Que haya personas y familias que se ven privadas o con enormes dificultades de acceder a un derecho humano tan fundamental como la alimentación, considero que es absolutamente inadmisible. Y estas situaciones son lamentablemente ciertas entre nosotros y nosotras, con rostros concretos y miradas de dolor que parten el alma a todo buen nacido. Hemos visto durante muchos años esta dificultad de acceso a la comida diaria como en lugares lejanos; y hoy es una realidad en personas y familias vecinas.
Este fin de semana pasado han estado en Salamanca la parte más decisiva y culpable de cuántas decisiones se van tomando y van produciendo el dolor más duro e incomprensible en personas y familias de la sociedad española de unos años a esta parte.
Otro fracaso de esta sociedad
Así se pronunciaba hace días el director adjunto de investigación estratégica de Unicef a
través del informe desde el que esta organización evalúa el bienestar de los menores en 29
países desarrollados; y que apunta que “el 20% de los niños españoles viven en situación de
pobreza”.
Las palabras y los primeros gestos del Papa Francisco han calado de manera significativa en el ser y sentir de muchos cristianos católicos, así como de otros muchos hombres y mujeres de buena voluntad.
Uno más de los espacios de vergüenza de esta ciudad salmantina es la situación que encubre este Palacete, como es igualmente la de alguno de los puentes de esta ciudad o su entorno.
Sensaciones de dolor, de impotencia, de indignación y de reafirmación en lo que tantas veces llevamos planteando, son las que se mezclan cada día en muchas de las personas que vivimos en el barrio de Buenos Aires.
Por ahí debe empezar el reto fundamental de quienes un día hemos sido bautizados y estamos dispuestos a confesar que seguir a Jesús, y solo a Jesús, merece la pena.
Cuando día a día vivimos y compartimos, como es mi caso, con personas víctimas de este modelo de sociedad; cuando tocamos y miramos, en distintos momentos, las situaciones más oscuras que sufren muchas de estas personas y colectivos sociales; pero, por otro lado, compartimos el mismo espacio, igualmente, con una sociedad de opulencia controlada por unos pocos y, además, constatando el aumento imparable de la riqueza, con una brecha cada vez mayor con la pobreza de los empobrecidos y la precariedad de los excluidos; no se puede por menos de afirmar que algo grave está ocurriendo, y sobre todo, después de demasiados años, algo se viene abajo sin remedio en contra de las previsiones que un día tras otro nos hacen llegar, como mensaje engañoso y perverso, por parte de quienes protagonizan que esta sociedad solo funciona de esta manera y no de otra u otras, y que solamente ellos tienen la solución, sin querer ser conscientes de sus fracasos.
Muchos de los colectivos sociales y asociaciones; muchas ongs y entidades vecinales, están viviendo momentos difíciles.