qué extremos hemos llegado; qué problemas estaremos viviendo, que no hemos podido organizar y disfrutar momentos de cultura y de fiesta, de encuentro y celebración, salvo dos sencillos actos, pero muy entrañables, de teatro y poesía, que nos juntó a una veintena de personas, o algunos actos y actividades infantiles para disfrutar los más pequeños!

Ya en el año 2000, la asociación vecinal suspendió las fiestas patronales, y según recuerdan las páginas de los periódicos de aquellos días, “declarando luto oficial, como consecuencia del decadente estado del barrio”. ¡Viene de lejos!

Estos mismos medios de comunicación han sido testigos a lo largo de este tiempo de los pros y contras de este barrio. De los que plantearon el barrio “con espacios libres y ajardinados que permiten el acceso a bloques impidiendo la penetración del tráfico rodado”; o cómo “aquel día de la inauguración fue una fiesta para los que tuvieron la suerte de acceder a una vivienda”; o cómo alguien del propio barrio recoge la ilusión de aquel primer momento y se veía el barrio, “como algo más que un barrio alejado de la ciudad, queríamos demostrar que desde la periferia también es posible el cambio.” ¡Penosamente, hay quien no quiere el cambio!

O de aquellos que desde el principio, y la opinión que cito es de una autoridad pública, entendió que “la corporación se decidió por esta ubicación como salida de urgencia ante la angustia de muchas familias; construido a las afueras de la ciudad, con familias procedentes de distintos lugares, sin conexión de amistad o vecindad anterior, dificultó desde el primer momento la convivencia; o una nueva promoción de muchas familias de etnia gitana, dan al barrio una singularidad especial”.

En 1986, recogía la prensa de aquellos días, en el mes de Julio, problemas habituales de un barrio modesto; jóvenes parados, agua insuficiente, doble coste total de las viviendas al anunciado… Todavía no se había iniciado en aquel entonces , a pesar de toda esta problemática, la que ahora ha supuesto y supone ser un muro que nos separa a los vecinos y vecinas, y que como en tantos barrios de otras ciudades modernas han generado empobrecimiento, criminalización e impedimento para acceder a derechos fundamentales.

Desde el mismo periodismo, hace no muchos años, alguien ha dicho que, “Salamanca no puede mirar para otro lado y ponerse una venda ante la situación de inseguridad que se vive en esta zona”. Incluso se atreve a proponer soluciones, “sólo se necesitan dos cosas: implicación de las Instituciones y respuestas, que no promesas, a las necesidades”.

Desde las ciencias sociales, Buenos Aires ha sido ejemplo, es verdad, de colaboración entre la Universidad y la sociedad “fuera de la estricta lógica del mercado”. Sus asociaciones “han desarrollado programas que no se quedan en lo reivindicativo, o no se quedan en acciones puntuales realizadas por grupos aislados, sino que tienen una visión integral de los problemas”. Y así se ha dicho y puesto en práctica. Hoy, seguimos necesitando de la Universidad; las ciencias, también, tendrán algo que decir en cómo dar salida a barrios como el nuestro.

Muchos titulares en la prensa a lo largo de estos años han sido fieles a esta mezcla de ilusiones, de fracasos, de desesperanzas, de realidades dolorosas o de reivindicaciones y propuestas vecinales. “Buenos Aires pone cerco al aislamiento”; “Buenos Aires, impotente por la indiferencia institucional”; “los vecinos muestran su malestar por la pasividad institucional con rondas nocturnas”. “Más de cincuenta coches y doscientos vecinos protestan contra los problemas de Buenos Aires”; todos ellos han generado motivo de opinión en la sociedad salmantina; donde, en general, ha podido el silencio, el desentenderse, la criminalización o el apoyo solidario con este barrio en los menos.

Alguien que se identificó totalmente con este barrio y que hoy ya no está entre nosotros, escribía, “En este barrio no sólo se consiente policialmente la venta de droga, sino que ésta se vende desde pisos ocupados ilegalmente… La venta y tráfico de droga progresivamente se legaliza en el barrio de Buenos Aires para tranquilidad del resto de la ciudad”.

Hace algunos años, un miembro de las asociaciones del barrio escribía, también, en una columna en la prensa, precisamente en tiempos de fiesta “Y me desperté. Y miré el calendario: 7 de Julio, fiesta del barrio, que este año no se celebrará… Y me asomé a mi balcón y contemplé la cruda realidad de todos los días, y los traficantes de droga de todos los días, y…”

Este maldito negocio de la droga que tanta violencia, muerte, negocio, cárcel, hipocresía y enfrentamiento genera ha formado parte ya de tres generaciones en este barrio; estamos comenzando con la cuarta; y con ellas, fracasos, familias arrastradas por la falta de referencias sociales, niños y niñas víctimas del analfabetismo y el empobrecimiento más severo. Y mientras, los responsables políticos en cada administración, viven con la despreocupación más insultante hacia estas realidades.” ¿Dónde la pondremos, sino?”.

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